Psicología infantil

Discutir delante de los hijos no es malo

En este artículo, Leticia Garcés nos explica por qué discutir delante de los hijos, sin gritos, se convierte en una estrategia útil para que ellos también se entiendan.

¿Por qué recomiendo discutir delante de los hijos? Porque entiendo que cuando dos adultos discuten, se esfuerzan por entenderse, intentan escucharse y ponen de su parte para llegar a un acuerdo donde a veces cede uno y otras veces el otro, incluso según el tema, toma la decisión uno de los dos confiando en su buen criterio.

¿Qué mal le puede hacer a un hijo ver cómo dos personas practican las distintas competencias emocionales cuando surge un problema de comunicación? Está claro que, si esto te parece una utopía y en tu caso no se cumple, el problema no es que a tus hijos les puede hacer daño verte discutir, sino que a ti te hace daño discutir sin competencias emocionales, dejándote llevar por tu enfado sin poder gestionar tu rabia para poder explicar realmente lo que te preocupa.

Discutir delante de los hijos no es malo
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Soy consciente de que no es fácil discutir bien cuando te sientes mal,  pero muchas veces les exigimos a los hijos que no se peleen ni se griten incluso aplicando castigos cuando riñen por el mando de la televisión y lo cierto es que si aplicáramos el mismo criterio entre los padres muchos no saldrían de su habitación como consecuencia de su mal comportamiento. ¿Te imaginas? “¿Dónde está papá o mamá? Castigado en la habitación por haber gritado”. 

Lo sé, suena ridículo pensar en castigarnos como padres por no saber comunicarnos con respeto, pero a veces ayuda mucho poner ejemplos absurdos para entender que si bien de esta manera es difícil mejorar las competencias emocionales, nuestros hijos tampoco lograrán gestionar mejor su  frustración porque apliquemos este tipo de consecuencias sin lógica ninguna.

Muchos padres me dicen, “me gustaría no llegar a gritar a mis hijos así” o “me gustaría no enfadarme tanto con mi pareja cuando les corrige de una manera con la que no estoy de acuerdo”. Ante esto tengo que decir que valoro mucho el deseo de mejorar las competencias parentales pero la actitud es una cosa y la aptitud otra, esto segundo se entrena y en la medida que se actualizan los conocimientos sobre lo que sí beneficia a la crianza podemos mejorarla. Y sí se puede, primero se desea, hay que tener la intención de mejorar y luego nos ponemos manos a la obra.

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No intentes no gritar

Tus emociones son como una olla a presión, todo lo que intentas que no salga se acumula y cuando ya no puedes contener más presión por algún lado tiene que salir. Cuando intentas no gritar acumulas sensaciones desagradables que se suman a otras que puede que no hayan salido antes, por eso surgen los reproches, porque no se han dicho muchas cosas y cuando se dicen ya huelen a podrido. Por lo tanto, es mejor que grites no que le grites, pero pon palabras conscientes y da media vuelta. “Ahora estoy muy enfadada con la situación, no voy a seguir hablando de esto porque no voy a lograr decirte bien lo que siento”.

No saques trapos sucios

Frases que hacen alusión a experiencias pasadas unidas a temas actuales hace insoportable el ambiente e imposible la conversación. Si hay un tema del que no has hablado, que no le quite protagonismo al que acabas de sacar porque seguramente no atiendas bien ninguno de los dos. Habla de lo que acaba de suceder y expresa tu intención de hablar de lo que tienes pendiente “me gustaría hablar contigo también sobre algo que sucedió el martes que necesito resolver…”.

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No le digas lo que hace mal

Muchas veces tendemos a juzgar la conducta de la pareja desde nuestro punto de vista, por ejemplo, si yo estoy tranquila y veo como mi pareja grita a nuestra hija quizás le diga, “no le grites así a la cría” y quizás me toque escuchar “si te pones de su lado me quitas autoridad”.

Realmente esto no sería un problema porque la autoridad es difícil quitarla, más bien se pierde cuando uno no actúa desde el respeto, pero lo cierto es que cuando se hacen este tipo de comentarios no tenemos en cuenta el estado emocional de la pareja y que en ese momento cualquier comentario que se le haga puede aumentar su malestar, por lo tanto, más que calificar su comportamiento, ayúdale a apagar el fuego que está sintiendo, échale un cable, quizás si siente que tu intención es ayudarle a manejar la situación no reaccione así.

No regañes a tu pareja

Parece surrealista, pero es muy habitual, lo he visto varias veces “parece que tengo tres hijos, mi marido se comporta como un crío más” o “su madre no hace más que consentirlo”. Este tipo de comentarios hace que actuemos por libre, sin coordinarnos ni intentar entendernos.

Lo queramos o no, vamos en el mismo barco, a veces uno lleva el timón y cuando uno descansa delega la navegación en el otro desde la confianza de que todo irá bien, vamos juntos, hacia un mismo destino, un mismo objetivo y cuando las aguas están turbulentas tenemos que ponernos de acuerdo porque nuestros hijos navegan con nosotros y este barco no se puede hundir.

No tires la toalla, a ser pareja también se aprende

La separación no es un problema cuando la relación de pareja es inexistente, pero hay relaciones que funcionaban muy bien hasta experimentar la paternidad, ahí empezaron las discusiones porque se conocían de muchas maneras pero la faceta de madre y padre es nueva para todos, por lo tanto puede que de repente convivas con un desconocido, tu pareja actúa diferente como padre y quizás jamás imaginaste que actuara así. 

Es normal, estáis adquiriendo un nuevo rol y además nada fácil por todas las emociones que se van despertando. Pero creedme a ser pareja también se aprende y a ser equipo educativo ni te cuento. Quizás hay que pedir ayuda y dejarse ayudar por un profesional porque crear una familia juntos es un gran reto para el que a veces, cuatro manos no son suficientes.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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