Ser Padres

¿Por qué mi hijo ya no come cosas que cuando era más pequeño le gustaban?

No se trata de un trastorno alimentario, y tampoco debéis perder la paciencia por ello, ya que tiene relación con el desarrollo del niño a partir de los cuatro aproximadamente, que es cuando este comportamiento suele ocurrir.

Tu hijo tiene dos añitos y come de todo. Avanza hacia a los tres y la cosa sigue sobre ruedas porque os lo habéis currado al proporcionarle una dieta variada y saludable y al pequeño le gustan todos los grupos de alimentos. Os las prometéis muy felices y, de repente, sopla las cuatro velas y empieza a decir no a probar algunas cosas, y otras las admite pero tuerce el gesto y las rechaza a la primera. ¿Qué pasa? ¿Por qué ya no quiere probar cosas nuevas ni comer platos y alimentos que antes disfrutaba?
La respuesta, en la inmensa mayoría de los casos tiene que ver con el momento de su desarrollo. Entre los seis meses y los dos años, cuenta el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, el cerebro “está especialmente preparado para probar todo tipo de alimentos”. Esto se suma a su deseo por explorar; no en vano es la época en la que intenta meterse todo en la boca, así que cuantos más alimentos pruebe, mejor, más aceptará de buen gusto. De hecho, esta etapa es uno de los motivos por los que ha proliferado tanto el Baby Lead Weaning, la alimentación complementaria sin pasar por los purés y cremas, todo sólido.
Sin embargo, expone Bilbao, “alrededor de los 3-4 años de edad los niños comienzan a desarrollar el paladar emocionar”. Por ello, añade el especialista infantil, “Discriminan mejor los sabores, las texturas y su pequeño cerebro empieza a ordenar y priorizar las cosas que les gustan más y devaluar las cosas que les gustan menos”. Y por este mismo motivo también rechazan lo que les resulta desconocido, de ahí que sea interesante que prueben muchos alimentos antes de llegar a esta edad.

El cerebro manda

No se trata, por lo tanto, de un trastorno alimentario, sino de una cuestión relacionada con el cerebro. No hay que confundir este comportamiento con la neofobia alimentaria, un trastorno este sí de tipo alimentario que define el rechazo de alimentos por motivos como la apariencia, el sabor, el olor, la textura,  o experiencias negativas previas, entre otros. Esta última es muy habitual en los niños más pequeños, entre los dos y tres años, y se puede prolongar en el tiempo, pero la diferencia es de base: nunca ha aceptado dicho alimento o grupo de alimentos; no es que los comiera y ya no lo hace.
En ambos casos, la solución pasa por aceptarlo y tratar de ponerle remedio con dos medidas fundamentales: crear experiencias positivas en torno a la comida y proporcionándoles siempre acceso a todos los grupos de alimentos saludables, insistiendo en ello. No obligándoles -hay numerosos estudios que coinciden en afirmar que el cerebro tiende a bloquearse ante una orden y a rechazar lo que nos proponen-, sino ofreciéndolos; esto es, que los vean a diario y observen como los demás miembros de la familia predicáis con el ejemplo.

Cómo crear una experiencia positiva con la comida

Entre las experiencias positivas, algunas de las más eficaces son las siguientes:
  • Comer todos juntos en familia.
  • Implicarles en la compra y en la cocina.
  • Variar la presentación de los mismos alimentos.
  • Enseñarles en el supermercado o en casa todos los alimentos y dejar que los toquen -esto último, en casa-, sobre todo las frutas y las verduras, que son las que más rechazan.
  • Ponerles raciones pequeñas para reforzar su autoestima cuando se la acaben. Si lo consiguen, basta con ampliar la ración en próximas ocasiones o dejar que repita si el niño lo desea.

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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