Ser Padres

Es necesario que toques, mires y mimes mucho a tu recién nacido para favorecer su desarrollo

Aunque sientas que el recién nacido no te da reciprocidad. Aunque parezca que no se está enterando de nada. Necesita que lo mires, lo toques, lo mimes e interactúes mucho con él. Así puedes mejorar su desarrollo.

Autor: Macarena Orte
Los primeros días tras el nacimiento de nuestro hijo podemos sentirnos un poco desconectados de él. No habla, apenas gesticula y la única forma de llamar nuestra atención es a través del llanto. ¿Me querrá?, ¿Sabrá que soy su madre? Las dudas y los miedos nos asaltan. Tranquila, con el paso del tiempo os iréis adaptando el uno al otro y, para favorecer el vínculo y ofrecer experiencias bonitas a tu hijo desde el primer momento, te proponemos algunas pautas de la mano del fisioterapeuta Iñaki Pastor y de la psicóloga Jara Acín.

Favorecer su desarrollo

Poner al bebé bocabajo desde la primera semana de vida unos 5 minutos al menos 5 veces al día cuando esté despierto, y siempre bajo tu supervisión, puede ser muy beneficioso para su desarrollo. “Podemos estimular en esa posición con tacto o con sonidos o canciones e ir incrementando el tiempo bocabajo progresivamente para que el bebé sea capaz de desarrollar sus capacidades posturales y ver cómo a los 3 meses ya puede estar incorporado sobre los antebrazos y a los 6, sobre las manos con los brazos estirados, al tiempo que es capaz de girar perfectamente de bocarriba a bocabajo”, explican los expertos.

El afecto es tocar

El bebé desarrolla la sensibilidad táctil de arriba abajo, desde la cabeza hacia los pies. La boca es la primera zona que se le vuelve sensitiva y es lo que usa para explorarlo todo, sin importar lo peligroso que pueda llegar a ser. Las manos no empezará a utilizarlas para alcanzar objetos voluntariamente hasta las 16 semanas.
“Es importante tocarle las manos, los deditos, los pies, la espalda, la cara, los labios..., básicamente, seguir la invitación natural que sentimos cuando vemos a un recién nacido”, señalan Iñaki Pastor y Jara Acín.

Piel con piel, de una necesidad a una recomendación mundial

La necesidad vital del tacto para los lactantes neonatos ha sido ampliamente confirmada en el programa skin-to-skin (piel con piel) desarrollado en Colombia en los años ochenta ante la falta de incubadoras suficientes para los prematuros que iban naciendo. En este programa observaron que, al dejar al bebé prematuro, con unas condiciones de salud precarias debidas a la inmadurez, 24 horas al día desnudo en contacto piel con piel con el cuerpo de la madre, su regulación de temperatura era mejor que la de los bebés en incubadora e incluso su ganancia de peso y sus constantes mejoraban mucho más deprisa que los bebés en “cuidadores” artificiales. La investigación llegó más tarde a afirmar que una de las vías de desarrollo del sistema inmunológico del recién nacido era el contacto piel con piel. Esto ha llevado con los años a la aplicación de este programa en todo tipo de hospitales, incluso en los que tienen suficientes incubadoras.
¿Cómo practicarlo?
Pasa al menos una hora al día sin ropa en contacto con tu bebé. Cubriros por encima si hace fresco, pero permaneced en contacto. Verás que tú también te sientes bien. Está demostrado que los adultos segregan endorfinas (la llamada hormona de la felicidad) cuando están en contacto con los bebés.
“Toca a menudo sus manitas, parándote en cada dedito. Lo mismo con los pies. Acaricia alrededor de la boca, mejillas y cara. Realiza todo esto frecuentemente. Es maravilloso sentir la piel de un bebé”, apuntan los expertos.
Si das el pecho a tu hijo, deja que intente buscar el pezón. Haz lo mismo con el biberón. No se lo metas en la boca directamente, procura que primero le toque suavemente la cara para activar sus reflejos de búsqueda. “Esto puede tener efectos muy beneficiosos en la correcta integración de los reflejos primitivos e influir positivamente en la futura función de la boca para el habla”, comentan Iñaki y Jara.

Los masajes que no falten

Los masajes pueden ayudaros a ambos a crear un lazo hermoso. Tiene efectos extraordinarios para el niño y para la relación. Pero no olvides que no sustituye al tiempo piel con piel, ni a tocar con cierta firmeza cada parte de su cuerpo. Los masajes benefician su desarrollo físico y mental.

Siempre que puedas, llévalo en mochila y mantenlo erguido

Siempre que sea posible, traslada a tu hijo en una mochila, fular, pañuelo o algún sistema de porteo. Asegúrate de que tiene las rodillas bien separadas alrededor del cuerpo, es fundamental para proteger el correcto desarrollo de sus caderas. Al llevarlo encima, los movimientos de la cabeza del bebé promueven la maduración del sistema vestibular (relacionado con el equilibrio y el control espacial) y, gracias él, la buena programación de movimiento de los ojos, los reflejos de enderezamiento cervical y la programación de los sistemas de respuesta al estrés. Además, mejora su tono enormemente.
Incluso, trata de que esté en esta posición el mayor tiempo posible cuando está contigo. “Cuando el bebé está erguido se va formando una adaptación correcta a la gravedad y el sistema vestibular activa los reflejos de enderezamiento cervical que coordinan los músculos del cuello para mantener siempre la cabeza recta, aunque el cuerpo cambie de posición”, señala el fisioterapeuta Iñaki Pastor. Además, reduce las probabilidades de reflujo, previene la otitis porque facilita el drenaje del oído hacia la garganta y favorece la acción que los músculos del cuello tienen sobre el desarrollo de los huesos del cráneo.

La importancia de mecer al bebé

Bailar o cabalgar jugando sobre tus rodillas (cuando ya sea capaz de sostenerse perfectamente por sí mismo) son acciones de lo más naturales que surgen espontáneamente y que los mismos niños te piden. Mientras están encima, desequilíbralos jugando hacia los lados para que su cabeza tenga que reaccionar.
A la hora de cogerlo, no tengas miedo de que a tu bebé lo sujeten de una forma más activa. Necesita movimientos que despierten reacciones de equilibrio y enderezamiento. Estos cambios de posición por sorpresa son importantes para integrar bien este reflejo. “A veces manejamos a los bebés con exceso cuidado, con hiperprotección que les causa perjuicio, al no permitirles desarrollar el máximo de sus capacidades físicas por falta de estímulos”, aclaran los expertos.

Pantallas alejadas

Los bebés no deben interactuar con el móvil ni con ninguna otra pantalla al menos hasta los dos años. Y a partir de esa edad y hasta los cinco, cuanto menos accedan a estos dispositivos mejor y, en todo caso, nunca más de una hora al día. “Frena y pon límites a los ratos de televisión, tabletas o móviles. Moverse, saltar, rodar, tocar, sentir... construye más que estar en un sofá mirando una pantalla”, explican Iñaki y Jara.
Las pantallas también disminuyen el interés del pequeño por construir su espacio creativo y simbólico del juego. Si tienes hijos que utilizan estos dispositivos, habrás comprobado cómo después de un rato jugando con ellos es muy difícil que los abandonen por propia iniciativa. Que cambien de actividad será una fuente de discusión y se negarán a cualquier otra propuesta que les hagas. Para evitarlo, no hay nada mejor como no ofrecérselos.
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