Ser Padres

Consejos sencillos para mejorar la digestión en los niños (y en los mayores)

Te contamos brevemente en qué consiste y cómo puede ayudar a que tu hijo reduzca la presencia de gases y demás síntomas incómodos provocados por una digestión que no es la apropiada.

Autor: Rubén García
Una digestión mala es muy incómoda. Cualquier persona adulta lo sabe porque ha experimentado en alguna ocasión una tarde o noche en la que el estómago no da tregua. Por eso, porque sabemos lo que molesta, y dado que hay opciones eficaces para prevenir o limitar las digestiones complicadas, es aconsejable que potenciemos hábitos saludables en nuestros hijos que ayuden al aparato digestivo en esta larga tarea.
A grandes rasgos, la digestión es el proceso mediante el cual los alimentos ingeridos son transformados en el aparato digestivo en sustancias que las células del organismo pueden absorber. Las glándulas anexas que forman dicho aparato junto con el tubo digestivo -encargado de eliminar las sustancias restantes- generan sustancias que facilitan la digestión -la saliva, la bilis y el jugo gástrico-, pero también hay procesos mecánicos que forman parte del proceso en los que se puede incidir de forma consciente: es el caso de la masticación.
Esta es precisamente la protagonista del primer consejo de sencilla aplicación que compartimos contigo a continuación para que tus hijos (y también los adultos de la casa) puedan mejorar sus digestiones:

Masticar despacio

Y reiteradamente cada bocado que introducimos en la boca. Podéis darles incluso una cifra en este sentido: masticar cada porción que se llevan a la boca unas 20 veces, aproximadamente. Además, hay que hacerlo despacio porque comer rápido tiene dos inconvenientes: el apetito no desaparece y el proceso digestivo se ve dificultado. Comer rápido siempre implica una masticación menor de lo recomendado.

Más verduras y frutas, menos alimentos grasos

En este caso el trabajo es responsabilidad exclusiva de los progenitores, que son los responsables directos de la dieta en casa. Está demostrado que los alimentos vegetales, más allá de todos sus beneficios nutricionales, se digieren de forma más rápida y menos convulsa que los alimentos ricos en grasas, como son la mantequilla o los embutidos, por ejemplo.

Alimentos ricos en fibra

Este es el componente vegetal que más favorece a la digestión. Las frutas y las verduras son ricos en ella, pero también los cereales integrales y  las legumbres, así que tenedlo en cuenta a la hora de escoger cereales en el desayuno y panes y harinas elaborados con materia prima

No saltarse comida y controlar las cantidades

Es mucho mejor para la digestión y para el control del peso hacer cuatro o cinco comidas al día, incluyendo la merienda y dejando como opcional el snack de media mañana (media manzana, un puñado de frutos secos, por ejemplo), que hacer tres comidas principales muy copiosas y con cantidades desproporcionadas.

Cenar pronto

Es fundamental que el cuerpo se vaya a la cama con al menos parte del trabajo digestivo hecho después de la cena. Y para que esto sea así, es necesario adelantar la cena a un horario razonable, poco habitual para nosotros. Alrededor de las 8 de la tarde.

Hidratación

Beber agua a lo largo del día es muy positivo para la salud en múltiples direcciones, también en lo que respecta a la digestión. Por eso, es importante insistir a los niños que beban también durante el día. Si no lo hacen porque no tienen sed, insistidles. Y en las comidas, nada de comer con otra bebida que no sea agua.

Ejercicio moderado

Simplemente con un pequeño paseo después de cenar de 10 o 15 minutos, y también después de comer, se puede ayudar mucho al organismo a hacer la digestión, así que es recomendable hacerlo con los peques siempre que tengáis ocasión de ello.

Control de la temperatura de la comida

Las temperaturas extremas irritan las mucosas digestivas, por lo que es recomendable no tomar nada ni demasiado frío ni demasiado caliente para una mejor digestión.
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