Mantenerse en forma

¡Ligera y relajada! Consejos para practicar natación en el embarazo

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La piscina es un medio ideal para hacer ejercicio durante el embarazo. Te contamos todas las ventajas de la natación y algunos trucos para practicarla con seguridad durante el embarazo.

Premamás en el agua

Dentro del agua, la futura mamá se siente ligera y relajada a pesar de la tripa, y deja de notar durante un rato la tensión de la espalda. Como el cuerpo pesa menos, puede realizar, sin apenas esfuerzo, movimientos que fuera del agua le costarían mucho. Además, la presión que ejerce el agua le impide hacer movimientos bruscos y, por tanto, sufrir posibles traumatismos. Un rato de natación suave o de gimnasia acuática tiene muchas otras ventajas:

  • Mejora el tono muscular, ya que el agua ofrece una resistencia que obliga a trabajar piernas, glúteos y pelvis.
  • Estimula la circulación de la sangre, que se ve favorecida por la posición horizontal que se adopta al nadar. En consecuencia, previene las varices, la hinchazón y los calambres.
  • Aumenta la resistencia pulmonar al trabajar de forma aeróbica (es decir, sin fatiga).

¿En qué estilos puedo nadar en el embarazo?

Si el ginecólogo no ve contraindicaciones, la embarazada puede nadar a espalda, crol y braza. Ahora bien, a medida que aumenta el tamaño de la tripa es necesario ir modificando las posiciones del cuerpo y los diferentes estilos.

  • La espalda: es un buen estilo para quienes nadan de vez en cuando. En el tercer trimestre conviene hacerlo en una posición semisentada, con la tripa hundida, para que el peso del bebé no limite la circulación materna.
  • El crol: puede resultar más complicado por la coordinación y quizá sea el que más cansa, pero ofrece el beneficio cardiorrespiratorio más completo.
  • La braza: trabaja de forma más concreta glúteos, abductores y periné, aunque hay que prestar especial atención a las extensiones de la zona lumbar. Si molesta, es mejor en posición dorsal.

Conviene hacer paradas para relajarse flotando boca arriba. Para estar más cómoda, se puede colocar un churro de gomaespuma bajo las rodillas y otro debajo del cuello.

¿Hasta cuándo podré bañarme?

Los especialistas no se ponen de acuerdo. Unos defienden que nadar es bueno hasta el mismo momento del parto, ya que precisamente al final del embarazo es cuando más se necesitan los beneficios del agua. Otros, sin embargo, recomiendan abandonar la actividad en el octavo mes, ya que a partir de entonces existe mayor riesgo de perder el tapón mucoso durante el ejercicio, sin ser consciente. Lo mejor es hacer caso al ginecólogo y al sentido común.

Preparación al parto

El agua es un medio idóneo para mantenerse en forma en el embarazo y prepararse para el parto. En los cursos de natación para embarazadas la futura mamá encontrará un espacio tranquilo y adaptado a su estado, con profesionales cualificados que ajustarán la actividad física a sus necesidades específicas. Se suelen dar clases de una hora, estructuradas en calentamiento inicial, un rato de ejercicios con natación y una parte final de relajación.

Precauciones en el agua

La natación durante el embarazo es saludable, pero usa siempre el sentido común y sigue estas recomendaciones:

  • Dúchate antes de meterte en el agua para evitar cambios bruscos de temperatura.
  • Entra lentamente en la piscina por las escaleras, de espaldas al agua y con cuidado para evitar los resbalones.
  • No te bañes en el mar si el agua está fría, sucia, hay olas altas o mucha gente.
  • Realiza la actividad de forma progresiva, comenzando por un calentamiento.
  • No excedas de 140 pulsaciones por minuto.
  • Evita las apneas (buceos prolongados) y nada siempre en compañía.
  • Dúchate al salir y quítate el bañador mojado.
  • Pon una toalla seca sobre el borde de la piscina o la arena antes de sentarse.
  • Fuera del agua, usa calzado de goma que sujete bien.

¿Cuándo está desaconsejado nadar?

Tu ginecólogo puede prohibirte realizar esta actividad en alguno de estos casos:

  • Embarazo de alto riesgo.
  • Amenaza de parto prematuro.
  • Placenta previa.
  • Retardo en el crecimiento uterino.
  • Problemas vasculares.
  • Dilatación del cuello del útero.
  • Haber expulsado el tapón mucoso o sufrir una enfermedad de la gestación incompatible con el ejercicio.

Y si vas a la playa…

Los largos paseos descalza por la orilla del mar son una auténtica medicina para los tobillos hinchados. El continuo masaje de arena y agua que reciben los pies favorece el drenaje y la reabsorción de líquidos, y facilita el retorno venoso. Además, si se realizan a un ritmo moderado, también se beneficia el aparato cardiorrespiratorio. Eso sí, toma algunas precauciones:

  • Mantente bien hidratada (bebiendo agua en abundancia) y protege tu cabeza y el cuerpo con crema solar de protección alta, ya que la piel ahora está mucho más sensible.
  • Si te bañas, hazlo acompañada y que evita las zonas donde no haces pie, para poder reaccionar si te diera un calambre.


Asesora: Ana Braso, monitora especialista en natación para embarazadas del centro Chapoteos, Madrid.

 

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