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Qué son las plaquetas, funciones y para qué sirven

Esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo, las plaquetas o trombocitos son fundamentales para prevenir el sangrado cuando se forma una herida, ya que forman coágulos de sangre para ayudar a sanarla.

Las plaquetas, también conocidas bajo el nombre de trombocitos, son unas células que encontramos en la sangre, y responsables de la coagulación sanguínea. De esta forma, si la pared de un vaso sanguíneo se saña, las plaquetas se dirigen rápidamente al lugar del cuerpo donde se ha producido la lesión, formando una especie de “tapón” o coágulo con el fin de detener el sangrado. Por tanto, son unas células esenciales para nuestra salud, y sobre todo, para el buen funcionamiento de nuestro organismo.
Tener muchas plaquetas en la sangre puede ser negativo, al igual que tener poca cantidad. Así, si el recuento de plaquetas se encuentra por debajo de lo normal (una afección conocida médicamente bajo el nombre de trombocitopenia), el riesgo de hemorragia prolongada o no controlada aumenta. Mientras que, si la cantidad de plaquetas es superior al normal (una afección llamada trombocitosis), puede provocar la formación de coágulos sanguíneos anormales, pudiendo ser graves o incluso potencialmente mortales.

¿Qué son las plaquetas?

Las plaquetas o trombocitos son unas células sanguíneas que encontramos en la sangre, las cuales son las principales responsables de la coagulación sanguínea. Son uno de los tres tipos de células sanguíneas (además de los glóbulos blancos y los glóbulos rojos), que se origen en la médula ósea a partir de unas células bautizadas con el nombre de megacariocitos.
Los megacariocitos son células de gran tamaño que se rompen en distintos fragmentos para formar plaquetas. Estos fragmentos celulares no tienen núcleo, pero sí contienen unas estructuras llamadas gránulos, que tienen una serie de proteínas necesarias para producir la coagulación de la sangre, y sellar las roturas de los vasos sanguíneos.
Un único megacariocito es capaz de producir de 1000 a 3000 plaquetas, las cuales, una vez se forman, comienzan a circular en el torrente sanguíneo durante alrededor de 9 a 10 días.
Así, cuando se dañan o envejecen, el bazo (el cual no solo filtra la sangre de las células viejas, sino que también almacena plaquetas, glóbulos rojos y glóbulos blancos funcionales) los elimina de la circulación sanguínea.
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Funciones de las plaquetas

Es decir, al igual que los glóbulos blancos o los glóbulos rojos, las plaquetas se producen a partir de células madre presentes en la médula ósea. ¿Y por qué se denominan así? Fundamentalmente porque las plaquetas inactivadas tienen un parecido similar a las placas en miniatura cuando son observadas con un microscopio.
La sangre de una persona sana, en promedio, tiene aproximadamente un 45% de glóbulos rojos, un 55% de plasta y alrededor de un 1% de glóbulos blancos. Las plaquetas son un porcentaje tan pequeño del volumen sanguíneo que únicamente contamos cuántas existen en un microlitro de sangre.

¿Cuáles son sus principales funciones, qué hacen y para qué sirven las plaquetas?

El principal papel de las plaquetas es obstruir los vasos sanguíneos lesionados o rotos, para evitar la pérdida de sangre. En condiciones normales, las plaquetas se mueven en un estado inactivo a través de los vasos sanguíneos. No obstante, cuando se produce una rotura en un vaso sanguíneo (herida), las plaquetas que se encuentran inactivas se activan por la presencia de determinadas moléculas en la sangre, las cuales son secretadas por las células endoteliales de los vasos sanguíneos.
Una vez activadas, las plaquetas son capaces de cambiar su forma y volverse más redondas, con proyecciones largas en forma de dedos que se extienden desde la célula, pegajosas y se adhieren entre sí y a las distintas superficies de los vasos sanguíneos con el fin de tapar o taponar cualquier rotura presente en el vaso sanguíneo.
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Para qué sirven las plaquetas

Las plaquetas activadas liberan una serie de sustancias químicas que hacen que una proteína de la sangre, conocida con el nombre de fibrinógeno, se convierta en fibrina (responsable de la costra que se produce en el sitio de la herida). De esta forma, a medida que las moléculas de fibrina se combinan entre sí, forman una malla fibrosa pegajosa y larga que atrapa las plaquetas, los glóbulos blancos y los glóbulos rojos.
Además, también son capaces de liberar señales útiles para que una mayor cantidad de plaquetas acudan al sitio dañado, contraer los vasos sanguíneos y activar diferentes factores de coagulación extras en el plasma sanguíneo.
El proceso por el cual las plaquetas forman un coágulo se llama adhesión. Por ejemplo, si accidentalmente se produce una herida en uno de nuestros dedos, y un vaso sanguíneo se rompe, empezará a sangrar. Con el objetivo de que el sangrado se detenga, las plaquetas presentes en el interior de ese vaso sanguíneo roto se adherirá al lugar donde se ha producido la lesión, enviando una serie de señales químicas para que acudan más.
Así, una mayor cantidad de plaquetas responden a esa llamada, y empiezan a conectarse entre sí para formar un complemento, mediante un proceso llamado agregación. Una vez que se forma el coágulo o “tapón” en la pared de los vasos sanguíneos, se activa la coagulación, que luego agregará fibrina al coágulo, para unirlo.
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