Ser Padres

¿Cuáles son los riesgos de que el niño trague agua con jabón en la bañera?

¿Qué niño no ha tragado agua de la bañera mientras se encontraba bañándose? En ocasiones puede hacerlo por accidente (por ejemplo, al meter la cabeza en el agua), o de forma intencionada durante el juego. Sin embargo, es común que muchos padres se pregunten si puede suponer o no algún riesgo para su salud.

Al igual que posiblemente hacíamos nosotros cuando éramos pequeños, no hay duda que nuestros hijos disfrutan muchísimo del momento del baño, fundamentalmente porque se trata de un rato divertido en el que juegan y se “zambullen” ligeramente en el agua (sobre todo cuando podemos bañarlos en una bañera no muy llena, con relajante agua caliente y llega de espuma).
Sin embargo, los niños tienden a ser tan contradictorios como impredecibles por naturaleza, de forma que, en un determinado momento, pueden sorprenderte (o incluso horrorizarte) cuando de repente hacen algo que no te esperabas.
Durante el baño, y mientras juega, es posible que el pequeño intente introducir la cabeza en el agua, con el evidente riesgo puntual de que pueda acabar tragando agua sucia con jabón. Igualmente, también podría ocurrir que se encuentre jugando con alguna taza, vaso o cubo pequeño, lo llene de agua y se la tome.
Si bien es cierto que es fundamental mantener la calma cuando esto ocurre, es normal que nos preguntemos hasta qué punto es seguro, especialmente cuando suele repetirlo cada día y simplemente no podemos evitarlo del todo. ¿Qué riesgos supondría, y cómo podríamos conseguir que no lo vuelva a hacer?

¿El niño pequeño puede enfermarse por beber agua de la bañera con jabón?

Por lo general, beber agua de la bañera ocasionalmente no tiende a ser peligroso para los niños pequeños. Pero, evidentemente, no se trata de algo recomendable, ya que puede conllevar algunos riesgos y hacer que el pequeño se enferme y / o vomite.
Debemos tener en cuenta que, en realidad, podríamos encontrarnos con distintos elementos en el agua de la bañera que pueden acabar contaminando el agua, desde jabón a champú, pasando por materia fecal y, casi con total seguridad, algo de orina.
Foto: Istock

Cuando el niño pequeño bebe el agua de la bañeraFoto: Istock

Por tanto, dependiendo de lo que haya en el agua del baño, y sobre todo de la cantidad de líquido que nuestro hijo termine ingiriendo, es posible que pueda sentir luego cierto malestar estomacal, que podría manifestarse como dolor de estómago, diarrea o vómitos.
Aún cuando esto no podría probablemente originar una emergencia médica, en el caso de que el niño pequeño beba agua con heces sí podría representar un peligro para su salud. En el caso de la orina, sin embargo, al ser estéril, tragar un poco diluida con el agua del baño no representaría un gran riesgo.
Por suerte, dado que la mayoría de los padres están pendientes y presentes, lo más común es que acaben drenando y limpiando el baño rápidamente, para luego volver a bañar al pequeño en caso de ser necesario. Por lo que, originalmente, sería en realidad poco probable que un niño pequeño trague agua sucia cargada de heces, orina o bacterias.

¿Cómo podrían evitar los padres que el niño lo siga haciendo?

Es evidente que siempre debemos permanecer en el cuarto de baño por razones de seguridad, estando en todo momento pendientes del niño mientras se baña o, sobre todo, durante el rato en que se pone a jugar con el agua y con sus juguetes.
Dado que el agua de la bañera generalmente no sabe muy bien, en especial cuando se encuentra repleta de champú y / o jabón, lo más común es que el niño, al explorar su entorno y aprender sobre el mundo, tienda a probarla una única vez, para luego no volver a hacerlo más.
Sin embargo, cuando este acto tiende a repetirse cada día hasta casi convertirse en un hábito, es aconsejable enfatizar al niño que no debería hacerlo, pero sin necesidad de gritar o asustarse, ya que, de lo contrario, podríamos generar problemas aún mayores, hacer que lo vuelva a hacer más veces, o que simplemente no desee volver a bañarse más.
Lo ideal simplemente es detener ese comportamiento tan pronto como empiece, diciéndole con calma, pero con firmeza, que no se debe beber esa agua porque “el agua del baño no es para beber”. Luego, por ejemplo, podríamos preguntarle al niño si tiene sed, y explicarle la diferencia entre el agua que originalmente bebe, y el agua en la que juega o se baña.

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

tracking