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Luz azul, ¿qué es y en qué es perjudicial para adultos y niños?

El consenso científico es amplio sobre los riesgos que conlleva para la vista y para el descanso el exceso de exposición a pantallas electrónicas encendidas, que además se agrava en el caso de los niños menores de cuatro años de edad.

Autor: Rubén García
Cuando los expertos insisten tanto en que no dejemos a nuestros hijos que lo último que hagan en el día sea ver la televisión o pasar unos minutos con la tablet, el ordenador o el móvil, no es por capricho. Es porque la luz que emiten estos dispositivos se ha demostrado científicamente que afecta a la calidad del sueño. Pero, ¿qué es exactamente la luz azul y por qué es tan perjudicial?
La luz azul no solo la emiten los dispositivos electrónicos, sino que también fuentes naturales como el sol lo hacen. Se trata de una parte de la luz visible, que es la región del espectro electromagnético que el ojo humano puede percibir. La diferencia de la luz azul emitida por fuentes artificiales es que “contiene un porcentaje mucho mayor de luz azul que otras fuentes naturales”, explican desde Óptica Europa.
Por este motivo, la luz azul que se desaconseja consumir o que se recomienda limitar tanto a niños como a los adultos es esta última, la que emana de fuentes artificiales como los dispositivos tecnológicos. El riesgo principal es que puede afectar de forma grave a la calidad del sueño, tal y como advierten desde Óptica ICO: “La luz azul interfiere con el ciclo natural de sueño, llamado ritmo circadiano, al suprimir la producción de melatonina, la hormona que ayuda a que el cuerpo y el cerebro se relajen”. Este es el motivo por el cual no es nada recomendable su consumo antes de la hora de dormir, ya que provoca el efecto contrario a actividades relajantes como la lectura (en papel), por ejemplo.

Consecuencias de una sobreexposición

En el caso de los niños, las consecuencias en la vista de la luz azul pueden ser más graves, sobre todo si el tiempo que se pasan delante de las pantallas electrónicas encendidas es amplio. Y es que, tal y como se apunta en el estudio Ultraviolet A, Blue Light and Children, firmado por Elaine Kitchel, los ojos en proceso de maduración  aún no han desarrollado los pigmentos protectores que ayudan a filtrar la luz azul dañina. “La zona más importante de la retina, que es la mácula, no termina de desarrollarse hasta los 48 meses de vida. Los datos que tenemos es que los niños pueden pasar entre siete y ocho horas al día delante de aparatos electrónicos, y el ojo humano no está preparado para asumir tanta cantidad de luz al día. Reducir ese tiempo de exposición es fundamental”, añade Celia Sánchez-Ramos, Doctora y Profesora del Departamento Optometría y Visión de la Facultad de Óptica y Optomegría de la Universidad Complutense de Madrid, y una de las responsables de dos estudios dela UCM que demuestran la incidencia negativa de la luz azul.
En dichas investigaciones, presentadas ante el Colegio de Médicos de Madrid hace casi un lustro, se explica que en la exposición prolongada a la luz azul puede derivar en problemas de visión importantes (también en los adultos), como es el caso de la denominada “ceguera central”, que es una patología irreversible que afecta a la vista.

Consejos de prevención

Por lo tanto, no es un hábito que únicamente pueda suponer que el niño (o el adulto) duerma peor y, por ende, tenga problemas derivados de la falta de sueño profundo en lo que respecta al comportamiento, el peso corporal o el rendimiento académico, sino que hay consecuencias de mayor gravedad. Es por ello que tanto la propia Celia Sánchez-Ramos como el resto de expertos en luz azul y oftalmología, recomiendan tomar algunas medidas sencillas de prevención al respecto.
Entre ellas, además de recomendar la limitación del número de horas que pasamos delante de las pantallas, aconseja mantener la intensidad de la luz en los dispositivos a nivel medio bajo, y también mantener la mayor distancia posible con respecto a las pantallas encendidas porque cuanto más lejos se miren, menos afecta la luz azul.
Y no te olvides -esto es cosecha propia- que a la hora de computar horas que el niño pasa delante de las pantallas también cuenta las que dedica a ello en el colegio, donde ya es habitual el aprendizaje en tablets, ordenadores y pizarras electrónicas.
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