Desarrollo del bebé

¿Por qué no recordamos nada de cuando éramos bebés?

Si nos paramos a pensar por un momento qué recordamos de cuándo éramos bebés, o incluso cuando teníamos apenas unos pocos años, posiblemente no nos acordemos de nada. ¿Por qué ocurre? ¿Qué misterio entraña el cerebro del bebé, aún en desarrollo?

Si nos detenemos por un momento y nos paramos a pensar en lo que recordamos originalmente de cuándo éramos niños, posiblemente los primeros recuerdos que nos vengan a la cabeza sea de algún episodio o hecho puntual que nos pudo causar alguna impresión, pero a partir de los 7-8 años de edad. La mayoría de nosotros no tenemos ningún tipo de recuerdo de los primeros 3 a 4 años de nuestras vidas, y mucho menos de cuando éramos bebés. 

Es más, cuando tratamos de recordar esos primeros recuerdos, en la mayoría de las ocasiones no tendemos a tener del todo claro si son reales o únicamente recuerdos basados en historias que nos contaron nuestros padres, tíos o hermanos, o en fotografías.

Lo cierto es que la Ciencia tiene un nombre para definir este extraño estado: amnesia infantil, acuñada originalmente por el padre de la psicoterapia, Sigmund Freud, hace más de 100 años. Y es que se trata un misterio que viene desconcertando a científicos y psicólogos desde hace más de un siglo. Y, al menos por el momento, todavía no se entiende completamente por qué no somos capaces de recordar absolutamente nada de nuestros primeros años de vida.

En un primer momento, podríamos sospechar que la razón principal por la que, quizá, no recordamos haber sido bebés, es por el hecho de que tanto los bebés como los niños pequeños no cuentan con una memoria completa y totalmente desarrollada. Sin embargo, sí se sabe que los bebés de apenas 6 meses de edad son capaces de formar recuerdos a corto plazo, aunque estos no suelen durar más allá de unos pocos minutos, y algunos recuerdos a largo plazo, que pueden durar semanas o meses, como mucho.

No ocurre lo mismo con los niños / as en edad preescolar, quienes sí pueden recordar eventos ocurridos años atrás. Eso sí, en estos casos los expertos no se ponen de acuerdo: es ciertamente discutible si esos recuerdos a largo plazo, a una edad tan temprana, son verdaderamente autobiográficos, lo que significa que consisten en eventos que, para el niño, fueron personalmente relevantes, y que ocurrieron en un lugar y en un momento específicos. Evidentemente, las capacidades de memoria en estas edades no son como las de un adulto, dado que se encuentran en continua maduración, hasta alcanzar la adolescencia.

¿Cuáles son las causas por las que podríamos no recordar nada de cuando éramos bebés y niños pequeños?

Los científicos coinciden en señalar que, posiblemente, una de las causas de que prácticamente nadie tenga recuerdos de la denominada como primera infancia podría ser por el hecho de que, en esa etapa de la vida, nuestros cerebros todavía no funcionan de una forma que sea capaz de agrupar la información en los patrones neuronales -complejos- que conocemos como recuerdos

Pero esto no significa que los niños pequeños no retengan nada. Al contrario, es evidente que los niños pequeños tienden a recordar hechos en el momento: por ejemplo, recuerdan quiénes son sus padres o familiares más cercanos, podrían recordar cómo se llama su tutora de la guardería o su amigo favorito, o que tienen que decir “gracias” después de que la mamá o el papá les dé algo que pide. Es lo que se conoce como “memoria semántica”.

No obstante, hasta algún momento situado entre los 2 y 4 años de edad, los niños carecen de lo que se denomina como “memoria episódica”, que es la memoria directamente relacionada con los detalles de un evento específico. Estos recuerdos se almacenan en varias zonas de la corteza o la superficie del cerebro. Por ejemplo, la memoria visual es procesada por la corteza visual, situada en la parte posterior, y la memoria del sonido se procesa en las cortezas auditivas, a los lados del cerebro. Mientras que el hipocampo actúa uniendo todas las piezas dispersas. 

Teniendo esto en cuenta, los expertos sospechan que los niños generalmente no registran episodios específicos hasta edad porque es cuando el hipocampo empieza a unir fragmentos de información. Y podría ser por una razón evidente: dado que el niño pequeño está únicamente aprendiendo cómo funciona el mundo, y desenvolviéndose en él, la memoria episódica podría ser innecesariamente compleja en esos momentos. De hecho, se cree que el objetivo fundamental de los primeros dos años es adquirir conocimiento semántico, puesto que la memoria episódica, al menos en esta etapa, podría acabar convirtiéndose en una mera distracción.

La importancia del desarrollo del lenguaje

Por otro lado, otro factor que suele jugar también cierto papel es el lenguaje. Entre las edades comprendidas entre 1 a 6 años, los niños progresan poco a poco desde hablar con una o dos palabras a desarrollar un lenguaje más fluido. 

Se producen cambios importantes en su capacidad verbal que tienden a superponerse con el período de amnesia infantil. Así, la capacidad de un niño para verbalizar sobre un determinado evento en el instante en que ocurrió predeciría qué tan bien lo recuerdan meses o años más tarde.

Podemos mencionar, por ejemplo, un trabajo llevado a cabo por un grupo de laboratorio que consistió en entrevistar a niños pequeños que acudieron con sus padres a urgencias por lesiones comunes y propias de la infancia. 

Los niños mayores de 26 meses, que eran capaces de verbalizar en ese momento acerca de lo que les había sucedido, pudieron recordarlo hasta cinco años después. No ocurrió lo mismo con los niños menores de 26 meses, que no podían hablar del tema, puesto que no recordaban nada, o más bien poco.

Curiosamente, a pesar de que no nos acordemos de lo que nos ocurrió en los primeros años de vida, son esos eventos tan poderosos los que darán forma a los adultos en los que nos convertiremos.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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