Alimentación

Los niños comen por los ojos: cómo hacer platos atractivos

Sabemos que los niños comen por los ojos y que es importante la presentación y elaboración de los platos para que ciertas comidas les resulten más apetecibles. ¿Cómo lograrlo?

comida divertida
Foto Istock

A la hora de sentarnos a comer, todos sabemos que los cinco sentidos están implicados para escoger un alimento u otro. Gusto, olfato, tacto, oído y vista juegan distintos papeles en la elección que hacemos, pero sin duda lo que “entra” por los ojos tiene una influencia determinante. Es muy habitual oír la frase de que “comemos por los ojos”, y es que lo primero que hacemos cuando tenemos un alimento delante es captar información al mirarlo: el color, la cantidad, la forma, etc.

Las prisas en el día a día hacen que, en ocasiones, nos centremos en el qué y cuánto comen los niños y nos olvidamos del cómo. Pero la cantidad de alimento que comen no es tan importante como la forma en la que se lo presentamos. La construcción de buenos hábitos es una tarea a largo plazo, que requiere conocimiento, capacidad de observación, paciencia y ofrecerles un ejemplo adecuado.

El Ministerio de Consumo ha prohibido recientemente la publicidad de alimentos y bebidas insanos dirigida a niños y adolescentes, pero no se trata de prohibir sino de educar para que, aunque lo vean en la televisión, en la radio o en un periódico, sepan distinguir si es bueno o no para ellos. Pese a que no es una mala medida, se trata más bien de parchear un problema de base como es la inexistencia de una educación alimentaria desde la edad temprana. En mi opinión, la solución pasa más por hacer atractivo lo saludable.

Y qué mejor forma de mantener una relación sana y feliz con la comida que evitando caer en la tentación de “premiar” con un bollo o una gominola si el niño se ha portado bien o “castigar” o imponer una pieza de fruta si ha sucedido lo contrario. Nuestro reto, como padres, es trasladarles los principios de una nutrición saludable de forma amena y asequible para su edad y sus conocimientos.

Elaborar juntos platos que les atraigan

Una buena fórmula es, primero, implicarles en la elaboración de los platos, y segundo, tener en cuenta sus preferencias vitales para aplicarlas en la cocina: si lo que más le gusta es el fútbol o el baloncesto, por ejemplo, buscad juntos los platos de sus ídolos; si le interesa la ciencia, plantéalo como un experimento científico; si es un pequeño influencer, haced juntos un vídeo del que se sienta orgulloso con el plato que habéis preparado. Siempre acordándonos de predicar con el ejemplo.

Es muy fácil que cuando los más pequeños sienten preocupación, tristeza o estrés busquen refugio en la comida, especialmente en productos ultraprocesados con alto contenido en azúcar, ya que su consumo interrumpe la respuesta normal del cerebro ante el estrés: la producción de cortisol (la llamada hormona del estrés). Pero es solo un espejismo: el efecto placentero producido por el consumo de azúcar es muy corto y rápidamente reaparece la necesidad de volver a comer alimentos azucarados para aumentar la dopamina, creando un círculo vicioso del que cada vez cuesta más salir.

Eso sí, existen alternativas, y dulces como el chocolate, lo importante es diferenciar el sano del que no lo es, eligiendo siempre la opción sin azúcares añadidos ni edulcorantes. El cacao 100% puro, que tiene un sabor más intenso y quizá algo amargo para el paladar infantil, es perfecto para incorporarlo en batidos y recetas como el coulant de chocolate, con ingredientes totalmente saludables como la avena con sabor a chocolate, plátanos, harina de almendra, etc.

Los frutos secos son otras de las opciones que se pueden incorporar en los platos, son ricos en triptófano y en vitamina B, aportan minerales, como el magnesio y el hierro, que impiden la fatiga neuronal, y su búsqueda en el plato puede servir como motivación para que el niño coma.

Combinar con éxito verduras y frutas

Las verduras y las frutas, en general, contienen altas cantidades de vitaminas A, B, C y E que favorecen el sistema nervioso, nos aportan energía y nos ayudan a sentirnos más relajados y felices. Si hablamos de verduras, son especialmente aconsejables las espinacas, ricas en magnesio, que ayudan a eliminar la tensión muscular. Para combatir la reticencia de los más pequeños a su aspecto o sabor, nada mejor que idear una presentación original en el plato tirando de imaginación o “disfrazándolas” con otros alimentos como tomate, carnes, huevo, quinoa, batatas, purés o cremas.

En cuanto a las frutas, los niños suelen tener más predisposición a probarlas. Una de las que más éxito tiene es el plátano, rico en vitaminas B y C y poderoso calmante del sistema nervioso, que se puede incorporar a multitud de recetas porque les da un sabor muy agradable y es una opción perfecta para endulzar cualquier smoothy o batido. O también es muy práctico y efectivo cortar las frutas con formas divertidas, haciendo caritas u objetos de tal forma que les atraiga por los ojos y se animen a probar nuevos ingredientes en su dieta.

También están entre las favoritas de los pequeños fresas, frambuesas, moras, cerezas, granadas, arándanos y demás. Todas ellas son muy beneficiosas para aliviar el estrés y la ansiedad, además de contribuir a la producción de dopamina, que estimula un estado de ánimo equilibrado. Una buena combinación de frutas, ya sea en batido o en un plato formando figuras divertidas, es garantía de éxito entre el público infantil.

Y todo ello para aprovechar que la etapa infantil es la mejor para adquirir hábitos saludables. No hace falta una rutina especialmente rígida, ni castigos, prohibiciones u obligaciones para terminarse lo que hay en el plato. Al igual que los adultos, los pequeños de la casa deben escuchar a su cuerpo y comer la cantidad que necesiten y, más o menos, cuándo la necesiten. Estoy seguro de que si la oferta culinaria del día a día les “entra por los ojos”, terminarán con todo lo que haya en el plato.

Artículo ofrecido por Niklas Gustafson, experto en nutrición y Chairman de Natruly

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