Gestos obsesivos

Las manías y los tics en los niños, ¿tienen solución?

Es importante conocer los motivos que desencadenan este tipo de conductas y en qué momentos aparecen más tics. Los adultos juegan un papel importante porque pueden ayudar a los niños a superar o sobrellevar esta situación.

¿Qué son las manías y los tics? Mientras que las manías son actos de carácter voluntario e inconsciente, los tics son movimientos frecuentes y cortos, repetitivos pero involuntarios, y surgen de manera irregular.

Ambos están ligados a situaciones de ansiedad y de estrés, y los pone en marcha el niño para liberar tensiones, miedos, angustias y preocupaciones. Son sus maneras de poder afrontar acontecimientos que les sobrepasan. Muchas veces son transitorios y desaparecen de forma natural con el tiempo, mientras que otras permanecen, se quedan atascados.

 

¿Cómo actuar?

Es importante conocer los motivos que los desencadenaron y en qué momentos aparecen más tics (si fue tras el divorcio de los padres, si se acentúa cuando nos separamos de ellos al llevarlos al cole o se quedan a dormir en casa de un amigo).

En lugar de irritarnos cuando se producen, es preferible no prestarles atención y desviar al pequeño hacia alguna actividad que le genere tranquilidad. Por ejemplo, en lugar de decirle: 'Deja ya de morderte las uñas', podemos sugerirle: 'Vamos a jugar a algo'. La labor del adulto cuando se encuentra con un niño con manías y tics es reforzar lo que hace bien y no permitir que sus actos nos alejen de él. Si incidimos mucho en '¡deja las uñas!', reforzamos que la conducta permanezca.

Inmadurez

Los niños, desde un punto de vista evolutivo, son más rígidos de pequeños y poco a poco se van flexibilizando. Su deseo de poder controlar los acontecimientos es lo que muchas veces les lleva a querer beber siempre de la misma taza o a dormir siempre con la misma almohada. A medida que van ganando en confianza pueden soltar estas costumbres que no son otra cosa que falta de seguridad.

Relajación

Tanto los tics como las manías disminuyen con el sueño, el descanso, en definitiva, con actividades relajantes. Es importante observar si el niño está sobrecargado de actividades o si sale a jugar todo lo que precisa. Nuestros hijos necesitan desfogarse y debemos favorecerlo. Trata de que el baño sea un momento de tranquilidad y crea espacios de calma. No podemos olvidar que detrás de estos comportamientos se esconde una ansiedad que trata de salir. Un niño en calma no tiene estos comportamientos. Desde el juego y la relajación podemos bajar su nivel de actividad. Si no fuera suficiente, es importante acudir a un psicólogo para que ayude al niño a expresar con palabras lo que le preocupa.

El colegio y los deberes pueden llevarles a adoptar una situación de estrés que no sepan sobrellevar, por eso, como hemos comentado, es recomendable que vayan a actividades extraescolares para que así cuando lleguen a casa puedan descansar liberando el estrés y el agobio que viven a lo largo de la jornada escolar. Si les inculcamos la rutina de sueño que deben de tener será mejor por que así se acostumbrará 

¿Puede haber algo más?

Los que duran más de un año merecen ser estudiados con detenimiento, ya que pueden ir asociados a otras patologías como el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDHA).

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