Psicología infantil

Cómo ayudar a los niños a lidiar con la decepción

Aunque siempre tendamos a evitar que el niño se sienta frustrado, triste o mal, lo cierto es que lejos de impedirlo, es fundamental enseñarles a lidiar con aquellas situaciones que le pueden originar o causar decepción, ya que aprenderán a enfrentarse mejor a otros momentos cuando sean adolescentes o adultos.

La decepción consiste básicamente en el resultado de expectativas que no han sido satisfechas. Y, a menudo, suele acompañarse de tristeza, frustración, enojo y / o abstinencia. No hay duda que la vida está llena de pequeñas y grandes decepciones. A medida que vamos cumpliendo años, lo más habitual es saber afrontarlas y seguir adelante. 

Sin embargo, para un niño, puede no ser tan sencillo conseguirlo. Ya sea que se trate de un divertido juego al aire libre que se arruina por la lluvia, porque no queda más helado de chocolate, porque no es invitado a una fiesta de cumpleaños o porque no puede nadar en su piscina favorita porque ha comenzado a hacer mal tiempo. Aunque nos gustaría evitar que nuestros hijos se decepcionen, no podemos hacerlo. Y, en realidad, eso es algo bueno.

Y es que cuando los niños aprenden a una edad temprana que cuentan con las herramientas necesarias para superar una situación decepcionante, podrían confiar en ello a lo largo de la infancia, e incluso como adultos. Es más, si evitamos que sientan la decepción en carne propia, protegiéndolos de forma consciente, estaremos evitando que desarrollen algunas habilidades importantes.

Los niños empiezan a mostrar elementos relacionados con la imaginación a partir del primer año de edad. Mientras que, a los dos o tres años, ya evocan pensamientos relacionados con lo que podría suceder (o incluso con lo que verdaderamente nunca podría ocurrir). Debido a ello, desarrollan una serie de expectativas tempranas sobre la desilusión, comenzando a desarrollar diferentes mecanismos de afrontamiento de los que dependerán a lo largo de toda su vida.

Esto significa que, si no enseñamos a un niño a manejar la desilusión de manera apropiada, podríamos encontrarnos posteriormente con un adolescente o un adulto “reacio a la desilusión”. Como consecuencia, suelen rendirse con muchísima facilidad o simplemente dejan de intentarlo, lo que acaba reforzando la sensación de fracaso y, llegado el momento, hace que se sientan incompetentes.

Sin ayuda y aliento para aprender a superar sus propias emociones, pueden terminar cayendo en una espiral hacia la autocompasión y la depresión, sin querer asumir ningún tipo de riesgo debido al temor a que se produzca una mayor decepción.

Sea como fuere, uno de los enfoques más efectivos como padres y madres a la hora de manejar la desilusión y la decepción de nuestros hijos, es adaptar nuestras propias tácticas a la forma en que el pequeño reacciona ante ellas. ¿Quizá un problema menor y sin importancia genera grandes berrinches? ¿Se enfurruña fácilmente por la decepción? Dependiendo de la actitud, deberemos actuar en consecuencia.

Cuando el niño se enfada y enfurruña por la decepción

Aunque todo depende de la edad que tenga en niño, es muy difícil evitar que se enfurruñe o se enoje con demasiada facilidad. Pero no se trata de un berrinche completo, sino simplemente de un pequeño enfado. Es decir, se encontraría a medio camino. Cuando esto ocurre, puedes seguir algunos de los pasos que te proponemos a continuación:

  • Proporciónale una opción cuando suceda lo inesperado. Los niños de entre 4 a 7 años suelen sentir que tienen menos control sobre su vida cuando algo no les sale del todo bien. Sin embargo, darle la oportunidad de tomar una decisión puede convertirse en algo enriquecedor, y puede, además, cambiar fácilmente la situación. Por ejemplo, si el pequeño desea ir a la juguetería a comprar un juegue, pero no es posible, podríamos preguntarle con qué juguete le gustaría jugar. O, bien, preguntarte si le gustaría visitar la juguetera al día siguiente.
  • Encuentra formas de que el pequeño pueda ayudar a otros. Incluso a una edad más o menos temprana, los actos desinteresados son tremendamente útiles para darles a los niños la oportunidad de poner sus problemas propios en perspectiva, ayudándoles a sentir que han marcado una diferencia positiva, convirtiéndose con ello en una actitud importante relacionada con la resiliencia. Por ejemplo, deja que el pequeño te eche una mano cuando preparadas la comida o la cena, a pesar incluso de que podría acabar significando un desastre.
  • Evita “arreglar” el problema rápidamente. En lugar de apresurarnos a “arreglar” el problema del niño/a, deja que pueda resolverlo por sí mismo, ya sea una “pelea” por la pelota o por un juguete roto. Aunque es cierto que puede llevar tiempo, acabará aprendiendo que podría mejorar una situación mala o negativa por sí solo.

