Ser Padres

Qué hacer si a mi hijo le da miedo bañarse en la piscina

Te explicamos por qué puede ocurrir y te proporcionamos cinco consejos de fácil aplicación que son fundamentales para ayudar al niño a recuperar sensaciones positivos dentro del agua.

Autor: Rubén García
El pánico al agua en los niños, también llamado hidrofobia infantil, es un fenómeno muy curioso y particular porque no se da en los más pequeños. Es habitual ver a bebés encantados en las piscinas, buceando incluso sin mayor problema, y al lado, niños más mayores que se muestran muy tensos e incómodos.
Los médicos explican que al nacer con una especie de seguro antiahogo -es una deformidad en la glotis-, ese que nos permite desarrollarnos en líquido amniótico que impide que el líquido llegue a los pulmones, los bebés no desarrollan tanto el miedo al agua. Sí pueden, lógicamente, rechazarla una vez probada por otras cuestiones; por ejemplo, porque en su anterior experiencia el agua estaba demasiado fría.
En cambio, a medida que los peques crecen, la glotis toma su posición de por vida y es cuando el seguro desaparece. Además, esto coincide con la mayor conciencia de los niños, que ya han comprobado por sí mismos que el agua no es nuestro medio natural y también han escuchado a menudo comentarios alrededor sobre los peligros que esta conlleva. Sobre esto último, de hecho, conviene no confundir conceptos: no es lo mismo concienciar al niño sobre los riesgos del medio acuático que meterle el miedo en la cabeza.
Estas circunstancias, a las que también se pueden unir alguna mala experiencia previa como una caída o simplemente un trago de agua cuando no tocaba, puede provocar la aparición del miedo adaptativo al agua para garantizar la supervivencia.

Qué medidas se pueden tomar

Si tu hijo o hija sufre miedo al agua por alguna de las circunstancias descritas anteriormente, se pueden tomar una serie de medidas para ayudarle a revertir la situación. Desgraciadamente, no es una fórmula matemática ni mágica que asegure el resultado deseado, pero sí aumentan las probabilidades de que el peque, con el tiempo, poco a poco, consiga liberarse del miedo al agua que sufre.
  1. Adaptación progresiva: según la academia de natación infantil Penguins, “nunca hay que presionar al niño con meterse en el agua ni obligarlo a meter la cabeza debajo del agua porque esto solo causará más rechazo y ansiedad”. Para que el niño retome la confianza perdida (o la encuentre en caso de que nunca la haya tenido) en sí mismo en el medio acuático, es fundamental que se acerque a él a su ritmo, poco a poco.
  2. Seguridad: es fundamental aportarle seguridad para que dé los primeros pasos en su proceso de reaprendizaje. Estos son los más difíciles hasta perder el miedo el agua. Bañaros con él, tenerle en brazos lo que sea necesario; en definitiva, acompañadle durante todo el proceso de la forma en la que el niño os lo demande. Mucha paciencia.
  3. Ayuda con material: aunque el crío sepa nadar, si ha perdido seguridad en sí mismo dentro del agua y no hay forma de que entre en el agua, podéis ofrecerle ayuda con churros o tablas de natación, por ejemplo. No pasa nada si se dan pequeños hacia atrás para intentar coger de nuevo carrerilla. Al fin y al cabo, este tipo de elementos le aportan seguridad, que es justo lo que necesita para perder el miedo adquirido.
  4. El agua como juego: este consejo es otro de los que ofrece el equipo de Penguins. “A través del juego se puede conseguir que los niños pierdan el miedo al agua y que, en vez de percibirla como un elemento peligroso y desconocido, la consideren como un medio muy divertido”, explican. Tirad de imaginación: juegos de pelota, de tirarse, de buscar cosas por la superficie del agua… Cualquier elemento de distracción es bueno para que el niño encuentre sensaciones agradables dentro del agua.
  5. Atención al contexto: este consejo es una especie de saco en el que caben todos los elementos medioambientales y sociales, que tienen una importancia mayor de lo que parece para que un crío pierda el miedo al agua. No es el lugar adecuado para intentar que se suelte una piscina donde le cubra completamente o una playa donde el agua está “movida”, por ejemplo. Tampoco espacios acuáticos con mucha gente o en los que estén también sus amigos o compañeros en caso de que estos se manejen muy bien en el agua -las comparaciones dañan su autoestima-. Es difícil, pero es necesario ponérselo al niño lo más fácil posible y este tipo de situaciones no ayudan.
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