Ser Padres

Señales de la inocencia de un niño

No hay sentimiento más genuino que la inocencia infantil. Y es que es algo que ojalá pudiéramos conservar toda la vida. No obstante, aunque en la edad adulta no tengamos esa ingenuidad tan característica de los niños, lo que sí podemos hacer es disfrutar de aquella que los más pequeños aún conservan. Fíjate en estas señales de inocencia que tienen tus hijos.

Cuando se dice que tener hijos te cambia, no solo lo hace con respecto a tener menos tiempo para todo, o a aumentar el número de responsabilidades, también lo es en relación a las lecciones de vida que te dan los niños cada día. Por muy pequeños que sean, no significa que no puedan ofrecer enormes y valiosos aprendizajes. ¿Y cómo lo hacen? Muy sencillo, todo gracias a su inocencia.
Esa inocencia que es, sin duda, mágica, y que por desgracia no puede preservarse durante toda la vida. Por eso es trabajo de padres ayudar a conservarla cuando es necesario y, por supuesto, aprender de la que sus hijos les brindan cuando ni siquiera son apenas conscientes de ello. Ya tendrán tiempo de perderla de manera natural, no tendremos que intervenir en ello, será parte de su proceso de maduración.
La inocencia de los niños no tiene precio, no puede comprarse ni venderse, pero sí tiene un infinito valor. De los más pequeños se puede aprender cada día del año y como padres, lo mejor que se puede hacer es valorar, apreciar y disfrutar de su candidez. No habrá sentimiento más genuino que este.

Señales de la inocencia infantil

Si prestas atención a algunos de sus gestos cotidianos te darás cuenta de cómo su inocencia está más que presente en ellos. Observa estas señales:
Su mirada
Fíjate en su mirada y comprobarás como en ella no podrás encontrar maldad. De hecho, te transmitirá paz y, sobre todo, confianza. Y es que, la inocencia se aprecia en una mirada limpia, aquella que contempla desde el asombro. No hay nada como esa capacidad de sorpresa por la que se caracterizan los niños.
Su curiosidad
Una de las cualidades infantiles más evidentes es la de querer curiosear todo. Especialmente cuando empiezan a dejar de ser bebés como tal y comienzan a explorar su entorno a conciencia. Y es que, se convierten en pequeños “exploradores” allá por donde van. Que si abren botellas, cajas, armarios, ventanas… Hay que vigilar a los más pequeños enormemente también porque su curiosidad es mucho más grande que el conocimiento de que algo malo les puede suceder.
Su capacidad de perdón
Es posible que alguna vez tengas un día algo más complicado. Es completamente normal en cualquier persona. Pero si coincide con aquel en el que tu hijo no deja de tener rabietas o de estar un poco más irritado de lo habitual puede ser que sin querer le grites de más porque no tienes el mejor humor. Aunque se ponga a llorar, probablemente pronto se le pasará porque su inocencia le hará perdonarte enseguida.
Su ausencia de prejuicio
De esto nos daremos cuenta cuando esté rodeado de niños de su edad o de otras personas en general. Su mayor intención y casi que la única es querer pasárselo bien y jugar por lo que actuará con los demás sin interponer prejuicios.
Su ilusión
Esta característica a la que a los niños les nace de manera innata, deberíamos intentar conservarla en la edad adulta. Y es que no hay nada mejor que tener siempre la necesidad de aprender, de sorprenderse, de improvisar, de tener ocurrencias increíbles y, en definitiva, de tener ilusión.

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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