Lactancia materna

Síndrome de ovarios poliquísticos y lactancia materna

Los ovarios poliquísticos, al igual que pueden causar infertilidad en la mujer (por lo que es necesario un tratamiento de fertilidad a la hora de aumentar las posibilidades de embarazo), también podrían influir negativamente en la lactancia materna. Te explicamos todo lo que necesitas saber al respecto.

Cada mes, desde la pubertad hasta la llegada de la menopausia, el cuerpo de la mujer tiende a pasar por una serie de cambios que persiguen un objetivo básico: prepararlo para la posibilidad de que surja un embarazo. Es lo que se conoce popularmente como ciclo menstrual

Durante cada ciclo menstrual, se desarrolla un óvulo, el cual es posteriormente liberado por los ovarios. Por otro lado, el revestimiento del útero se acumula con la finalidad de prepararse para una posible concepción. Sin embargo, si no se produce el embarazo, el revestimiento del útero acaba desprendiéndose durante lo que se conoce como el período menstrual. Así, una vez el período termina, el ciclo menstrual vuelve a conocer de nuevo.

Como conoceremos de forma detallada, el ciclo menstrual tiende a dividirse en un total de cuatro fases diferentes: fase menstrual, fase folicular, fase de ovulación y fase lútea. Eso sí, la duración de cada fase puede ser ligeramente diferente de una mujer a otra; además, es habitual que pueda llegar a cambiar a lo largo del tiempo, por lo que incluso en una misma mujer no tiene por qué ser siempre igual.

Sin embargo, cuando una mujer tiene síndrome de ovarios poliquísticos es muy probable que sus períodos no sean regulares, motivo por el cual suele ser muy común que, aunque pueden quedar embarazadas, se hace necesaria la aplicación de un tratamiento de fertilidad. Pero, ¿el SOP puede igualmente afectar a la lactancia materna?

Entendiendo el ciclo menstrual

La conocida como fase menstrual se caracteriza por ser la primera etapa del ciclo menstrual. De hecho, ocurre también cuando la mujer tiene el período menstrual, de ahí su nombre.

Es una fase que empieza cuando el óvulo del ciclo menstrual anterior no fue fecundado. Dado que el embarazo no ha ocurrido, los niveles de estrógeno y progesterona, dos hormonas fundamentales en el proceso, tienden a disminuir poco a poco.

De esta manera, el revestimiento uterino (que, recordemos, se encuentra engrosado con la finalidad de sostener el embarazo), simplemente deja de ser necesario, motivo por el cual empieza a expulsar sangre a través de la vagina. Así, durante el período la mujer libera una combinación de sangre, tejido y moco, provenientes del útero.

Durante la fase menstrual, también conocido como período menstrual, es común que surjan algunos síntomas típicos, como por ejemplo es el caso de los calambres abdominales y uterinos, hinchazón abdominal, dolor lumbar, sensación de tener un mayor cansancio, malestar en los senos, cambios de humor, irritabilidad y dolores de cabeza.

Por lo general, lo más habitual es que la duración de la fase o período menstrual sea de entre 3 a 7 días. Sin embargo, debemos tener en cuenta algo imprescindible: mientras que algunas mujeres pueden tener períodos más cortos, otras pueden tenerlos más largos.

La denominada como fase folicular tiende a empezar el primer día del período menstrual, por lo que casi podríamos decir que existe cierta superposición entre una fase y otra (esto es, entre la fase menstrual y la propia fase folicular en sí misma), y finaliza justo en el momento en el que se ovula.

Esta fase empieza cuando el hipotálamo envía a la glándula pituitaria una señal con la finalidad de que libere la hormona estimulante del folículo (FSH), la cual actúa estimulando los ovarios para que produzcan pequeños sacos, llamados folículos (aproximadamente entre 5 a 20). A su vez, cada uno de estos folículos contienen un óvulo todavía inmaduro.

Finalmente, solo el huevo más sano será el que madurará. Eso sí, el resto de los folículos que no han madurado son absorbidos por el cuerpo.

Siguiendo con la fase, el folículo en constante maduración origina un aumento del estrógeno, la cual empieza a espesar el revestimiento uterino, lo que genera la formación de un entorno y un ambiente rico en nutrientes, con la finalidad de que crezca y se desarrolle un embrión en caso de que se produzca la fertilización del óvulo en cuestión. 

Respecto a la duración media de esta fase, lo más común es que dure alrededor de entre 15 a 16 días, aunque puede variar entre 11 a 27 días en total, lo que dependerá del ciclo de la mujer.

