Ser Padres

¿Perjudica la falta de contacto social nuestra salud emocional?

La salud emocional, esa realidad humana que no entra dentro de los intereses políticos, e incluso sanitarios, está en estos momentos cogiendo protagonismo ante la presión que la pandemia está ejerciendo en todos nosotros. ¿Perjudica la falta de contacto social nuestra salud emocional?

Autor: Jaime Picatoste
El miedo, la ansiedad, el duelo, la desesperación y la incertidumbre, son ejemplos de emociones negativas que están coloreando el paisaje de la vida social en estos tiempos de pandemia.
Pero, ¿qué es la salud emocional? Lejos de poder ser únicamente emociones positivas, agradables y que nos lleven a la felicidad de manera fácil y cómoda, la salud emocional es también la asimilación, asunción y resignificación de las emociones incómodas y negativas que nos toca vivir.
Para poder procesar y asimilar estas emociones que nos desequilibran, nos desbordan y nos afligen, “el ser humano necesita al ser humano”. Y como se plantea en el título de este artículo, las restricciones a las que nos vemos sometidos no facilitan esta tesis.
Todavía es pronto para dar conclusiones certeras, y concretar los efectos a largo plazo que dejará la pandemia en la psicología social e individual. Más que nada, porque estamos aún transitando por este lugar tan extraño y cargado de incertidumbre para todos.
Pero las encuestas* nos dan indicios de que hay un gran porcentaje de la población que se siente más ansiosa, más irritable, más agobiada, más intranquila, etc.; con lo que podemos concluir que esta nueva realidad pandémica impacta de lleno en nuestras vidas emocionales. ¿Tendrá que ver todo esto con las restricciones sociales?
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Dada la incertidumbre de las consecuencias psicológicas que dejará a largo plazo, los psicólogos nos vemos ante la tarea tan complicada de acompañar y acompañarnos en este reto histórico. Pero no hay consejos concretos, ni respuestas válidas para todos. Por ello, lejos de intentar el objetivo de enumerar tics que ayuden a la salud emocional, hoy expondré en este artículo una radiografía genérica sobre la naturaleza humana y su necesaria vida en sociedad, lo cual me redirigirá a la familia como institución social, para darle la importancia que requiere.

“El ser humano necesita al ser humano”

Es esta una afirmación quizá obvia, pero que a la psicología y otras ciencias sociales le han ocupado gran parte de su historia de investigación. En mi experiencia, junto al paradigma sistémico y humanista, aparece el vínculo como centro de la realidad humana. El vínculo es como el útero que acoge, nutre y permite el desarrollo, en este caso desarrollo personal. El vínculo permite la construcción de la realidad individual y a su vez es el asidero para reposar las dificultades que van surgiendo en nuestras vidas. El ser humano necesita “viajar al vínculo”, a los vínculos que ha construido a lo largo de su vida y parecen ser importantes en ella.
Es al compartir, al contrastar nuestra realidad con la de otros, al comprobar que lo que nos ocurre en nuestra vida interior es compresible y tiene espacio en la mente del otro, cuando nos descubrimos diferentes y diferenciados. Por ello, el las relaciones íntimas son tan importantes para la sociedad, pues en ellas recae la responsabilidad de crear cultura, civilización, política y educación.
¿Qué ocurre con aquellas personas que siguen en ERTE, con menos dinero del que solían tener? ¿O aquellas que ven como sus negocios cada día están más cerca de la quiebra? ¿O aquellas personas que no han podido despedirse de sus familiares? ¿O los adolescentes que no tienen la posibilidad de tener los momentos suficientes de comunión con sus iguales? ¿Qué ocurre con los universitarios que acaban de comenzar y no pueden conocer a sus compañeros ni lanzarse a su nueva vida?
Todo ello, y multitud de realidades que se ven complicadas con la situación de pandemia necesitan viajar a sus vínculos cercanos para poder sostener y digerir todo ello. Pero las restricciones y la distancia social que necesitamos para salvar vidas no facilita satisfacer esa necesidad humana. En muchos casos, todo ello recae sobre una misma institución que ya de por sí está debilitada: la familia.

La familia como institución social

Nos toca, a cada hogar, asumir un reto complicado que traerá seguramente consecuencias psicológicas a nuestra sociedad. ¿Qué debemos hacer?
La familia supone los vínculos primarios, el grupo de pertenencia por antonomasia. Con cada nuevo miembro que surge, la familia aporta cuidados, seguridad e identidad (tanto individual como familiar). Los vínculos familiares concederán al niño en crecimiento las habilidades que la familia tiene para gestionar, regular y redirigir su mundo emocional. Las familias son el verdadero útero afectivo que sostiene la vida, pero ahora más que nunca y sin posibilidad de buscar más allá del entorno del hogar.
Asumir tal reto, pondrá en tela de juicio el respeto, los cuidados y la importancia que hemos dado como sociedad a la institución que supone la familia. Quizá debamos reconocer que los espacios en familia se han visto afectados desde antes de la pandemia, y con una realidad como la que vivimos ahora, muchas familias se pueden ver superadas. El espacio familiar se ha visto afectado por el ritmo de trabajo que tenemos los adultos, la tan buscada autorrealización laboral, las nuevas tecnologías y su efecto ansiolítico sobre los niños, la falta de tolerancia a la frustración y a la paciencia. Lo inmediato ya no es una realidad accesible para todos.
Toca hacer ejercicio de conciencia, repasar nuestros espacios de comunicación y diálogo en casa, asumir los lastres que arrastrábamos ya antes de la pandemia, y valorar si estamos preparados como hogar y familia para satisfacer la necesidad humana de vincularnos para poder sobrevivir emocionalmente. Si todo ello encuentra dificultades, quizá sea bueno acudir a un profesional que pueda acompañar en el dar luz a las dificultades, y que los vínculos familiares se fortalezcan, ya que de ello se alimenta el alma, nuestra esencia o como queramos llamarlo.

Como conclusión

Los vínculos, lejos de debilitar nuestra autonomía, la fortalecen. Son espacios de reposo, descanso y placer. Solo debemos saber viajar al vínculo de la mejor manera posible. Un viaje donde la comunicación, la sinceridad, la empatía, la mirada de aceptación, la realidad que nos aporta la mirada de un otro, la paciencia y la comprensión de que cada uno es diferente al resto; son todos ellos elementos importantes y necesarios para que lleguemos al lugar adecuado en ese viaje.
La pandemia nos está exigiendo ser más ecológicos y respetuosos con la importancia de construir espacios comunes, donde compartir y generar encuentros reales.
La pandemia quizá trae a largo plazo una consecuencia: tener que darnos cuenta de que hemos despreciado la importancia de crear comunidad, cuidar los espacios comunes, invertir nuestro tiempo en compartir y que otros compartan. Y así cuidarnos del individualismo que cada día está más presente, y que irrumpe en la naturaleza de nuestro ecosistema relacional.
Artículo ofrecido por Jaime Picatoste, Psicoterapeuta Infantojuvenil y de Familia de Psicólogos Pozuelo.
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