Amigdalitis en niños

Amigdalitis bacteriana: tratamiento médico versus tratamiento quirúrgico

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Durante décadas el tratamiento quirúrgico de la amigdalitis bacteriana en la población infantil era lo habitual, actualmente ¿qué se recomienda?

Amigdalitis bacteriana: qué es, por qué pasa y tratamiento

El proceso patológico conocido por amigdalitis aguda se caracteriza por la inflamación de las amígdalas palatinas. Las amígdalas forman parte del anillo de Waldeyer, un conjunto de conglomerados linfocitarios en la entrada de la vía aero-digestiva que incluyen a las adenoides o “vegetaciones”, a la amígdala lingual y al tejido linfoide que rodea a la trompa de Eustaquio. El anillo de Waldeyer forma parte a su vez de una estructura de mayor orden conocida como MALT de sus siglas en inglés y que puede traducirse por “tejido linfoide asociado a mucosas”. Otros componentes del MALT incluyen las placas de Peyer en el tubo digestivo, el tejido linfoide asociado a la fosa nasal y al árbol respiratorio bronquial entre otros. Todos ellos son capaces de producir 5 gramos de moléculas defensivas conocidas como inmunoglobulinas, especialmente inmunoglobulina A, que constituyen el principal mecanismo de defensa de las mucosas del organismo en respuesta a los antígenos de los alimentos, de los microorganismos o de otras partículas inhaladas o ingeridas a diario.

Los niños con amigdalitis aguda bacteriana se caracterizan por la aparición súbita de fiebre, dolor de garganta, dificultad para tragar (disfagia), dolor en la deglución (odinofagia) e inflamación de los ganglios linfáticos cervicales. Las complicaciones de las amigdalitis bacterianas agudas incluyen la aparición de abscesos (periamigdalino, retrofaríngeo o parafaríngeo), la escarlatina, la glomerulonefritis aguda, la fiebre reumática y el síndrome del shock tóxico estreptocócico que, en algunas ocasiones, puede llegar a ser mortal.

 

El diagnóstico de la infección por EBHGA suele ser clínico aunque la sensibilidad de guiarse solo por los síntomas no es muy alta y en ocasiones puede llevarnos a confundir un proceso viral con una infección bacteriana. El test del antígeno rápido estreptocócico (“estreptotest”) y, en especial, el cultivo de un frotis amigdalar constituyen el gold standard para el diagnóstico del SBHGA aunque su coste y la falta de accesibilidad a los mismos hace que no siempre sea posible realizarlos.

La infección por EBHGA es subsidiaria de tratamiento con antibióticos para prevenir la aparición de complicaciones, para mejorar los signos y síntomas clínicos, para reducir la transmisión a contactos cercanos y para minimizar los potenciales efectos adversos de un uso inapropiado de las terapias antimicrobianas, especialmente la aparición de resistencias a los antibióticos convencionales. La administración durante un periodo de 10 días de penicilina oral es el tratamiento antibiótico de elección debido a su seguridad, eficacia, espectro antibiótico limitado y bajo coste económico. Otras tratamientos de probado éxito terapéutico incluyen la amoxicilina con o sin ácido clavulánico, las cefalosporinas, los macrólidos, la clindamicina, la vancomicina y la rifampicina. La mayoría de los casos de amigdalitis aguda son autolimitados y mejoran en 3-4 días, por ello, la mayoría de las guías de actuación aconsejan un periodo de “espera vigilada” de 72 horas antes de decidir prescribir un antibiótico sin que ello menoscabe el riesgo de aparición de complicaciones. Durante este periodo pueden usarse analgésicos y antiinflamatorios así como tratamientos naturales que incluyen la echinacea, la árnica montana o la belladona. Los gargarismos con agua templada y sal han mostrado su eficacia, aunque no son fácilmente realizados por niños menores de 4 años.

Durante años las indicaciones de la amigdalectomía, el procedimiento quirúrgico para extirpar las amígdalas, incluían situaciones tan dispares como la enuresis nocturna, el bajo peso o el retraso mental y en EEUU se llegaron a realizar más de un millón de intervenciones anuales en los años 50. Ello llevó a un considerable rechazo en la opinión pública y en la clase médica. Actualmente son candidatos a esta intervención niños con infecciones recurrentes por EBHGA con más de 7 episodios en 1 año, 5 en dos años consecutivos o 3 en tres años consecutivos. La intervención se realiza bajo anestesia general mediante técnicas diversas (radiofrecuencia, láser CO2, ultrasonidos, etc). El postoperatorio muestra una elevada morbilidad caracterizada por la aparición de dolor, dificultad en la alimentación y la aparición de sangrado en un porcentaje global del 1-4%. La influencia de la cirugía en el sistema inmune del niño es residual como han demostrado la publicación de metaanálisis en el último año, sin embargo, la opción quirúrgica debe reservarse para los casos donde la calidad de vida del niño está comprometida.

 

El doctor F. Javier Hernández Calvín es Profesor Asociado de Medicina de la Universidad Europea y Jefe Unidad ORL Pediátrica. Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirón-Madrid.

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