Ser Padres

El síndrome del plato vacío para que los niños coman: ¿es efectivo?

Aunque pienses que lo más saludable es que tu niño se coma todo lo que tiene en el plato, la realidad es que, si ya ha comido lo suficiente y se ha saciado, no debes obligarlo a terminar todo. Esto se conoce como “síndrome del plato vacío” y puede tener efectos negativos en el futuro.

Hasta que no te comas eso, no te levantas”, “la comida no se tira, que hay gente que no tiene qué comer”. Es bastante posible que en algún momento hayamos oído frases como estas, no obstante, no quiere decir que sean adecuadas. Utilizarlas forma parte del llamado “síndrome del plato vacío”, una manía que ha perdurado en muchas casas, pero que no es correcta y que puede derivar en distintos problemas.
El síndrome del plato vacío, también llamado “del plato limpio”, se refiere a esa manera que tienen algunas personas (especialmente padres) de obligar y exigir a los niños a que se coman todo lo que hay en su plato. Si reconoces esta tendencia, debes saber que no es la más adecuada y que puede desembocar en diversos problemas nutricionales. Por lo que no, no es la técnica más efectiva para que tus hijos coman.
El apetito es algo que cambia y que no guarda una relación directa con el crecimiento, sino con las emociones. Utilizar el síndrome del plato vacío para obligar a comer tiene repercusiones negativas en la salud, de hecho, puede derivar en tener rechazo por la comida, en trastornos de la conducta alimentaria como anorexia o bulimia, en obesidad, en depresión, en una mala relación con la comida en general y, por ende, en tener malos hábitos.
Es esencial que las personas adultas entiendan que no debe presionarse con la comida, no se debe hacer chantajes, ni castigos, ni ningún tipo de obligación para que un niño coma. El ser humano cuando siente hambre, busca alimento como mecanismo de supervivencia, es una necesidad primaria. Por lo que, un niño, al igual que un adulto, puede sentir que ya está saciado con lo ya ha comido.
  • Piensa que la velocidad de crecimiento disminuye y con ella el apetito. Durante el primer año de vida es cuando un bebé crece más y más rápido. Después de los 12 meses, como crece menos, necesita menos calorías, por lo que su apetito también es menor.
  • Ten confianza en el apetito del niño. Si su talla, peso y su salud en general van bien, el niño se está alimentando correctamente. Por lo que si un día no quiere comer no es nada malo, el hambre le volverá.
  • Sirve una cantidad más ajustada. Si es costumbre que se quede lleno siempre al final, puede ser que la cantidad que le sirves sea demasiada. Ve ajustándola.
  • No utilices la comida como castigo cuando no hace algo bien, ni como chantaje, ni mucho menos lo obligues a comer.
  • Haz que la hora de comer sea un momento agradable. No lo regañes, ni lo hagas llorar. Ten en cuenta que si asocia la comida con un momento desagradable es más probable que se le quiten las ganas de comer.
  • No lo compares con nadie. No hagas comparaciones sobre lo que come o sobre su aspecto con hermanos, ni con ninguna persona.
  • Crea menús apetecibles. Motiva a tu hijo a comer preparando platos que sean llamativos (por ejemplo, con presentaciones alegres y con alimentos de distintos colores).
  • Sé un buen ejemplo. Si quieres que tu hijo se alimente bien, debe ver que tú haces lo mismo. No puedes decirle que no debe rechazar algunos alimentos si tú no los comes o si todos los días dejas parte de tu comida.

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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