Ser Padres

¿Son las botas de agua buenas para los pies de los niños?

No son el calzado más cómodo que existe pero tienen una utilidad concreta muy interesante para los días de lluvia o juegos en el exterior donde el agua esté presente.

Botas de agua es el término más extendido para identificar ese tipo de calzado plano de suela estriada que llega generalmente por debajo de la rodilla, tapando el gemelo y buena parte de la espinilla, y cuyo objetivo es mantener a los pies aislados del agua. También se conocen como katiuskas, botas de goma o de lluvia, entre otros términos. En la edad adulta, las usamos poco más allá de días puntuales o como parte de algún uniforme profesional; en cambio, son un básico en el zapatero infantil.
Dado que se venden con asiduidad y se ven a menudo en los pies de los niños y las niñas más pequeños, no parece que existan muchas dudas sobre su utilidad ni tampoco acerca de si son recomendables o no para pies tan pequeños. Pero esto no quiere decir que no haya padres que no se pregunten esto último.
A ellos les decimos en esta pieza que si hablamos de confort y sujeción del pie, este tipo de botas no son las recomendables, pero también es cierto que tienen una utilidad puntual que si las convierte en un recurso a tener en cuenta. No solo cuando llueve, sino también cuando los peques van a jugar en el exterior en espacios donde pueden encontrar agua. Por ejemplo, un parque con una fuente. Eso sí, es esencial que cumplan una serie de requisitos mínimos:
  • El material: el material siempre afecta en la calidad, resultado y confort de un calzado. Las de agua, como uno de sus nombres indica, suelen ser de una goma aislante, impermeable, que no absorbe el agua. Pero esta tiene que ser también flexible para no entorpecer más de la cuenta los movimientos del niño o niña que calce las botas.
  • La suela: es raro que no lo sea, pero siempre hay que fijarse en que tenga dibujo; esto es, que sea estriada. Que así sea ayuda a evitar resbalones inoportunos, muy habituales cuando se utiliza este tipo de calzado relacionado directamente con el agua y la lluvia. Debe tener, por lo tanto, buena adherencia y ser antideslizante en la medida de lo posible.
  • Talla: poco hay que decir al respecto que no sea insistir en lo que todos los podólogos inciden cuando tienen ocasión: hay que comprar el calzado de la talla adecuada para el niño. No se puede pensar en el futuro, en el “par que le dure mucho tiempo”, solo en el presente. Y si le queda justo porque roza, toca cambiarlo por un par que sí le valga.
  • Altura adecuada: lo ideal en un día de mucha lluvia es llevar botas muy altas, pero esto en los niños dificulta mucho su movilidad. Por eso las botas de agua infantiles no son excesivamente altas. Por este motivo hay que asegurarse de que se ajustan bien a la ropa, ya que de no ser así el agua de la lluvia se colara dentro y dejará de tener efecto el material exterior impermeable. Hay modelos de este tipo de calzado que, para evitar esto, tienen un cordón ajustable que reduce al máximo el espacio entre la bota y el pantalón. Sobre con mallas o leggings, es un recurso muy práctico.
  • Cómo llevarlas: no solo es importante elegir bien el modelo, sino también cómo llevarlas. Y esto pasa, sobre todo, por el uso de un calcetín acorde con este tipo de calzado. Nunca se deben poner sin este complemento porque el caucho  no deja pasar bien el aire y al rozar con la piel, el niño tendrá rozaduras con toda seguridad. Pero además es fundamental que el calcetín sea más alto que la bota por el mismo motivo. 
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