Ser Padres

¿Por qué mi bebé no quiere dormir en su cuna?

Aunque compremos la cuna con la mejor intención, puede ocurrir que nuestro bebé, simplemente, no quiera dormir en ella. ¿Por qué ocurre y qué debemos hacer al respecto?

Es muy frecuente que los padres primerizos duden a la hora de comprar la cuna. ¿Mejor de colecho? ¿Mejor la de toda la vida? ¿O aquella que puede transformarse en cama y acompañar al niño los primeros años de vida? Pese a tantas opciones, varios días para pensar en pros y contras y un gasto económico a veces excesivo puede que llegue el momento de acostar al bebé y éste no quiera la cuna ni a tiros.
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Por qué mi bebé no quiere dormir en su cunaFoto: Istock

Una madre me decía hace pocos días en la consulta: “Doctora, es que no lo entiendo. Le cambio el pañal, le doy el pecho, mama hasta vaciarlo y se queda frito en mis brazos totalmente relajado. Pero es intentar echarlo en su cuna y ponerse a llorar como un loco. Tengo que volver a cogerlo, calmarlo y a los pocos minutos se vuelve a dormir, intento de nuevo dejarlo muy despacio en la cuna, pero vuelve a ocurrir lo mismo. No lo entiendo, es como si la cuna tuviera pinchos”.
Pues efectivamente. Así llamamos a esta situación. El “Síndrome de la cuna de pinchos”.

¿En qué consiste el 'síndrome de la cuna de pinchos'?

Consiste en episodios de llanto intenso en un bebé recién nacido o de pocos meses que se desencadenan al intentar dejarlo en su cuna, tras haberse dormido plácidamente en los brazos de sus padres. Es un motivo de alarma frecuente entre los padres primerizos que no entienden qué están haciendo mal o se preguntan qué tiene de malo esa cuna mullida, suave y calentita que a priori parece ideal para el descanso pero que su bebé odia intensamente.
Para entender en qué consiste el síndrome de la cuna de pinchos es esencial que entendamos como duermen los primates y como durmieron los primeros seres humanos, ya que evolutivamente, el sueño de nuestros bebés sigue siendo como era entonces.

¿Cómo duermen los primates?

En la naturaleza los primates duermen en grupo, en contacto directo madre y cría y muchos sobre la copa de los árboles. El motivo es que, de forma evolutiva, se ha buscado la mejor manera de sobrevivir. Las crías se agarran al pelo de sus madres mientras éstas trepan a los árboles y están en contacto permanente por la noche.  Es fácil entender que si te encuentras en plena selva y te duermes a ras de suelo sería muy fácil para los depredadores encontrarte y atacarte.
Los primeros seres humanos al ponerse de pie y perder pelo encontraron dificultades para mantener estos hábitos. Las crías ya no tenían pelo al que agarrase y las manos, liberadas para hacer movimientos y tareas más finas, perdieron fuerza para subir a los árboles. De forma que los primeros hombres dormían en el suelo. Para poder sobrevivir se agruparon en tribus y dormían en contacto unos con otros, buscando calor. Un solo individuo durmiendo varias horas a merced de los depredadores no hubiera sobrevivido y, desde luego, un bebé mucho menos.
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Cuando el bebé llora al ponerlo en la cunaFoto: Istock

Es por este motivo que el bebé llora reclamando apego. Es pura supervivencia. Actualmente vivimos en casas, contamos con cunas, calefacción, aire acondicionado y otros privilegios. Pero el cerebro del bebé sigue siendo el mismo que el del bebé en una tribu.
Cuando dejamos al bebé en la cuna automáticamente siente que lo has olvidado en mitad de la selva. Y llora. Es la única forma que tiene de comunicarse con nosotros, de decirnos que se siente inseguro, que puede venir un depredador y llevárselo, que está en peligro su vida. Imaginad esa angustia. Por eso llora de una forma tan intensa y no se calma hasta que lo cogemos, porque cuando vuelve a notar el calor, el tacto de sus padres, sabe que vuelve a estar a salvo.

De acuerdo, ya lo entiendo, pero ¿qué puedo hacer?

Llegados a este punto ya sabemos que ocurre pero no cómo solucionarlo. Básicamente se recomienda dormir en contacto con nuestro bebé (colecho seguro) o hacer creer al bebé que se encuentra en un espacio seguro.
Podemos optar por reductores de cuna, para que el bebé se “sienta más arropado”. Podemos manchar la ropa como el pijama o saco de dormir con leche materna para que huela a mamá y crea que sigue allí. También se puede colocar al bebé en la cuna con una muselina caliente sobre los hombros durante unos minutos, que imita el calor humano de nuestras manos y retirarla cuando el bebé se haya quedado profundamente dormido, a salvo, en su cuna.

Licenciatura en Medicina por la Universidad de Córdoba, Especialidad en Pediatra en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Máster en Urgencias Pediátricas por la Universidad de Sevilla. Experiencia de 12 años en la consulta de Pediatría. Creadora de contenidos en YouTube e Instagram.

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