Enfermedades en el niño

¿Por qué la fiebre siempre sube por la tarde y por la noche?

Aunque la fiebre es un mecanismo de defensa natural, es común que la temperatura corporal aumente a medida que se acaba el día.

Una persona saludable, sin ningún tipo de problema de salud, suele tener una temperatura corporal de alrededor de 37 grados centígrados. Sin embargo, cuando nuestro cuerpo es invadido por una infección vírica o bacteriana, el sistema inmunitario eleva la temperatura normal de nuestro cuerpo con el fin de combatir la infección. Es cuando aparece la fiebre.

En muchas ocasiones la fiebre puede surgir de forma repentina, y puede no ser tan sencillo determinar su causa. Especialmente cuando el niño es muy pequeño, o cuando su fiebre permanece persistentemente alta durante algunos días, es común que a muchos padres y madres la fiebre puede dar miedo.

De hecho, la fiebre muy elevada en los niños puede causar convulsiones febriles (también conocidas como ataques febriles), pero rara vez tanto la fiebre demasiado alta como las propias convulsiones en sí tienden a provocar daño cerebral.

En cualquier caso, quizá te hayas dado cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, lo más común es que el niño siempre tienda a ponerse malo por la noche. O, al menos, parece que los síntomas de la enfermedad suelan empeorar a medida que se acerca la hora de acostarlo.

Lo cierto es que, en realidad, la enfermedad nunca llega en un momento conveniente, pero puede convertirse en un auténtico caos cuando el pequeño se despierta en mitad de la noche con síntomas ciertamente angustiantes. Es lo que ocurre, por ejemplo, con la fiebre, la cual suele aumentar poco a poco a medida que la tarde-noche se acerca.

¿Por qué la fiebre suele ser peor por la noche?

No es cierto que la fiebre aumente por la noche porque, por ejemplo, el niño esté más enfermo. En realidad, la temperatura corporal aumenta de forma absolutamente corporal por la noche, por lo que es común observar que una fiebre leve durante el día pueda aumentar con facilidad durante el sueño.

Es decir, es normal que la temperatura del cuerpo suba lentamente por la noche. Lo cual puede aumentar aún más si los padres -o los cuidadores- deciden abrigar al niño con montones de mantas (grave error, dado que lo más adecuado es intentar que el pequeño se encuentre lo más fresco posible).

También nos encontramos con la respuesta natural del sistema inmune. El mecanismo de respuesta inflamatoria del sistema inmune tiende a amplificarse, de manera que aumenta deliberadamente la temperatura del cuerpo como parte de su “estrategia” para matar al virus que lo ataca. Y, en definitiva, esto es lo que acaba por desencadenar no solo la elevación en sí de la temperatura, sino los sofocos y los escalofríos adicionales.

¿Por qué aparece la fiebre en bebés y niños? Causas comunes

Suelen decir que los padres tienen un sexto sentido; cierta intuición para saber cuándo el bebé o el niño está enfermo, o se va a poner malo al poco tiempo. De repente, el pequeño cambia de humor, está más irritado y sensible, llora con facilidad y lo sentimos diferente. Al tocarle la frente, o cualquier otra parte del cuerpo, descubrimos que está ardiendo. Y, al ponerle el termómetro, la temperatura elevada nos confirma la sospecha: tiene fiebre.

Lo cierto es que una temperatura más alta no significa necesariamente la existencia de una enfermedad más grave. Lejos de lo que habitualmente suele pensarse, la fiebre no debe ser nunca considerada como una enfermedad, y sí como un síntoma de una enfermedad subyacente. En definitiva, se trata de una señal de que el cuerpo del pequeño está luchando contra la enfermedad.

Tanto en bebés como en niños, las causas de la fiebre suelen ser muy variadas. Por tanto, es necesario estar siempre atento/a tanto a las enfermedades como a los síntomas que los acompañan:

  • Infecciones del tracto respiratorio superior. El resfriado común suele ser una causa común. Se acompaña habitualmente de dolor de garganta, nariz congestionada, malestar general y tos.
  • Gripe (Influenza). Suele cursar con malestar general, dolor de cabeza, escalofríos, dolores musculares, dolor de garganta y tos.
  • Gastroenteritis. También conocida como gripe estomacal, suele cursar con dolor de estómago, vómitos y diarrea. 
  • Enfermedad de manos, pies y boca. Consiste en un sarpullido que aparece en las palmas de las manos, la planta de los pies, los glúteos, la lengua y la boca.
  • Sarpullido que surge en forma de ampollas por todo el cuerpo.

Dependiendo de la edad del pequeño es necesario estar atento a los cambios que puedan producirse en su comportamiento. Por ejemplo, si el niño parece estar bien y come con cierta normalidad a pesar de tener fiebre, puede ser útil dejarlo descansar e intentar mantenerlo lo más fresco posible (es decir, mantenerlo a una temperatura por debajo de los 38 grados centígrados).

Sin embargo, si el niño además de fiebre muestra los siguientes síntomas, es importante acudir al pediatra:

  • No come bien o no puede alimentarse con normalidad debido a los vómitos.
  • Tiene dificultad para respirar con normalidad.
  • Se muestra letárgico y somnoliento.
  • Con el paso de los días se encuentra más enfermo que antes.
  • Presenta dolor abdominal y molestias relacionadas.
  • Erupciones cutáneas.
  • Muestra síntomas de estar deshidratado.

Además, también es necesario acudir al médico si:

  • El bebé tiene menos de 3 meses y además tiene fiebre de más de 38 grados centígrados.
  • El bebé tiene menos de 1 año y tiene fiebre durante más de 24 horas. O tiene fiebre alta.
  • El niño tiene más de un año y tiene fiebre alta durante más de 48 horas.

Ante cualquier duda, lo más recomendable es acudir siempre al pediatra. Y, en caso de emergencia, al centro de urgencias pediátrico más próximo.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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