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Mi hijo me desafía: ¿qué puedo hacer para acabar con la situación?

Cuando un niño desafía a sus padres está demostrando que no sabe expresarse con exactitud pero, bajo ningún concepto, sus padres pueden pensar que tiene algo personal en contra de ellos. Te mostramos pautas y consejos para actuar en caso de enfrentarse a un desafío infantil.

“Otra vez la misma historia”, expresa Gema, la madre de Daniel, un niño de seis años que, una vez más, ha vuelto a desafiarla. En este caso, se niega a vestirse para ir al colegio porque él, por sí mismo, ha decidido que es buen día para quedarse en casa jugando con la granja que le regalaron por su cumpleaños. No es la primera vez que Gema se enfrenta a una situación así: hace apenas un mes, Daniel se negó rotundamente a comerse las espinacas que le habían puesto en el plato. Y dos semanas antes, había ignorado por completo a sus padres cuando le estaban diciendo que era hora de dejar la tableta e ir a la cama.
“¿Tendrá algo personal contra nosotros?” Se preguntan día tras día. Y nosotros podemos responderles: no, los niños que desafían a sus padres no se levantan por la mañana pensando: “qué buen día para fustigar a mamá y a papa”. Cuando se dan situaciones de este tipo, nos encontramos ante niños que no se saben expresar bien y que están aprendiendo a manejar correctamente sus emociones. Niños que, además, están empezando a ser conscientes de que son una persona con voluntad, gustos y preferencias propias y que quieren ir un paso más allá y saber qué pasa si sobrepasan los límites que les vienen impuestos: “los niños desafían a sus figuras de autoridad con el fin de explorar los límites que les son impuestos. Como niños, están constantemente experimentando y poniendo a prueba dónde está el límite (o no)”, nos explica Paula Mella, psicóloga experta en Terapia Familiar de ifeel.

¿Por qué me desafía?

Este es el motivo principal pero, tal y como nos cuenta Mella, lo cierto es que la actitud que presentan muchas veces los padres ante ese desafío es clave para que el niño dé por terminada esa vía de exploración o, por el contrario, siga desafiando día tras día. Según ella, estas son las posturas que los padres nunca deberíamos adoptar ante un desafío infantil, puesto que lo fomentarían más:
  • Que ambos progenitores no se pongan de acuerdo a la hora de poner límites: mamá me deja jugar al volver del cole, pero papá no.
  • No poner límites a las situaciones: ‘haz lo que quieras, pero no me molestes’
  • La importancia del no: “muchos padres piensan que decir que no a sus hijos es malo y esto puede tener consecuencias en su desarrollo”, explica la psicóloga. “Este tipo de formas de actuar, a largo plazo, va a hacer que los niños no estén acostumbrados a que se les niegue algo y, entonces, cuando no lo consigan, desarrollarán frustración”, dice.

Muy bien, pero mi hijo me desafía: ¿cómo puedo pararlo?

Antes de contar cómo revertir la situación, es importante saber qué hacer para no llegar a ella, que es lo que querría cualquier padre. Pues bien, una vez más, los límites sanos y las normas consolidadas se convertirán en nuestros mejores amigos. Porque lo mejor para evitar actitudes desafiantes por parte de nuestros hijos será que desde un principio marquemos unos límites y unas normas justas que ayuden a los peques a saber qué es lo que esperamos de ellos. “Las normas deberán cumplirse siempre y, en la medida de lo posible, ser coherentes para todos los miembros de la familia”; expone Mella.
Además, también habremos de pactar y dejar claras las consecuencias de no cumplir esas normas; Y lo más importante, que en el momento en que el niño lo incumpla, aparezcan dichas consecuencias previamente avisadas. De no hacerlo, de acuerdo a las palabras de la psicóloga, “nunca lograríamos que nuestros hijos nos tomen en serio y que, finalmente, tiendan de sobrepasar los límites”.
Teniendo en cuenta todo esto, la experta nos da algunas claves para actuar en caso de que el peque desafíe constantemente:
  • Premiar las conductas deseadas y poner consecuencias (reales y previamente avisadas) a las no deseadas
  • Reforzar las conductas que queremos que el niño tenga más a menudo: “si todos los días haces los deberes al llegar a casa, el viernes tendrás un cuaderno nuevo para colorear el fin de semana”, expone Mella. Además, explica que lo mejor es variar los premios a corto y a largo plazo
  • Si tiene una conducta no deseada, la consecuencia puede ser no tener ese premio
  • Si se reitera el comportamiento, aumentaremos la severidad de las consecuencias
  • Tener en cuenta que hay que adaptar las consecuencias a la edad del peque: a medida que crezcan, iremos adaptando la moneda de cambio

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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