Ser Padres

Qué hacer cuando tu hijo se hace una brecha

Repasamos el protocolo de actuación ante un golpe con herida abierta para que sepas cómo reaccionar si te ves en algún momento en esta desafortunada tesitura.

Autor: Rubén García
Hay situaciones ante las que uno no sabe cómo debe actuar hasta que le pasan. Entonces es cuando se promete a sí mismo informarse del protocolo recomendado de actuación. Seguramente, lo ideal sería hacerlo antes de que pasen, de forma preventiva, pero más vale tarde que nunca. Sobre todo con el caso de las heridas profundas  y las brechas, que están a la orden del día en la infancia -y que además pueden pasar a cualquier adulto también-.
Para aprender cómo se debe reaccionar si tu hijo se hace una brecha, como para cualquier otra situación que se pueda englobar dentro de los primeros auxilios, hay un documento de referencia que todos deberíamos tener descargado en el ordenador y en el smartphone. Hablamos de la Guía de primeros auxilios para padres del Hospital Universitario Niño Jesús.
El completísimo texto está firmado por el doctor Juan Casado Flores y la doctora Raquel Jiménez García, y es imprescindible para saber, de una manera sencilla, como podemos ayudar a nuestros hijos ante una emergencia médica.
Las brechas son una de las situaciones descritas en la guía del Niño Jesús. Los doctores que la firman establecen ocho pasos sencillos para atender una herida profunda de este tipo.

Paso a paso

Ya de entrada, el primer paso se nos olvida a muchos por las prisas y la tensión del momento: lavarnos las manos con agua y jabón. Es fundamental hacerlo -o bien con una toallita higiénica si no disponéis de agua a mano-. Si no se puede asegurar la higiene de las manos hay que intentar en todo momento evitar que esta entre en contacto tanto con la herida como con los materiales que se van a usar para tratar la brecha.
El segundo paso es limpiar bien la herida, de la que estará brotando bastante sangre, aunque esto depende de la profundidad y longitud de la misma y la zona en la que se haya producido. Si podéis, limpiadla con agua a chorro, tal y como aconseja la guía del Niño Jesús.
A continuación hay que detener la hemorragia. Para ello hay ejercer “presión directa sobre la herida con gasas o un paño limpio”, explica el documento de referencia para este texto.
“Si la herida no deja de sangrar, o el apósito está empapado, no retirarlo, añadir más gasas encima y presionar con fuerza”, añade al respecto, otro detalle en el que solemos equivocarnos los que no somos expertos en la materia porque solemos cambiar el usado por el limpio. Ya sabes que esto no se debe hacer.
Mientras taponas la herida, lo que sí es recomendable es elevar la parte lesionada para que la hemorragia se ralentice, y es fundamental según los doctores Casado y Jiménez, “no extraer objetos clavados, si los hubiera”.
Por último, una vez la hemorragia se ha detenido, hay que valorar si es necesario acudir al médico o no. En caso de que no deje de sangrar, si es muy larga o muy profunda, “o si sus bordes están muy separados”, indica la Guía de primeros auxilios para padres, se debe acudir al centro médico. “También si después aparecen signos de infección (enrojecimiento, calor o hinchazón alrededor de la herida, pus, supuración o fiebre)”, añade.
En cambio, si ha dejado de sangrar y se aprecia que es superficial, con una tirita cicatrizará sin necesidad de puntos de sutura o de aproximación-. Pero, por el contrario, no se debe tapar si la superficie de la herida está muy deteriorada. En este caso, si tienes experiencia, puedes colocar tú mismo puntos de aproximación, que son tiras adhesivas que ayudan a cicatrizar a la piel sin que sea necesario coserla. 
Eso sí, no es fácil de hacer para que sea efectivo, así que si no tienes formación previa, es mejor acudir al médico para que valora si es lo que necesita la brecha para curar. De hecho, ante cualquier duda sobre el aspecto de la herida, lo mejor es acudir al médico.
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