No quiere ir a clase

¡No quiere ir al cole! ¿Está malo o se lo hace?

Mi hijo se encuentra fatal, o eso es lo que dice. ¿Hay que hacerle caso?

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A Eva le encanta ir al cole y compartir pupitre con Marta, su mejor amiga. Pero una mañana dijo que le dolía la tripa y no quería ir a clase. El pediatra la exploró y dictaminó que no tenía nada. Al día siguiente, la historia se repitió, y su madre, sospechando que la niña tenía un problema, le preguntó por su amiga Marta. Eva se echó a llorar y le contó que habían reñido. La madre fue a hablar con su profesora, y esta reunió a las dos niñas al día siguiente. En cuanto hicieron las paces, el dolor de tripa desapareció como por arte de magia.

El caso de Eva es un ejemplo de lo que les pasa a menudo a los niños. Cuando no son capaces de expresar su malestar psicológico, es el cuerpo el que habla por ellos: puede ser un dolor de tripa o de cabeza, vómitos, fatiga... El malestar es real, pero la causa no es una dolencia física, sino una preocupación o un miedo. A veces estos síntomas se prolongan y afectan a la salud del niño; es lo que los médicos llaman somatizaciones o enfermedades psicosomáticas.

Así expresan sus preocupaciones

Todos sabemos lo que es tener un nudo en el estómago ante una situación de angustia, o el dolor de cabeza que se nos pone a veces por el estrés. Sin embargo, nos cuesta reconocer que nuestros hijos puedan estar pasando momentos difíciles desde el punto de vista emocional, y que eso les haga sentirse mal.

A los mayores nos resulta más fácil expresarnos, podemos decir: "Estoy harto de mi jefe" o "Me cuesta llegar a fin de mes". Pero los niños no tienen esta capacidad tan desarrollada y, de vez en cuando, expresan sus preocupaciones por otras vías.

La visita al pediatra es imprescindible

Siempre hay que descartar que exista una enfermedad, y para eso hay que ir al médico. Si el pediatra no encuentra motivos que justifiquen los síntomas, habremos de esforzarnos por entender qué le pasa a nuestro hijo. ¿No quiere ir al colegio? ¿Por qué? ¿Tiene un examen? ¿Debe entregar un trabajo que no ha terminado? ¿Hay alguna asignatura que le desagrada? ¿Cómo se lleva con su grupo de amigos? ¿Con quién juega en los recreos?

¡Claro que no tenemos que esperar a que haya síntomas para conocer cómo pasa nuestro hijo el día en la escuela! De lo contrario, podría interpretar que le hacemos más caso cuando está enfermo, y con ello estaríamos favoreciendo que se haga el enfermo. No, se trata de conocer su realidad cada día, permitiéndole que nos cuente lo que le preocupa y lo que le agobia. Tiene que sentirse igual de querido cuando las cosas van bien que cuando parece que todo le sale regular tirando a mal.

Hay que buscar el motivo

En el origen de un dolor de tripa o cabeza puede haber otras razones: un nivel de exigencia demasiado elevado y el miedo a defraudar las expectativas de los padres, o que presencia discusiones de papá y mamá y teme que se separen... Algunos niños pueden pensar que su presunta enfermedad logra que sus padres se pongan de acuerdo, lo que favorece que los síntomas continúen.

Que no haya una enfermedad tras su dolor de cabeza o de tripa no significa que no le pase nada. Incluso si parece que tiene mucho cuento debemos buscar el motivo de su rechazo a la escuela sin enfadarnos con él.

Empeñarse en que no tiene nada o que nos toma el pelo puede ser contraproducente: el niño se va a sentir peor y esto puede agravar los síntomas y dificultar el tratamiento. Lo correcto es reconocer desde el inicio el malestar del niño y explicarle que puede deberse, en parte, a problemas psicológicos. El sentido común de los padres, además de los consejos del pediatra, ayudará a que se restablezca. Sólo en casos contados, cuando el dolor de tripa o cabeza dure más de la cuenta o se repita con excesiva frecuencia, será necesario acudir al psiquiatra infantil.

Lo que hay que hacer

  • No centrar la atención en el síntoma.
  • Hacerle caso, pero evitar que se sienta recompensado por estar enfermo.
  • Dialogar a menudo con él, preguntarle por lo que le preocupa y animarle a expresar lo que siente.
  • Si hay problemas en casa, explicárselos de forma adecuada a su edad.
  • Hablar con sus profesores regularmente.
  • Ser comprensivos y pacientes. Tener en cuenta que los síntomas pueden tardar en desaparecer.

Etiquetas: 7 años, colegio, miedo infantil, niños, psicología infantil

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