Ansiedad por separación

Mi hijo rechaza a todos los que no son sus padres, ¿por qué?

La ansiedad de separación se puede producir en distintas etapas de la niñez, desde los nueves meses hasta toda la etapa preescolar, y es un momento delicado también para los padres porque les genera ansiedad también a ellos.

Padre e hija (Foto: iStock)
Padre e hija (Foto: iStock)

Hay etapas en las que los niños no quieren quedarse con alguien que no sean su padre o su madre. Ni los abuelos, ni sus tíos, ni unos amigos de confianza, ni tampoco en clase. Esta situación, llamada vulgarmente “ mamitis” o “papitis” aguda, se conoce como “ansiedad de separación”, y puede darse en distintas edades.

En todos los casos, esta etapa es pasajera, si bien puede alargarse más o menos en el tiempo dependiendo de cada contexto y de cómo actúen los padres del pequeño que sufre dicha ansiedad. Es necesario, según los expertos, aplicar la paciencia, el sentido común, mano izquierda y, sobre todo, mucho cariño y comprensión. Aunque parezca una situación incomprensible, sobre todo cuando aparece de repente, debemos legitimarla y aceptar que ocurre, no negarla ni afrontarla desde la frustración. 

Según la American Academy of Pediatrics, la ansiedad de separación puede ocurrir a partir de los 9 meses de edad -en algunos casos, un poco antes-, que es el momento en el cual el niño se da cuenta realmente de que papá, mamá o ambos se han ido. “Puede ser peor si su bebé tiene hambre, está cansado o no se siente bien”, indican desde la AAP, que también establece dos momentos más en los que puede aparecer este rechazo a quedarse sin sus padres de un niño: a los 15 o 18 meses de edad, “medida que los niños desarrollan la independencia durante la infancia suelen ser aún más conscientes de las separaciones”, y en peques en edad preescolar, desde los 3 años alos 5 años de edad, porque “ya comprenden más claramente el efecto que su ansiedad o las súplicas de separación tienen sobre nosotros”, añaden desde la AAP. En este último contexto, los niños suelen mostrar una especie de enamoramiento de su madre o de su padre y todo lo quieren hacer con ellos. 

Ansiedad por separación

En todos los casos, los expertos coinciden en señalar las mismas características en un niño que sufre ansiedad de separación: ruidoso, con lágrimas y difícil de controlar, y los factores por los que ocurre son variados. En general, es una fase por la que todos los niños pasan, y los expertos la achacan a una falta de seguridad en sí mismos según van siendo conscientes de su autonomía.

Lo que ocurre es que hay pequeños que la tienen con ambos padres -lo que no quieren es quedarse sin al menos uno de ellos cerca- o que la sufren solo con uno de los progenitores. En este caso, suelen rechazar al otro progenitor, generando también una sensación difícil de gestionar y asimilar para ambos, tanto para el rechazado como para el aceptado. 

Pero la falta de seguridad no viene dada siempre por la misma causa. Esta depende del momento evolutivo del niño y de sus circunstancias. Por ejemplo, puede ocurrir algo en sus vidas que desencadena una etapa de ansiedad de separación. Las más comunes son la llegada de un hermano o hermana, el inicio de la escuela infantil o el colegio, una enfermedad, un cambio en la rutina de los papás que le obliga a quedarse con alguien a su cuidado que no son ellos -al reincorporarse al trabajo, por un cambio de turno, etc.-, o un cambio de domicilio. 

Si la ansiedad de separación aparece en un niño mayor de las edades descritas, podría haber otro problema, generalmente más grave, como el acoso escolar (o bullying) o los malos tratos, por lo que es importante intervenir cuanto antes y tratar de que el niño se sienta arropado y pueda transmitir qué le ocurre para intentar ponerle remedio cuanto antes. 

A excepción de ese último caso, que tiene connotaciones específicas, la duración de la ansiedad de separación varía dependiendo de cada niño y de cómo respondan sus padres. Y también puede variar su intensidad y, por lo tanto, su gravedad. 

Cómo ayudarles a superarlo

Sea por el motivo que sea, solo se calman cuando les atienden la persona que demandan con insistencia. Quieren su atención al instante y solo para ellos. Y la recomendación de los expertos es atenderles porque necesitan sentirse seguros. A partir de ahí, con comprensión y cariño, se les debe intentar calmar y hacerles entender qué les está ocurriendo, siempre y cuando sean niños en una edad en la que lo pueden entender. 

Si no lo son, toca armarse de paciencia y tratar de limitar al máximo las consecuencias de una etapa que genera también ansiedad en los padres, especialmente cuando no les queda más remedio que separarse de sus hijos y dejarles con alguien a su cargo. Para conseguirlo, es importante fomentar que el niño recupere, si es que la ha perdido, o genere por primera vez la misma confianza que tiene con sus padres con otras personas de su vínculo de confianza con las que va a pasar más tiempo sin sus padres. Primero haciéndoles parte de dicho círculo y, poco a poco, dejando cada vez más espacio y distancia. 

Lógicamente, esto es mucho más difícil de conseguir si hay un cambio brusco que obliga a ello. Pero siempre que sea posible anticiparse al cambio, es mucho más probable que se pueda limitar la ansiedad de separación. 

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