Ser Padres

Mi hijo tiene muchos moratones, ¿debo alarmarme?

En la gran mayoría de casos, los hematomas son habituales en los niños pequeños, sobre todo en las piernas, pero hay matices que pueden indicar que algo más grave que un golpe los ha causado.

Autor: Rubén García
En la hora de la ducha o al vestirles cada mañana, con luz natural, apreciáis sus piernas llenas de moratones y las dudas sobrevuelan vuestras cabezas: ¿es esto normal?, ¿debo consultar al médico? ¿les pasará a más niños? Es absolutamente normal preguntarse estas y otras cuestiones porque es muy llamativo ver a un niño pequeño con las extremidades repletas de hematomas. Te contamos cuándo encender las alarmas.
En la inmensa mayoría de los casos, que un niño de tres, cuatro, cinco o seis años, alguno más incluso, que se pasa muchas horas jugando en el parque, en el cole o incluso en el suelo de casa, tenga muchos hematomas en sus extremidades inferiores es completamente normal. Pero también es cierto que hay ocasiones en las que son el síntoma de que algo ocurre en el organismo del pequeño -por ejemplo, hay enfermedades que es una fase inicial se muestran así-. Es importante atender a algunos matices que marcan la diferencia entre ambos tipos de moratones.

Observar la evolución y otros síntomas

Los hematomas normales y habituales son los que se forman cuando “un golpe provoca que los vasos sanguíneos que se encuentran cerca de la superficie de la piel se rompan, lo que causa que una pequeña cantidad de sangre se filtre a los tejidos debajo de la piel”, explican desde Mayo Clinic. “La sangre atrapada puede provocar un moretón -o moratón, ambas formas son correctas- que inicialmente se ve como una marca azul y negra y, luego, cambia de color a medida que se cura”, añaden.
En el caso de que los moratones os parezcan reconocibles, de los de toda la vida, es conveniente esperar a su evolución y al mismo tiempo, sobre todo si vuestro hijo no pasa mucho tiempo en el parque jugando, por ejemplo -los golpes son muy comunes en un entorno de este estilo-, prestar atención a que no se desarrollen síntomas en paralelo que pueden parecer inconexos y, en cambio, pueden no serlo. Algunos ejemplos son la fiebre intermitente, la pérdida de peso, la debilidad muscular, la falta de apetito o la palidez en la piel, indican los pediatras Elena Blanco y Gonzalo Oñoro. “Y otro dato importante es conocer si es un niño que sangra más de la cuenta cuando se hace una herida, se golpea la nariz o se le pone una vacuna”, puntualizan ambos.

La forma y el lugar son determinantes

Por otro lado, el otro detalle que puede hacer que enciendas las alarmas en el caso de que tu hijo presente hematomas en general, no solo en las extremidades, es su imagen: tanto si están localizados en zonas poco frecuentes para este tipo de golpes, de ahí que hayamos ampliado el rango más allá de las piernas, como si el tamaño es desproporcionado para el golpe que él o vosotros recordáis que se ha dado, puede que detrás exista algún motivo más grave que en el caso de los hematomas habituales.  
Si aparece alguno de estos síntomas junto a un número grande de moratones en las extremidades, es muy aconsejable acudir al médico y darle parte de lo que ocurre para que profundice en ello y pueda diagnosticar si ambas cuestiones mantienen relación o no.
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