Cuando un pequeño problema origina grandes berrinches

Si el niño / a tiende a hacer grandes berrinches por cosas aparentemente poco importantes, entonces es conveniente comenzar por lo más básico:

  • No lo castigues por una reacción negativa a la decepción. Especialmente si el pequeño tiende a ser propenso a las lágrimas, debemos recordar las veces que hemos necesitado desahogarnos, o incluso llorar, a la hora de superar una situación complicada o difícil que igualmente nos pudo haber decepcionado. No es conveniente castigarlos por su reacción negativa, y sí explicarles que sus sentimientos negativos no están ayudando a resolver el problema, que es lo que, en realidad, está causando la decepción. Es muy recomendable enseñarles formas positivas de calmarse, como por ejemplo respirar profundamente, contando hasta 10, o haciendo algún dibujo. También podemos explicarle que cuanto más rápido puedan obtener el control, más rápido empezarán a resolver su decepción con acciones positivas.
  • Enséñale qué puede y qué no puede cambiar. Es bastante posible que el niño no entienda que ese problema se encuentra fuera de su control, o que un enfado o un berrinche no le dará lo que desea o quiere. Podríamos validar su angustia haciéndole entender que sabemos que se encuentra molesto, y luego intentar discutir con él aquellas soluciones más sencillas o efectivas.

Consejos útiles para enseñar a tu hijo a superar la decepción

Ayúdales a establecer expectativas que, originalmente, sean razonables

En ocasiones, sobre todo los niños pequeños, encuentran complicada o difícil la transición de un mundo en el que todos sus deseos suelen satisfacerse, al mundo real. Por ejemplo, si hemos planeado pasar un día de campo, pero éste se ha cancelado por la lluvia, es posible que el niño llore sin parar, puesto que incluso podría estar pensando que nunca más podrá disfrutar de otro día de campo.

Por tanto, deberemos ayudarlo a comprender qué es posible y qué no se puede modificar o cambiar.

Es adecuado que los niños experimenten decepción

Como te hemos comentado, está bien que los niños experimenten la decepción porque así pueden, poco a poco, aprender determinadas estrategias y mecanismos que lo ayudarán a lidiar mejor con ella. Debemos explicarle que la decepción es natural y normal cuando las cosas no salen como esperábamos, y sobre todo, empatizar con sus sentimientos de frustración, tristeza, enfado y enojo. 

Quizá puede ser útil usar ejemplos de nuestra propia infancia con la finalidad de transmitir nuestra comprensión acerca de la decepción que siente el pequeño. 

Mientras reconoce sus propios sentimientos, podemos ayudar a los niños a ganar cierta perspectiva haciendo algunas preguntas y escuchando sus respuestas. No debemos minimizar sus sentimientos, o intentar darle una vuelta a la situación. Es fundamental comprender que, inmediatamente después del evento desencadenante, los niños pueden sentirse abrumados por sus emociones.

Es conveniente dejarlos que se desahoguen. Luego, enseñarles a mirar más allá de sus sentimientos inmediatos a las causas subyacentes que hayan originado la decepción. Una opción interesante, por ejemplo, es la de intentar identificar las razones de su decepción haciéndole algunas de las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál crees que es la peor parte para ti?
  • ¿Por qué crees que ha ocurrido?
  • ¿Hay algo que puedas hacer al respecto?
  • ¿Cuánto tiempo crees que va a durar?
  • ¿Crees que volverá a ocurrir?

Todos los padres suelen tener la tendencia de decirles a sus hijos cómo actuar, en lugar de escuchar y ayudarle a llegar por sí solo a la mejor conclusión por su cuenta. Una opción útil, por ejemplo, es la de utilizar historias de otros niños en una situación similar o parecida, y pedirle al pequeño que proponga soluciones para ese niño imaginario. Se convierte en una opción excelente para ayudarle a liderar un proceso tanto analítico como de curación, y obtener así una perspectiva de la situación.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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