Ser Padres

Cómo ayudar a los niños a desarrollar el pensamiento lógico para que aprendan a resolver sus problemas

El pensamiento lógico ayuda a los niños a resolver problemas, y no hablamos de los problemas matemáticos, sino problemas que se encontrarán en su día a día. Te damos consejos para ayudarlos.

Autor: Rhona Anne Dick
Todos nos enfrentamos a problemas a lo largo de nuestra vida. Algunos grandes, otros pequeños. Algunos fácilmente salvables, otros de difícil solución. Evitarlos es imposible, por eso es importante que nos esforcemos en resolverlos de la mejor manera o, llegado el caso, que seamos capaces de asimilar la situación y aprender a vivir con ella. Tener la habilidad de hacer frente a los problemas con serenidad y buscar soluciones es algo esencial para la vida, y debemos entrenar a nuestros hijos en esta destreza desde pequeños.
Para ello, la clave está en cultivar el razonamiento lógico, que les permitirá plantar cara a las situaciones complejas que, en la medida de su edad, se irán encontrando por el camino, y ser capaces de salir airosos de ellas.
Es cierto que, de forma natural, algunas personas nacen con un pensamiento lógico más desarrollado que otras, pero no deja de ser una habilidad que con tiempo y dedicación puede perfeccionarse. Como un deporte, aunque en este caso el músculo a desarrollar es el cerebro; concretamente, el lóbulo frontal, que es el área que se encarga de la capacidad de resolución de problemas. Y cuanto antes empecemos a cultivarlo en los niños, se desarrollará de forma más natural y su uso se integrará como un hábito más dentro de su vida.
¿Cómo podemos ayudarles los padres en esta tarea? Dado que se trata de que aprendan a resolver problemas, empecemos por no tenerles hiperprotegidos y  darles todo “masticado”.

Divide y vencerás

Si se enfrentan a una dificultad -a la hora de vestirse, de pelar una fruta o de hacer un trabajo para el cole- y nos piden ayuda, en lugar de decirles directamente cómo hacerlo podemos preguntarles cosas para conseguir que ellos mismos, con su razonamiento, lleguen a encontrar las respuestas. Por ejemplo: ¿por dónde crees tú que deberías empezar?, ¿vas a utilizar distintos materiales?, ¿vas a ponerte primero la camisa o primero los calcetines? Si el problema es grande, una buena práctica es intentar dividirlo en cuestiones más pequeñas -este es, precisamente, el principio que utilizan los científicos para avanzar-.
Después, cuando los niños son un poco mayores, incluso podemos pedirles que escriban las posibles soluciones con una lista de pros y contras, o que hagan una tormenta de ideas -aquí todos podemos participar- para aprender a evaluar posibles opciones y descartar las más improbables antes de ponerlas en práctica.
Y es importante que los padres y madres demos ejemplo: si ven que en nuestro día a día nos frustramos o enfadamos cuando algo nos sale mal, y que nos centramos en el problema más que en la solución, sin duda terminarán imitando este comportamiento.

Manejar la frustración

Resulta irremediable que en ocasiones, ante un problema complejo, lleguen a ese punto: la frustración. En esos casos, para ayudarles, podemos empezar por pedirles que pongan nombre al sentimiento (normalmente, sería enfado, tristeza o rabia). Después, dependiendo de su nivel de madurez y su edad, les pediremos que expliquen por qué se sienten de ese modo. Es importante no desestimar sus emociones, sencillamente estamos intentando que ellos las comprendan. Después, solo tenemos que dirigir el foco a resolver el problema, y de este modo ir modulando los sentimientos hacia él.
No tratemos de evitar esos pequeños sufrimientos a nuestros hijos, porque serán buenas experiencias para que aprendan que no todo en la vida funciona como ellos quieren, y que siempre podremos utilizar lo sucedido como aprendizaje, para saber qué hacer y qué no hacer la próxima vez.

Útil para la vida

Si los niños aprenden a dominar esta habilidad podrán tener más éxito en los estudios, reforzar la confianza en sí mismos y estar más preparados para la vida adulta, tanto en lo personal como en lo profesional.
El pensamiento lógico y la resolución de problemas pueden aplicarse a cualquier materia: en el caso del aprendizaje de idiomas, por ejemplo, podemos conseguir descifrar el significado de una palabra mediante el contexto o por su similaridad con otra palabra. Y si pensamos en los ingenieros, su misión no es otra que diseñar una solución para un problema concreto que han detectado en la sociedad y asegurarse de que esa solución funciona.
Si bien es cierto que en algunos países, como Finlandia o Singapur, se pone mucho énfasis en la lógica y la resolución de problemas dentro de la educación reglada, en España todavía hay trabajo que hacer en este sentido. Es necesario introducir poco a poco, y en todas las etapas educativas, una metodología más basada en el juego exploratorio que en la memorización si queremos desarrollar estas capacidades en las futuras generaciones.
Los problemas dejan de preocuparnos cuando nos sentimos seguros de que sabremos cómo capearlos.
Artículo elaborado por Rhona Anne Dick, directora de Experiencia de Aprendizaje de Lingokids
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