Dolor infantil

Dolor infantil, un problema en alza que hay que tratar

El número de niños y adolescentes que experimentan dolor está aumentando. Se trata de un problema real cuyo abordaje requiere, en ocasiones, de la intervención de varios especialistas.

El dolor es un experiencia subjetiva, no todos los sentimos de la misma forma ni con la misma intensidad. En la edad adulta, podemos explicarle al doctor dónde nos duele y cómo experimentamos esa molestia que nos limita. Sin embargo, en los bebés, niños pequeños y con discapacidad intelectual resulta más complicado hacerlo, ya que no tienen desarrollado el lenguaje para poder expresar con palabras lo que sienten

¿Cómo saber si a un niño le duele algo?

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Fuente: iStock

Como explica el doctor Francisco Reinoso-Barbero, del Servicio de Anestesiología y Reanimación Infantil del Hospital Universitario La Paz de Madrid, “para medir el dolor infantil existen una serie de escalas conductuales”. En ellas se observa, por ejemplo, si el llanto del pequeño es consolable o inconsolable; si se encuentra tranquilo o inquieto; o si su respiración es rítmica o muy irregular. “El dolor es una experiencia subjetiva que se transmite casi siempre en una modificación de la conducta. Lo que hemos aprendido en los últimos años es a utilizar estos cambios en el niño como un indicativo del dolor, de que algo le está pasando”, señala el experto.

Cuando los médicos sospechan que el pequeño siente dolor y su comportamiento es diferente —en muchas ocasiones la familia es un pilar fundamental para detectar estos cambios —,  se le pauta un fármaco. “Si al administrarle un analgésico desaparecen esas conductas, significará que ya no siente dolor”, apunta el doctor.  

El dolor en los bebés lactantes

En los recién nacidos, uno de los dolores más comunes es el provocado por los llamados cólicos del lactante. Unas molestias que hacen que el bebé se encuentre incomodísimo y no pare de llorar; que no duerma y que tampoco lo hagan sus padres. A día de hoy, no se sabe exactamente por qué se producen estas molestias y no existe tratamiento alguno para evitarlo o frenarlo, tan solo algunas recomendaciones que podrían atenuarlos. 

  • Pasear al bebé en brazos. 
  • Intentar que expulse los gases tras las tomas. 
  • Frotarle suavemente la espalda. 
  • Ponerle música clásica o relajante. 
  • Darle un paseo en coche. 

Identificar dolor en niños y adolescentes

En los últimos años ha aumentado considerablemente el número de jóvenes y niños con dolor crónico, es decir, aquel que no se tiene en un momento puntual sino que permanece en el tiempo. Jordi Miró, director de la Cátedra de Dolor Infantil URV - Fundación Grünenthal adelanta datos de una nueva investigación que apunta a que el 46 % de los niños y adolescentes tiene algún tipo de dolencia recurrente.

“Destacan los adolescentes con dolor de cabeza, que les afecta hasta tal punto que no pueden ir al colegio, y de niños y jóvenes con dolor abdominal, que muchas veces no se llega a conocer su causa pero que les limita mucho. Otro tipo de patología consiste en el dolor de un miembro, que suele asociarse con un traumatismo que ha tenido (por ejemplo, jugando al fútbol) pero que otras veces no tiene causa específica y les incomoda con cierta frecuencia a lo largo de los meses”, explica el doctor Reinoso-Barbero, que advierte cómo este tipo de molestias no se tratan tanto como se debería pero están ahí. “La carga emocional que ha supuesto para muchos niños y adolescentes la pandemia les ha provocado un dolor que a veces se subestima”.  

¿Quién trata el dolor?

Los médicos de las distintas especialidades (Oncología, Pediatría, Traumatología…) tratan el dolor de sus pacientes a diario y este suele resolverse sin dificultad. Pero, cuando esto no ocurre, las llamadas Unidades del Dolor Infantil juegan un papel fundamental. Como indica el doctor Jordi Miró, de la Universitat Rovira i Virgili. De Tarragona, “el dolor es de todos pero de nadie y debe ser de los especialistas del dolor”. En la misma línea se muestra el doctor Reinoso-Barbero cuando apunta que “tal y como está organizado el sistema sanitario español, los pediatras no hacen rehabilitación, los rehabilitadores no hacen técnicas de bloqueo regional, los psicólogos no dan tratamiento médico y los psiquiatras no saben pautar tratamientos analgésicos potentes. Este abordaje solo se consigue en las Unidades del Dolor, en las que se aúnan tres tipos de tratamiento”

Las unidades de dolor son realmente eficaces porque incluyen tres patas fundamentales: tratamiento médico, el médico hace un bloqueo del dolor con un analgésico potente; apoyo psicológico, que se da conjuntamente con el farmacológico; y tratamiento rehabilitador o físico, para que el paciente pueda moverse mientras recibe el tratamiento y así evitar su atrofia y disfunción. Cualquiera de estas tres medidas por separado es mucho menos efectiva que las tres terapias a la vez. Existe evidencia científica que confirma que el abordaje multidisciplinar del dolor mejora no solo este sino la capacidad funcional del paciente.  

Las unidades del dolor

Cuando el tratamiento analgésico estandarizado y protocolizado, controlado con escalas del dolor, no funciona adecuadamente o es insuficiente, se acude a la Unidad del Dolor, que pone una técnica especializada para el tratamiento de este.

Es decir, algo mucho más invasivo y agresivo porque el dolor también lo es. Afortunadamente, son los menos casos. Por ejemplo, en el Hospital Infantil La Paz se operan cada año a 5.000 niños, todos llevan analgesia y a todos se les controla el dolor. Sin embargo, menos de 1 de cada 10, (400 niños al año) son atendidos por dolor agudo posoperatorio, es decir, porque sienten dolor tras la intervención y se les trata en la Unidad del Dolor. El resto, los otros 4.500, tienen bien controlado su dolor sin necesidad de que la Unidad del Dolor actúe directamente. 

La relación entre sedentarismo y dolor

La cantidad de horas que los niños y adolescentes pasan frente a las pantallas les está pasando factura a su salud. “Está comprobado y es llamativo cómo en los países occidentales, donde hay mucho sedentarismo, los niños no solo tienen más tendencia a la obesidad, también a dolores de espalda, extremidades, de cabeza, a nivel abdominal… La obesidad es un predictor positivo de todo tipo de dolor crónico en la edad escolar y adolescente. Entramos en un círculo vicioso: como son obesos, no hacen deporte y, como no se mueven, juegan más a la Play. Esto provoca que les duela la cabeza, que permanezcan en una postura inadecuada y les duela la espalda, que sus rodillas se resientan por la falta de ejercicio… Está perfectamente comprobado y estudiado” advierte el especialista de La Paz. 

Calmar, siempre

Cuándo no es posible curar, la principal preocupación de los padres es que su hijo no sufra. Para ello, “la Unidad de Dolor Infantil participa en esos cuidados paliativos que permitirán al pequeño pasar sus últimos días en un entorno lo más amigable posible, junto a sus familiares, sin dolor, con mínimos efectos secundarios de la medicación y del modo más humano y digno posible”, señala el doctor.  

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