Ser Padres

Empezar a cumplir las normas

Hasta ahora, nuestros hijos eran libres de cumplir ciertas normas sociales: podían comer con las manos, bajarse los pantalones, tirarse pedos... Pero es el momento de aprender algunas reglas.

Autor: Iván Moreno
Entonces nos entra la prisa y queremos que respete todas las normas de una vez. O no hacemos nada y seguimos riéndole los pedos hasta los diez años, cuando la cosa tendrá difícil solución. Ninguno de estos dos extremos es bueno.
Hay un momento para cada cosa, y está claro que no podemos obligarle a usar el baño antes de controlar esfínteres, ni a utilizar los cubiertos antes de tiempo. Tenemos que esperar a que afiance sus habilidades y entonces, poco a poco, enseñarle a respetar las reglas para que sea un niño adaptado. Pero, ¿qué reglas están listos para respetar? Analizamos algunas situaciones delicadas y vemos si ha llegado el momento de introducir la disciplina.

Servirse primero (...el trozo más grande)

Los adultos charlan en torno a una mesa de café y esperan que alguien coja el primer pastelito de la bandeja. Pero no hay que esperar más, para eso está nuestro hijo de tres años y medio. En cuanto divisa los dulces se lanza coger el más grande y codiciado. O peor aún, lo coge y, tras darle dos mordiscos estratégicos, lo deja de nuevo en la bandeja para coger otro.
Hay muchas variantes, pero cualquiera de ellas produce mucho bochorno, por más que los asistentes se empeñen en reír y quitarle importancia al asunto.

Pipí, ¿en cualquier parte?

'Estábamos con en una terraza de verano y nuestro hijo se bajó los pantalones y se puso a hacer pipí en un árbol. Pero el árbol estaba junto a otra mesa en la que comía una familia', cuenta Claudia.
Sintió vergüenza y regañó a Gustavo delante de la familia afectada. El niño se sintió confundido cuando su madre le regañó. ¿No habían quedado en que era bueno regar los árboles?

Carreras por el hospital

Hay comportamientos que rebasan la educación y se convierten en cuestiones de respeto. Es el caso de las carreras por los pasillos de un hospital, una residencia de ancianos o una biblioteca.
Suelen ser lugares atractivos para correr, desde luego, una invitación al patinaje artístico. Pero la prohibición no es por gusto.

Pedos y eructos

Lo que de pequeños nos parece incluso saludable, nos resulta inadmisible en un adulto. Pedos y eructos son la cuestión más fisiológica, más tabú, más graciosa... y más desagradable cuando se hacen mayores.
Qué hacer

No hay nada como la naturalidad para tratar estas cuestiones. La solución es no cersurarlas pero tampoco hay que favorecerlas. Hay que explicarles claramente dónde pueden hacerlas y dónde no.

Comer con las manos

Estamos en la comida de Navidad y nos percatamos de que nuestro hijo de cuatro años está comiendo con las manos. Pero esa etapa ya ha pasado, y así se lo tenemos que transmitir.
Qué hacer 

La primera frase que se nos viene a la cabeza es: "ya eres mayor para comer con las manos". El motivo y argumento en esta ocasión no son tanto los demás como él mismo, debemos animarle a no rendirse a la primera dificultad. 
Pero no tenemos que censurarlo por sistema, ya que cuando se encuentra con dificultades que no puede resolver, recurre a las soluciones que tomaba cuando era más pequeño. 
Si el motivo por el que vuelve a las manos es la impaciencia o dificultad para tolerar frustraciones (se le cae la comida con el tenedor), debemos animarle a seguir usando los cubiertos. 

Quitarse la ropa

La madre de Marta, de tres años, ve a su hija corriendo por la casa de su amiga en calzoncillos. Cuando la regaña, ésta asegura enfadada que tiene "caló". Y sí hace calor, pero su comportamiento no es correcto.
Qué hacer

Quizá en casa vaya en paños menores, o incluso desnuda. Pero ya es capaz de entender, si se lo explicamos con paciencia, que el mismo comportamiento no tiene por qué estar permitido en todos los sitios.
Parte de nuestra labor en esta época es enseñarle a diferenicar, con nuestro ejemplo y comentarios, lo apropiado e inapropiado de ciertas conductas, en función del lugar donde se encuentre.

Predicar con el ejemplo

  • El ejemplo es nuestra arma más valiosa. Los niños entienden lo que decimos, pero, sobre todo, aprenden de lo que hacemos. Si somos educacos ellos también lo serán.
  • Coherencia. No podemos regañarle por chupar el plato y reírnos cuando lo hace su primo. Es contraproducente y se sentirá desconcertado.
  • Repetición. Responder siempre de la misma manera, con la misma estructura si es posible; le ayudará a reconocer e interiorizar nuestras normas.
  • Paciencia. El aprendizaje de las normas es progresivo. Debemos plantearnos objetivos pequeños, y solo cuando ya domine una cosa, pasar a la siguiente.
Asesora: Pilar Cobos, psicóloga clínica e infantil, profesora en la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga.
tracking