Durante la fase folicular, como hemos visto, es común que se produzca un aumento del nivel de estrógeno, lo que hace que, a su vez, la glándula pituitaria libere la conocida como hormona luteinizante (LH), lo que inicia el proceso de la ovulación.

Ovarios poliquísticos y leche materna
Foto: Istock

La ovulación ocurre cuando el ovario libera un óvulo maduro. A su vez, este óvulo viaja a lo largo de la trompa de Falopio hasta llegar al útero, con la finalidad de ser fertilizado o fecundado por el esperma.

Si buscas quedarte embarazada, recuerda que la fase de ovulación se convierte en el único momento del ciclo menstrual en el que es posible el embarazo. ¿Y cómo saber si se está o no ovulando? Existen algunos síntomas que pueden ayudar a averiguarlo, aunque debemos tener en consideración que no siempre puede saberse al cien por cien. Por ejemplo, es habitual notar un ligero aumento de la temperatura corporal basal. O, bien, es común que exista una secreción vaginal más espesa, con una textura similar a la clara de huevo.

La ovulación ocurre alrededor del día 14, siempre y cuando el ciclo sea de 28 días, lo que significa que sucede habitualmente en la mitad del ciclo menstrual. Por lo general, la fase de ovulación dura en torno a 24 horas. Por lo que, después del día, el óvulo no fecundado morirá, o acabará disolviéndose.

Después de que el folículo haya liberado el óvulo, acaba transformándose en el cuerpo lúteo. Esta estructura se encarga de liberar hormonas, principalmente progesterona, aunque también algo de estrógeno. Este aumento hormonal mantiene el revestimiento uterino engrosado y perfectamente listo para que el óvulo fecundado pueda implantarse.

Así, si se ha conseguido el embarazo, el cuerpo comenzará a producir gonadotropina coriónica humana (hCG), la hormona comúnmente detectada por las típicas pruebas de embarazo casera para confirmar o no la existencia de un embarazo. Es esencial porque ayuda a mantener el cuerpo lúteo y engrosado el revestimiento uterino.

No obstante, en caso de que no se produzca el embarazo, el cuerpo lúteo se encoge y se reabsorbe, lo que conduce a unos niveles disminuidos de progesterona y estrógeno, ocasionando la aparición del período menstrual. Como ya hemos visto al comienzo, después de esta etapa el revestimiento uterino acabará por desprenderse durante la fase menstrual.

¿El síndrome de ovarios poliquísticos puede afectar a la lactancia?

Mientras que algunas mujeres con síndrome de ovarios poliquísticos pueden no tener problemas con la lactancia materna, otras sí pueden presentar algunas incidencias relacionadas con el suministro de leche.

Los expertos creen que el bajo suministro de leche, en estos casos, podría estar relacionado con niveles disminuidos de progesterona tanto durante la pubertad como durante el embarazo, algo bastante habitual en las mujeres con SOP.

La progesterona es una hormona esencial para el crecimiento y el desarrollo adecuado de los senos, la cual es producida por el folículo del óvulo vacío después de que haya ocurrido la ovulación.

Como ya te hemos mencionado en distintos momentos, una mujer con síndrome de ovario poluquístico puede tener problemas con la ovulación, la cual puede ocurrir con poca frecuencia, o incluso nunca, lo que origina la existencia de niveles bajos de progesterona.

Pero los andrógenos, también pueden tener bastante relación. Estas hormonas suelen presentarse en cantidades elevadas en el síndrome de ovarios poliquísticos, pudiendo interferir e incluso unirse a los receptores de prolactina, que es la hormona principal tanto de la lactancia como de la producción en sí de leche.

Debido a ello, se reduce la cantidad producida de leche, mientras que la insulina también podría interrumpir el suministro de leche.

¿Es posible mejorar la producción de leche cuando se tiene síndrome de ovarios poliquísticos?

En la mayoría de los casos, tal y como coinciden en señalar mayoría de los expertos, el suministro de leche podría mejorar, siempre y cuando se lleven a cabo algunas modificaciones.

A la hora de mantener un suministro adecuado de leche, es esencial beber suficientes líquidos y consumir suficientes calorías, mientras que algunos galactogogos a base de hierbas podrían ser de utilidad, al igual que algunos medicamentos recetados.

También se ha encontrado que la estimulación adicional puede ser igualmente de bastante ayuda, lo que supone amamantar frecuentemente o extraerse leche materna después de haber amamantado. Ambas opciones serían esenciales para mantener un suministro más adecuado de leche.

Christian Pérez

Christian Pérez

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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