Ser Padres

¿Deben los niños aprender a competir?

Debate vivo en las familias y la comunidad educativa, existe una connotación negativa en torno al concepto de competir, pero hay expertos que defienden un modelo sano o positivo, aquella competitividad que está basada en intentar ser mejor cada día.

Autor: Rubén García
La competitividad y los niños es un tema complicado de afrontar por el debate que suscita entre familias, pedagogos, psicólogos y demás agentes que participan de un modo u otro en la educación de nuestros menores. Pero es necesario profundizar en ello porque está en boca de muchas familias, es uno de esos debates vivos en la actualidad, y da la sensación de que no lo estamos afrontando del modo más adecuado.
Y si no lo estamos haciendo es porque el término competir está virando hacia connotaciones que no tienen por qué ser positivas ni para la propia definición de este concepto ni para la forma en la que lo aplicamos en la educación de nuestros hijos.
“Competir se asocia a ganar, superar a otras personas, alcanzar el éxito, destacar, ganar dinero, abrirse paso a través de una competencia frenética, obtener reconocimiento social como sea. Competir también se relaciona con el uso de la picaresca o la ausencia de moralidad, ser desleal, deshonesto, “trepar”, lograr éxito a toda costa.”, explica el psicólogo deportivo José Carrascosa en este interesantísimo artículo titulado ¿Qué es competir?. “Competir cotiza a la baja socialmente, no tiene buena reputación, parece desprestigiado. Competir está mal visto por muchos en la sociedad actual”, añade.

Más cooperación, menos competitividad

Entre la comunidad educativa, esta percepción negativa del concepto competir está también extendido. Para muestra, dos botones: las posturas de César Bona y Alfie Kohn, dos famosos profesores, uno español y otro estadounidense. “Yo creo que estamos sumidos todos en una inercia tal que esta sociedad se rige, casi excesivamente diría, por esa influencia de la competitividad. [...] De las peores cosas que podemos hacer es enseñar a los niños precisamente a mirar la vida así, de forma competitiva, cuando hay pocas cosas más bonitas que cooperar unos con otros”, cuenta Bona en esta entrevista con La Voz de Galicia. “Lo que yo quisiera es ver más juegos cooperativos que competitivos. La competitividad como valor destruye las relaciones humanas, porque la idea que está en su base es que los demás son potenciales obstáculos para mi éxito. Esto crea desprecio hacia uno mismo, junto con incentivar la agresividad y estimular la trampa, el engaño, la estafa”, hace lo propio Kohn en esta otra charla.
La realidad es que, aunque todavía queda mucho camino en este sentido, los juegos y las dinámicas cooperativas son cada vez más importantes. En los espacios educativos, sin duda alguna, están ganando terreno año tras año, y donde queda más trabajo por hacer en el ámbito del hogar y familiar, donde son minoría, por ejemplo, los juegos de mesa cooperativos en el armario donde estos se guardan.
En el ámbito deportivo, en cambio, también se están haciendo esfuerzos notables para que la competición no sea protagonista en edades formativas, etapas en las que el juego (y los hábitos saludables que ello conlleva es lo principal).

Redirigir el concepto de competir

Pero más allá de esta connotación negativa del concepto de competir y la evolución hacia dinámicas cooperativas, es muy interesante el enfoque que hace de la competición en general, tanto en los niños como en los adultos, el psicólogo José Carrascosa en el artículo anteriormente mencionado porque apuesta por redirigir el concepto de competir sin necesidad de desterrarlo. “Frente a la búsqueda permanente del éxito, frente a querer superar a los demás como sea, frente al enfoque de percibir a los demás como rivales, existe la orientación hacia el aprendizaje y la mejora permanente”, cuenta.
Según Carrascosa, “Desde la orientación a la tarea o aprendizaje uno compite consigo mismo por aprender y mejorar en cada momento, cada día, en cada circunstancia, por hacerlo mejor hoy que ayer y mañana que hoy, por entender y dominar progresivamente los procesos, por superar las barreras internas, por superar las dificultades, por ser mejor cada día… Desde la orientación a la tarea uno es su propio rival, uno compite consigo mismo por aprender, mejorar y avanzar hacia la excelencia profesional y personal”, añade.
Esta visión es compartida por otros expertos. De hecho, hay quien la llama “competitiva sana o positiva”, y no es otra cosa que fomentar en los niños el deseo de querer ser mejores cada día en todo lo que hagan. Es decir, de hacerles entender que competir contra uno mismo es saludable y hacerlo contra los demás no siempre lo es. “Competir es un proceso de superación personal donde uno es su propio rival. [...] Competir es aprender y mejorar las propias competencias, perseguir ser competente para así ser competitivo. Competir es querer desarrollar el propio talento. Competir no consiste en ganar a otros, sino en ganarse a sí mismo”, concluye Carrascosa.

Cómo enseñarles a competir

Los defensores de este enfoque sobre la competitividad sana relacionan directamente aprender a competir con el aprendizaje de competencias emocionales, muchas de ellas pilares de la educación actual. “Es importante que (el menor) primero descubra sus emociones, habilidades y debilidades. Eso le ayudará a entender que todos tenemos capacidades distintas y no crecerá creyendo que tiene que ganar en todo o que hay algo mal en él si no gana”, explican desde Jejé Kids, empresa especializada en ayudar al desarrollo emocional sano de niños de 1 a 6 años.
José Carrascosa habla de conceptos como la autonomía emocional, fomentar el trabajo en equipo y la inteligencia emocional -habilidades sociales, empatía, asertividad…-, resiliencia, ser proactivo o querer aprender, entre otras habilidades básicas para enseñar a competir a los niños de una forma adecuada, positiva para ellos y para el grupo del que forman parte, y en la misma línea son los consejos de Jejé Kids. Esta pone el foco en enseñar a valorar el esfuerzo, en mostrarle el valor de colaborar, en hablarle de fortalezas, límites y debilidades, y también en aprender de los errores, incluso dándoles un valor positivo porque el error es parte del proceso de aprendizaje.
Y para aplicar todos estos consejos en la educación de nuestros hijos, nada como aprovechar cualquier situación cotidiana que se dé en sus vidas. Desde la escuela hasta el deporte, pasando por cualquier actividad que haga en casa. Porque tal y como dice José Carrascosa, “Cualquier situación se vuelve una oportunidad para aprender y competir”.
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