El primer contacto del bebé con el mundo exterior no solo es emocionante, también es decisivo para su salud futura. En esas primeras horas y días, se empieza a construir algo que no vemos pero que será clave durante toda la vida: su microbiota intestinal. Por ello, entre otras cuestiones, no solo para la salud de la madre, también para el bebé, no es lo mismo nacer mediante un parto natural que por cesárea.
No lo decimos nosotros que es diferente el parto natural y la cesárea para el recién nacido. Lo dice la ciencia con ejemplos concretos. Uno de los últimos estudios publicados al respecto, por ejemplo, señala que el tipo de parto y la microbiota del bebé infuyen en su salud respiratoria. Y otro anterior advierte que asocia el nacimiento por cesárea con retrasos en el neurodesarrollo.
En este contexto, un nuevo estudio del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos del CSIC (IATA-CSIC), junto al Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha revelado un hallazgo que refuerza el papel fundamental de la lactancia materna: dar el pecho de forma exclusiva durante el primer mes puede normalizar la microbiota intestinal del bebé nacido por cesárea y protegerle frente a bacterias resistentes a medicamentos.
Porque cuando hablamos de la lactancia materna, hablamos de mucho más que nutrición: hablamos de inmunidad, de prevención y ahora también de frenar la resistencia a los antibióticos desde la primera etapa de la vida.

El mapa invisible del intestino del bebé: qué ha investigado el CSIC
Para llegar a esta conclusión, el equipo científico —liderado por la investigadora Mª Carmen Collado— ha seguido a 66 parejas madre-bebé desde el nacimiento hasta su primer cumpleaños, recogiendo más de 260 muestras de microbiota intestinal. El estudio analizó qué bacterias predominan en el intestino de estos bebés y qué genes relacionados con la resistencia a antibióticos portan esas bacterias.
“Este trabajo combina por primera vez datos clínicos, antropométricos y metagenómicos en una cohorte bien caracterizada para estudiar cómo se configura el resistoma infantil (el conjunto de genes que codifican las proteínas relacionadas con la resistencia a los antibióticos) en condiciones reales de vida”, explica Narciso M. Quijada, investigador del Instituto de Biología Funcional y Genómica y uno de los autores principales.
Entre los factores analizados: el modo de nacimiento (vaginal o cesárea), la alimentación (lactancia materna exclusiva, mixta o fórmula) y la exposición a antibióticos. Lo más llamativo es que los bebés nacidos por cesárea presentan una mayor carga de genes de resistencia en sus primeros días, pero esa diferencia se corrige rápidamente si reciben lactancia materna exclusiva.

Bifidobacterias: las heroínas diminutas de la salud intestinal
El estudio refuerza el papel protector de las bifidobacterias, que abundan en el intestino de los bebés alimentados con leche materna y que están asociadas con un resistoma menos problemático.
“Una alta presencia de bifidobacterias en el intestino infantil se asocia con un resistoma menos diverso y con menor carga de genes de resistencia”, explica Mª Carmen Collado, investigadora del IATA-CSIC que lidera la investigación. “En cambio, una menor abundancia de estas bacterias se asocia con un microbioma más diverso, con presencia de microorganismos potencialmente patógenos y con mayor carga de genes de resistencia”, advierte.
Esto significa que las bifidobacterias no solo promueven una microbiota más sana, sino que ayudan a desplazar a las bacterias portadoras de genes de resistencia a antibióticos, reduciendo así el riesgo de que infecciones comunes sean más difíciles de tratar en el futuro.

La lactancia materna como inversión a largo plazo para la salud del bebé
Los resultados van más allá del presente inmediato. “Nuestros resultados muestran que la lactancia exclusiva no sólo beneficia al bebé en el presente, sino que también tiene implicaciones duraderas en su salud intestinal a largo plazo”, subraya Anna Samarra, primera autora del estudio.
Además, la investigación confirma que este efecto no es limitado: incluso bebés nacidos por cesárea —que suelen presentar un microbioma diferente y más proclive a albergar bacterias resistentes— pueden “normalizar” su microbiota gracias a la lactancia materna exclusiva.

Para los padres y madres, la aplicación práctica es clara: si bien el modo de parto puede ser inevitable en muchos casos, la lactancia materna exclusiva durante el primer mes representa una oportunidad real para proteger la salud intestinal de sus hijos y contribuir a frenar la expansión de la resistencia bacteriana, un reto global.
“Estos hallazgos aportan evidencia científica sobre la importancia de la lactancia materna en la salud del bebé lactante a corto y largo plazo”, recuerda Cecilia Martínez Costa, pediatra en el Hospital Clínico Universitario de Valencia y coautora del trabajo. “Además, estas estrategias también contribuirán a reducir la resistencia a los antibióticos, uno de los grandes desafíos de salud pública a los que se enfrenta nuestra sociedad”, concluye.
Referencias
- Samarra, A. et al. Breastfeeding and early Bifidobacterium-driven microbial colonization shape the infant gut resistome. Nature Communications. DOI: doi.org/10.1038/s41467-025-61154-w