Ser Padres

Mi hijo solo juega a destrozarlo todo, ¿por qué?

Salvo excepciones concretas en las que el comportamiento está relacionado con el estrés o una experiencia previa negativa,el niño solamente quiere explorar y comprender el mundo que le rodea, pero mientras eso sucede, los papás se desesperan.

Autor: Rubén García
¿Tú hijo es de los que parece disfrutar tirando todo por los aires como si fuera el lanzador de un equipo de béisbol? No es el único, ni será el último, aunque sabemos por experiencia que esto no es consuelo porque no sabes qué hacer para que “entre en razón” y deje de hacerlo.
Para afrontar una situación así, lo fundamental es entender por qué ocurre. Lo que el pequeño está haciendo es experimentar. Puede que tengas un hijo mayor que nunca le diera por destruir cosas más allá de comprobar cómo funciona la ley de la gravedad durante una etapa concreta siendo bebé, pero que no tenga ejemplo el pequeño no quiere decir que no lo vaya a hacer. Al ser parte de su “ aprendizaje”, puede desarrollar el hábito de tirar las cosas por sí mismo.
Esto suele ocurrir alrededor de los dos años. Podría deberse a un comportamiento relacionado con el estrés o alguna experiencia negativa reciente, pero en la gran mayoría de los casos es, como decíamos, parte de su aprendizaje.
Por lo tanto, entra dentro de lo normal que lo haga. Y es importante, así lo recomiendan los expertos, entender que su intención no es que se rompan las cosas que tira, sino que busca explorar sensaciones y comprender cómo funciona aquello que le rodea.

Cómo actuar

Pero que no tenga una intención destructiva por mucho que así es su comportamiento no quiere decir que haya que dejarlo. Que sea normal no implica que la pasividad sea la solución. Es más, fórmula matemáticamente para que cambie de idea no existe, pero si se le deja hacer, irá a peor seguramente su comportamiento.
Por este motivo, es importante armarse de paciencia y explicar con calma, de forma pausada y detenida, al niño que lo que está haciendo no está bien por este motivo y por aquel otro. La narrativa es la estrategia más eficaz a largo plazo.
Ojo, a largo plazo. Esto hay que tatuárselo en la piel para muchos aspectos de la paternidad relacionados con la educación y el aprendizaje de los niños. Los castigos, la agresividad y la comunicación autoritaria, en sentido vertical, pueden ser muy efectivas a corto plazo, en el instante en el que tiene lugar, pero no es la forma adecuada ni recomendada por los psicólogos infantiles y educadores para que un niño tan pequeño aprenda que una conducta no es la adecuada.  

Marcar los límites

Mucho más recomendables que los castigos son las alternativas. Se les deben ofrecer para que entiendan cómo pueden cambiar su conducta. y es que tan importante es explicarles que lo que han hecho no está bien y por qué, como darles situaciones que les permitan entender que otra forma de hacer las cosas es posible.
Al mismo tiempo es importante tener en cuenta el tono del mensaje. Este debe ser firme, porque es la única forma de que el crío entienda que algo no está bien en lo que ha hecho. Pero es importante no equivocar conceptos: firmeza no es lo mismo que agresividad o exceso de autoridad. Además, el contenido del mensaje debe ser constructivo pero también ha de introducir límites al comportamiento del niño, que debe entender y asimilar, aunque sea poco a poco, que la conducta de tirar por los aires todo lo que pilla no es apropiada.
La primera vez es posible que le da risa, también la segunda. Puede incluso que la tercera, la cuarta y la quinta también le hagan gracia, pero si le muestras que solo la tiene para él con un mensaje firme en clave positiva, es mucho más probable que acabe entiendo lo que le estás queriendo inculcar.
Es probable también que el niño reaccione forma negativa, incluso que se enrabiete, pero es necesario afrontar el “problema” en el momento con el niño porque es así y no más tarde, cuando ya no se acuerde de lo que ha hecho, cuando será más eficaz la estrategia descrita previamente.
Eso sí, nadie garantiza que no tengas que repetirla 100 veces antes de que el niño cambie de actitud y deje de romperlo todo, de modo que te damos dos consejos a modo de conclusión. Uno de ellos es la reiteración del primero que te dimos antes: guarda muchos víveres de paciencia en la despensa porque te harán falta en esos momentos donde la paciencia se desborde. El otro es un tip práctico: no dejes a mano nada que no te gustaría que se rompiera. Suena duro, ya sabemos que puede desmotivar, pero es un consejo muy efectivo, de verdad. No te vamos a mentir, no es tarea sencilla la que tienes por delante. Pero, ¿acaso alguna lo es en la educación de un hijo?
tracking