Personalidad

Mi hijo es un borde: aplica las 3 F's para ayudar a un niño antipático

Timidez, desconfianza, deseo de reafirmación, pereza, hastío, alta autoestima, baja autoestima... Puede haber múltiples razones detrás de un niño antipático.

Contestan mal, con monosílabos, están de morros… Cuando son más pequeños suelen llorar por todo, les parece mal lo que se les propone, a priori sueltan una negativa… A veces en casa, a veces sólo con extraños, a veces en el colegio. Muchas veces nuestros hijos son antipáticos, desagradables, bordes… ¿Cómo abordarlo?

“Dependiendo de la etapa, y siempre contando con que existen unos rasgos de personalidad, cuando hablamos de adolescentes estos comportamientos son inherentes a la etapa evolutiva”, explica la psicóloga y orientadora educativa Laura Martín de la Plaza. “Si hablamos de niños y apreciamos un temperamento más retraído, cortante o seco debemos observar dos cosas: una, si es con una persona en concreto o con todos y, por otro lado, los momentos en los que está más participativo y los que no”.

En otras circunstancias sucede que hay niños con comportamiento ciertamente antipático. Algo que puede deberse “a actitudes de los padres que los niños observan y que acaban convirtiéndose en comportamientos aprendidos”, añade Martín de la Plaza. Y puede suceder, añade, que “un exceso de autoestima suponga un comportamiento altivo que haya que regular”.

Comprender y solucionar

No se trata de tolerar el aislamiento y las malas contestaciones, si no de entender qué lo está fomentando y ofrecerle una alternativa de respuesta social adaptativa como modelo. La también orientadora educativa en Educ-At, anima a los padres a aplicar estos tres puntos:

  1. Establecer un vínculo afectivo positivo con el que estén cubiertas todas las necesidades que un niño pueda tener.
  2. Valorar si está copiando algún modelo que en casa actúe así.
  3. Observar si hay modeladores externos que estén influyendo en ese comportamiento: ¿Está consiguiendo algo positivo (nuestra atención, algún tipo de chantaje, ceder ante castigos...)?

¿Cuando habla se le desautoriza o ridiculiza? Como padres, añade la experta, “debemos tener un punto de aceptación sobre la personalidad de nuestro hijo, rebajando así nuestras expectativas de que sea o se comporte como nosotros deseamos”.

Igual que durante la etapa escolar, el ámbito académico es el que (erróneamente) más peso cobra, en la etapa adulta la capacidad de conversación y manejo de relaciones sociales se vuelven fundamentales. “Puede que sea porque al principio nuestro hijo sea tímido, más reservado, que tenga miedo al qué dirán, pero detrás de todo eso hay que valorar la visión realista de la situación, tener un entorno que fomente la comunicación oral; y variables como la seguridad en sí mismo y una adecuada autoestima que le alejarán de emitir respuestas defensivas ante el entorno y que le penalizarán en la sociedad”, concluye.

Aplicar las 3 Fs

Como siempre, hay que tener en cuenta la individualidad de cada niño. Sin embargo, Laura Martín de la Plaza Psicóloga general sanitaria y Orientadora educativa en Educ-at, recomienda aplicar Las 3 Fs:

Facilitar la comunicación. Variar de temas, no hablar sólo de colegios y no sacar temas si está haciendo tareas o jugando. Cuantos menos estímulos externos haya (móvil, tv...) mejor.
Fomentar el refuerzo positivo. Prestadle toda vuestra atención, dile cosas como “me encantaría saber”, “me parece muy interesante”, “qué buena idea”, “me gusta mucho cuando hablamos”...
Formarles. Vosotros tenéis que ser su modelo de referencia pero aceptando siempre la forma de ser de vuestro hijo.

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