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''Déjame en paz'': ¿qué hacer si tu hijo no te presta atención cuando hablas?

'Olvídame', 'Déjame en paz' o, simplemente, el silencio más absoluto. Muchas veces, nos hacen caso omiso cuando intentamos hablar con ellos. ¿Qué podemos hacer?

“Cuando hablo a mi hijo, parece que estoy hablando con una pared”. ¿Te suena este escenario? Seguro que en más de una ocasión has intentado decir algo a tu hijo y él ha hecho caso omiso: ha seguido jugando o a lo suyo.
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Es, de hecho, una de las dudas más planteadas en las consultas de psicología infantil. ¿Qué podemos hacer para que nos haga caso cuando le hablamos?
Algo que ocurre con muchos adolescentes que consideran ‘pesados’ a sus padres. Pero que, curiosamente, también ocurre con muchos niños pequeños. “Tengo que repetirle las cosas mil veces hasta que hace caso”; “le digo que tiene que recoger sus juguetes y es como si no le hubiera dicho nada”. Te suena, ¿verdad?
Te diremos que sí, que hay una serie de tácticas o técnicas que funcionan a la perfección con esos niños pequeños que, a menudo, tienden a no atender a sus padres. Pero, antes, déjanos decirte que la atención tiene un tiempo estipulado y que la capacidad de atender varia, entre otros, en función de la edad del niño.

¿Por qué mi hijo no me presta atención?

Antes de pasar a describir esos trucos, hemos de recordar (o informar) de que no se nace sabiendo lo que es la atención. Es algo que se va desarrollando con el paso del tiempo, a medida que el niño va madurando.
Es algo que los padres podrán comprobar poco a poco: mientras el bebé no es capaz de concentrarse en ninguna actividad específica, a partir de los 3 o los 4 años, los niños ya podrán permanecer alrededor de 30 minutos jugando a la misma cosa, mientras que a los 5 o 6 años ya serán capaces de estar atendiendo a la misma actividad durante más de una hora.

¿Qué hacer para que tu hijo te presente atención?

Teniendo en cuenta que no es lo mismo dirigirse a un niño de dos años que a uno de seis, aquí van algunos trucos que os pueden ayudar a que no os digan ‘déjame’ o, simplemente, pasen a tener ‘sordera selectiva’:
  • Si lo que tienes que decir es importante, llámalo por su nombre directamente. Mírale a los ojos, diciendo su nombre y, si es necesario, bajándote a su altura para mirar directamente a los ojos. Si él también te está mirando, al menos durante ese instante estará prestándote atención
  • No te enrolles con largas charlas: ten en cuenta que la atención de los niños es muy limitada y selectiva, así que no pierdas el tiempo con largos argumentos que, quizás, ni siquiera son capaces de entender. Sé claro y conciso en lo que quieras decir
  • A medida que vas hablando con él, intenta cerciorarte de que no ha perdido el hilo: “¿me estás entendiendo?”, “¿Hay algo que no hayas comprendido?”, “¿Te parece bien lo que estoy diciendo?”
  • Si vas a regañarle por algo que ha hecho mal, no le critiques, utiliza técnicas de gestión emocional para contarle los sentimientos que te ha producido ese comportamiento, o las consecuencias tan graves que puede tener, en lugar de regañarle con malas palabras
  • Asegúrate de que está atendiendo cuando vayas a dirigirte a él: teniendo en cuenta que esa atención es selectiva y dura un tiempo determinado, asegúrate que en el momento en el que quieres decirle algo, estará preparado para hablar

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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