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Almohadas para bebé: cómo deben ser y qué debemos tener en cuenta

Aunque lo más normal es que el bebé duerma en su cuna o moisés sin ningún tipo de almohada, en algunas ocasiones los padres se preguntan cómo debería serla cuando llegue el momento de usarla.

Aunque para los niños mayores, jóvenes y adultos dormir con una almohada es algo absolutamente normal, lo que ayuda positivamente a la hora de prevenir y evitar posibles tensiones y molestias no solo en la espalda, sino en los hombros y en el cuello, en el caso de un bebé lo más normal es dejarlo dormir sobre el colchón de la cuna o del moisés sin ningún tipo de apoyo para su cabeza.
Lo cierto es que, en realidad, un recién nacido o bebé no necesitará dormir con una almohada, motivo por el cual no se trata de un elemento imprescindible o fundamental en las siestas y noches del bebé.
Sin embargo, existen más razones que pueden hacer que, originalmente, el uso de una almohada en un bebé todavía muy pequeño, o antes de tiempo, pueda incluso acabar convirtiéndose en un peligro o en un riesgo para su propia salud.

¿Por qué no es recomendable que el bebé duerma con una almohada cuando todavía es muy pequeño?

Existen muchísimos motivos por los que, originalmente, un bebé no debe nunca dormir con una almohada. A continuación te descubrimos los más importantes.
Podría provocar asfixia
Es posible que pienses que acostar la cabeza del bebé sobre una almohada puede ayudarle a dormir más cómodamente; sin embargo, puede convertirse en un riesgo para su salud.
Su delicada cabeza podría hundirse en una almohada suave, con lo que aumentaría el riesgo de asfixia. Además, la almohada podría presionar las delicadas fosas nasales del pequeño, restringiendo con ello el flujo de aire cuando el bebé mueve la cabeza de un lado a otro.
Aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante
Además de la asfixia, se ha encontrado que la almohada podría aumentar el riesgo de muerte súbita del lactante, sobre todo ante determinadas almohadas infantiles como, por ejemplo, la que posee forma de herradura, utilizada tradicionalmente con la finalidad de sostener la delicada cabeza del bebé, al restringir su movimiento.
Por este motivo tanto las almohadas como otras prendas blandas de cama no son recomendables en bebés pequeños, no solo porque podrían crea el potencial de asfixia o estrangulamiento, sino por el hecho de aumentar el riesgo de síndrome de muerte súbita del lactante.
Podría incrementar el riesgo de hipertermia
Muchas de las almohadas para bebés cuentan con fundas que generalmente están fabricadas de tela o poliéster, lo que podría aumentar el calor debajo de la cabeza del bebé, originando fluctuaciones de temperatura en su cuerpo.
Foto: Istock

La cuna y el uso de almohadas en el bebéFoto: Istock

El calor excesivo o el propio sudor causado por las fundas de las almohadas podría terminar causando un sobrecalentamiento del cuerpo, una afección médica conocida con el nombre de hipertermia, la cual es fatal y poner en peligro su vida.
Podría torcerse el cuello
Puesto que la mayoría de las almohadas para bebés tienden a no ser planas y sí esponjosas, podría igualmente aumentar el riesgo de que el bebé se tuerza el cuello mientras duerme durante horas.

¿Cuándo podría el bebé usar almohadas y cómo deberían ser?

Los bebés deben dormir en una superficie plana y firme, sin almohadas, mantas y otras sábanas suaves. Por tanto, como coinciden en señalar muchos especialistas, en realidad un bebé no podría ni debería dormir con una almohada hasta que sea un niño pequeño.
De acuerdo a las pautas de sueño seguro establecidas por la Academia Estadounidense de Pediatría, durante el primer año el bebé lo único que necesita es una sábana simple ajustable, ya sea en la cuna o en el moisés.
Por tanto, es mucho más adecuado esperar hasta que el bebé pase a una cama para niños pequeños, lo que habitualmente tiende a ocurrir a partir de los 18 meses de edad.
No obstante, en ocasiones, para bebés menores de 2 años de edad, es posible que el pediatra aconseje el uso de una almohada debido a determinadas condiciones, como resfriado crónico, reflujo o infección de oído.
En este sentido, existen almohadas especialmente diseñadas para el tratamiento del reflujo que ayudan a levantar la cabeza del bebé de forma segura, facilitando tanto la respiración como la digestión.
Si es así, aún cuando es posible colocar una almohada debajo de la cabeza del bebé, es imprescindible estar atentos y alerta en todo momento para no dejar que su almohada cubra la boca o la nariz del bebé.

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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