Ser Padres

Los hijos de madres cariñosas y compasivas son más generosos

Un estudio de EEUU ha encontrado una relación entre las madres que son cariñosas, amorosas, compasivas y empáticas con hijos más generosos con los demás niños y con mayor inteligencia emocional para desarrollar las capacidades sociales.

¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la raíz de las diferencias individuales en los comportamientos sociales de los niños? Esa mayor o menor disposición a ceder algo de valor en beneficio de los demás, de preocuparse por cómo se sienten sus compañeros o de ser amable y generoso con ellos.
La ciencia señala como responsables de estos valores tanto a los procesos fisiológicos como a los ambientales. Y es que el ambiente en el que crecen es fundamental para que los niños y niñas adopten formas de ser cariñosas y respetuosas con los demás. Hemos hablado en otras ocasiones de la importancia del ejemplo y un nuevo estudio constata esta realidad.
Según la investigación sobre el desarrollo de la generosidad en pequeños de 4 a 6 años, publicada en la revista Frontiers in Psychology: Emotion Science, dirigida por Jonas G. Miller, del departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Stanford, EEUU, las niñas y niños que son criados por madres cariñosas, compasivas y empáticas suelen ser más generosos con los otros niños.

Sobre el estudio

Los expertos siguieron a un total de 74 niños de edad preescolar y también a sus madres, para así analizar de qué manera influía el trato de las madres en el desarrollo de estas habilidades de generosidad y amabilidad.
Cuando los peques habían cumplido los cuatro años de edad participaron en una actividad en la que los niños ganaban fichas como premio del juego, después les dijeron que tenían la opción de donar todos esos premios o algunos de ellos, a otros niños que supuestamente no habían podido asistir porque estaban malitos o tenían alguna otra dificultad. Los profesionales del estudio del comportamiento humano midieron la frecuencia cardiaca de todos los niños.
Al celebrar su sexto cumpleaños, volvieron a realizarles otras dos pruebas más, esta vez las protagonistas fueron las madres, que eran las encargadas de responder a una encuesta con preguntas sobre el amor que regalaban hacia sus hijos y hacia los demás.
Algunas de las opciones que marcaban las madres eran: «Prefiero sufrir yo misma antes que ver sufrir a alguien más», «Mis compañeros de trabajo o personas de mi vida social saben que estaré ahí para ellos si me necesitan» o «Antepongo las acciones de mi hijo a las mías propias».
Los resultados del estudio descubrieron una relación entre los niños que mostraban mayor disposición a ceder sus fichas a otros con los niños que habían experimentado una crianza positiva en relación a las respuestas que habían dado sus madres. Además, su cuerpo también respondía a ese acto de bondad y generosidad a través de cambios en los ritmos corporales que se correspondían con una mayor tranquilidad interior y también mejor regulación fisiológica tras la actividad.
Gracias a estas conclusiones podemos saber que la generosidad en los niños depende de la combinación de dos factores: el amor compasivo de sus mamás y su regulación fisiológica y que según informa Miller, “ambos son dos apoyos internos y externos para la capacidad de actuar de manera prosocial”.
Los investigadores suponen que estos aspectos tan específicos del cuidado de los hijos e hijas tienen un mayor impacto en el desarrollo social positivo general de los niños, por eso, las madres con una alta inteligencia emocional desarrollan en sus niños esa capacidad que les permite una mejor relación con ellos pero también con las necesidades de los demás.

Soy periodista y algún día también seré escritora. Me gusta jugar con las palabras para crear mundos y derribar muros, para contar historias, informar, concienciar, emocionar e inspirar. Vivo de atardeceres líquidos, escapadas al monte y recuerdos en hojas de papel.

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