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El exdirector de un colegio explica en Twitter por qué se despidieron del fútbol en el recreo

Pablo de Santiago ha contado en redes sociales cómo consiguieron que la hora del recreo fuera divertida para todos sus alumnos fomentando otros juegos y deportes

La inquietud se respira en las aulas durante los minutos previos al recreo. La atención a las palabras del profesor se ha disipado hace un rato, los cuadernos se van cerrando, más de un alumno ya ha sacado la merienda de la mochila, otro el balón, los de la fila del fondo hasta se han puesto los abrigos. Suena el tan esperado timbre. Cientos de niños salen en tropel por los pasillos y corren directos al patio para disfrutar de un rato de diversión con sus compañeros de clase. 
Sin embargo, en muchos colegios, solo unos pocos pueden jugar a lo que más les gusta. No hay espacio para el pilla-pilla, ni tampoco para el escondite, es imposible saltar a la comba o simplemente pasear. El fútbol ocupa todo el espacio disponible y, como si se tratara de una especie de dictadura, o te unes o quedas relegado a los bordes del patio. Porque si pretendes cruzar el campo en mitad del partido, disponte a recibir un balonazo o a tener una discusión con el jugador al que estás interrumpiendo la jugada.
Pablo de Santiago, el exdirector del centro en el que tenía lugar esta situación, la misma que actualmente se sigue dando en incontables colegios, ha explicado en un hilo de Twitter cómo consiguieron solucionar esta problemática que afectaba de forma negativa a tantos alumnos. La incógnita fue fácil de resolver: el fútbol tenía que desaparecer. 
“Cuando observábamos lo que ocurría en el recreo, veías perfectamente a un grupo grande por los bordes del campo y unos 8-12 chavales ocupando todo el campo de juego”, señala el tuitero. Además, las riñas surgidas durante el juego llegaban a las aulas en forma de alumnos enfadados y disparidades que necesitaban ayuda de los profesores para llegar a buen puerto. “Siempre, y cuando digo siempre es todos los recreos, ese pequeño grupo de alumnos volvía al aula a gritos y empujones. Después de los recreos se solía invertir unos 25 minutos en fomento de la lectura... raro era el día en que no hubiera que estar resolviendo los problemas del grupo de futboleros del recreo. Veíamos que con aquellos que jugaban al brilé, como también se conoce el juego del balón prisionero, nunca había problema. En todo el curso no se dio ni un conflicto, mientras que en fútbol era diario”, destaca el exdirector.

La solución: sustituir el fútbol por otros juegos

A grandes males, grandes remedios. El centro se decidió a intervenir. “Empezamos a establecer turnos de juego: fútbol solo dos días a la semana y tal o cual grupo. Pero nada, seguían los problemas. Insultos, agresiones, desprecios... Unos tonos nada apropiados para chavales tan pequeños. Vimos que los días que no había fútbol y que se podía usar todo el campo para otras cosas, como peonzas, cuerda, gomas, mariolas, paracaídas, juegos de puntería con saquitos de arroz… no hubo nunca problemas. No era cuestión de niños contra niñas, puesto que alguna jugaba al fútbol, la problemática era la ocupación del espacio”, explica Pablo de Santiago. Al percatarse de que esta medida era insuficiente, hubo que atajar el problema directamente y hablar con los alumnos: “Les dijimos que aproximadamente el 5% del alumnado que jugaba a fútbol estaba ocupando algo más del 50% del espacio de una forma central, mientras mandaban al resto a los bordes del patio. Ese 5% protestó, se indignó. Sin embargo, dejamos hablar al resto y fue muy esclarecedor. Había algunos que no jugaban a nada porque querían correr, pero si pasaban por el medio de la zona de fútbol recibían balonazos, atropellos e insultos cuando interrumpían el juego. Estamos hablando de un 95% de alumnado que no podía jugar a otros juegos, ya fueran baloncesto, la comba, la goma, el brilé, correr a pillar... o simplemente correr siendo coches, naves espaciales, o lo que fuera. O fútbol, o no tendrías espacio para nada más
El problema aquí no es el fútbol en sí. El problema es cuando cualquier actividad practicada por pocos roba espacio a una mayoría. Hay gente que quiso ver problemáticas niños-niñas, o inquina con el fútbol. No, a esta conclusión habríamos llegado con cualquier actividad”, puntualiza. Sin duda, la intervención fue todo un éxito, aunque como señala el tuitero “siempre quedan los tres de siempre, con comportamiento disruptivo, que se lo tomaron como un castigo, pero porque no querían verlo de otra manera”. Los niños cambiaron su forma de relacionarse, el número de conflictos disminuyó de manera drástica y desde que el fútbol quedó relegado a una actividad extraescolar todos disfrutaban de la hora del recreo. “La mayoría de familias, incluso las que tienen hijos en fútbol, nos felicitaron, especialmente porque el relato diario de conflictos en el colegio por culpa del fútbol también se cortó en casa. Creo que lo importante fue dar alternativas y hacerles ver que hay más cosas aparte de este deporte”, explica el exdirector. “Cuando dejé la dirección y me fui del colegio ni se echaba de menos el tema”, sentencia con rotundidad.

Periodista especializada en cultura y nuevas tendencias. Siempre he querido contar aquellas historias que cambiarán el mundo, y quienes sin duda definirán el mañana serán los niños de hoy.

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