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Cáncer de piel en niños: distinguiendo una mancha sospechosa

Aunque el cáncer de piel no es muy común en la población infantil, es preciso y necesario vigilar bien la piel del niño, para consultar al médico ante cualquier cambio sospechoso.

Especialmente en los niños, no hay duda que es importantísimo prestar especial atención a la fotoprotección, ya que, como manifiestan muchos expertos, la infancia parece ser un período crucial para el desarrollo posterior de los cánceres de piel, ya sea melanoma (el más grave), y también ciertos carcinomas. De hecho, el cáncer cutáneo es considerado como uno de los más comunes.
Esto es debido a que una persona recibe la mitad de la dosis de luz de su vida durante la infancia y la adolescencia. Y, según se estima, la dosis de luz anual recibida a lo largo de este período de la vida es el doble que la de un adulto.
Y los expertos calculan que entre el 50 y el 80 por ciento del daño causado por los rayos ultravioleta se producen durante la infancia y la adolescencia. Por este motivo, la protección solar adecuada y correcta es fundamental.
Un estudio publicado hace algunos años encontró que el 50 por ciento de los niños de 3 a 12 años de edad pasan más de 6 horas al día al aire libre, de los cuales cerca del 90 por ciento ha sufrido quemaduras solares en algún momento de sus vidas.
Si bien es cierto que la piscina o la playa son ciertamente lugares de riesgo, es durante los juegos al aire libre, y la práctica deportiva en exteriores, cuando el niño más tiempo tiende a pasar al aire libre, con el evidente riesgo que supone para la salud de su piel.
Tampoco debemos olvidarnos de un aspecto importante: la infancia se convierte en un momento esencial en el que se crean muchos de los comportamientos futuros. Y las campañas de sensibilización sobre el uso de los protectores solares, y sobre la propia protección solar en sí, parecen tener muchos límites en su efectividad, por lo que solo la educación podría ser verdaderamente efectiva.

¿Qué es el cáncer de piel?

El cáncer de piel consiste en un tumor maligno que crece en las células de la piel. Los tipos más comunes son el carcinoma de células basales, el carcinoma de células escamosas y, finalmente, el melanoma:
  • Carcinoma de células basales. Crece muy lentamente y, detectado a tiempo, es muy tratable. Suele aparecer como un nódulo o bulto pequeño, de apariencia brillante, el cual surge sobre todo en las áreas expuestas al sol (como cara, cabeza, cuello, brazos y manos). Es el más común entre los adultos, y poco común en niños.
  • Carcinoma de células escamosas. Tiende a ser más agresivo que el carcinoma de células basales, pero es igualmente tratable. Aparece como manchas o nódulos rojos y escamosos, y puede surgir en el rostro, orejas, boca y labios. Nuevamente, es poco común en niños.
  • Aunque representa un pequeño porcentaje de todos los cánceres cutáneos, es el más peligroso, ya que representa la mayoría de las muertes por cáncer de piel. Empieza en las células productoras de pigmento en la piel, pudiendo parecer un lunar nuevo, o cambiante. Uno de sus mayores riesgos es que puede diseminarse rápidamente.
Aunque es cierto que el cáncer de piel no es muy común entre los niños, sí se ha encontrado que la incidencia de melanoma en la población infantil ha aumentado en un 2 por ciento cada año, llegando a representar hasta el 3 por ciento de todos los cánceres pediátricos.

¿Cuáles son las principales causas del cáncer de piel?

Foto: Istock

Cáncer cutáneo en niñosFoto: Istock

No hay duda que el principal factor que contribuye al desarrollo de cáncer cutáneo en el futuro es la exposición a la luz solar. Y, en especial, las quemaduras solares con ampollas tanto en la infancia como en la adolescencia, las cuales aumentan de manera significativa el riesgo de desarrollar melanoma maligno en los años posteriores.
Así, limitar la exposición a la luz solar en niños y adolescentes, y hacer un uso más correcto de la protección solar (lo que incluye no solo la utilización de protectores solares, sino elementos para proteger la cabeza y el rostro, el uso de camisas anti-UV, evitar las horas más “peligrosas” del día…), puede generar grandes dividendos en la prevención de este tipo de cáncer en el futuro.

¿Cómo distinguir lunares benignos de un melanoma?

A la hora de detectar el melanoma de forma temprana es importantísimo examinar la piel del niño con regularidad, familiarizándonos tanto con sus lunares como con otras afecciones cutáneas, con la finalidad de detectar e identificar mejor los cambios, en caso que se produzcan.
Debemos tener en cuenta que es normal que los niños desarrollen nuevos lunares con el paso del tiempo, de ahí que las reglas para detectar un posible melanoma en adultos difieran un poco en los más pequeños.
En el caso de los melanomas pediátricos, es muy común que se presente como una nueva protuberancia, de color roja o rosada, con una apariencia de tono uniforme, pudiendo tener cualquier diámetro. En cualquier caso, un lunar en evolución o cambiante puede ser igualmente preocupante.
Las reglas a tener en cuenta con las siguientes:
  • A Amelanótico. Puede tener poco o nada de pigmento, tendiendo a ser rosado o rojo (en lugar de marrón, azul, negro o beige).
  • B Sangrado, pudiendo ser hemorrágico o ulcerativo.
  • C Color, suele ser uniforme.
  • D De novo (nuevo), de cualquier diámetro.
  • E Evolución. Es decir, cambio de tamaño, forma u otras características.
Dado que los melanomas varían mucho en apariencia, es fundamental acudir al pediatra o dermatólogo pediátrico ante cualquier duda o sospecha, además de seguir las pautas básicas de prevención y protección.

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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