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Spa para embarazadas, ¿qué tratamientos están aconsejados y cuáles no?

En general, se deben evitar los espacios con mucho calor como las saunas y los tratamientos que puedan someter a la tripa a presión directa excesiva, ya sea por la postura que requiere, por el contacto manual o por la fuerza del agua.

Si eres una persona a la que le gusta acudir de vez en cuando a un spa para someterse a tratamientos relajantes y sesiones recuperadoras, durante el embarazo debes tomar muchas precauciones si quieres mantener dicho hábito antes de dar a luz.
Para saber qué servicios puedes contratar y cuáles no de los habituales que se ofrecen en un spa, es casi mejor hacer la lista por descarte, ya que hay muchas restricciones para las mujeres embarazadas.
De hecho, durante el primer trimestre de la gestación no se debe acudir a uno de estos complejos para evitar riesgos innecesarios durante un período crítico del proceso. A partir del cuarto mes, con el feto ya bien implantado y en pleno desarrollo, sí que se pueden realizar algunos tratamientos, pero es imprescindible estudiar bien qué medidas se deben de precaución se deben tomar para proteger tanto la salud de la mamá como del bebé.

Tratamientos a evitar

Por ejemplo, se deben evitar aquellos tratamientos en los que la barriga esté sometido a algún tipo de presión directa, ya sea manual o por parte del agua, a través de los famosos chorros que tienen algunas piscinas de los spas. Por este mismo motivo, no son tampoco lo más indicados los hidromasajes, porque para generar las burbujas típicas de estos aparatos, el agua sale también con relativa fuerza a través de chorros directos de corriente.
Además, aunque los baños termales están permitidos, no son recomendables los tratamientos en aguas especialmente calientes, sobre todo en verano, y en todo caso no se deben superar los 10 minutos dentro del agua porque existe riesgo de vasodilatación, lo que puede derivar en bajadas de tensión y problemas circulatorios.
Y lo que queda terminantemente prohibido durante el embarazo precisamente para evitar las bajadas de tensión repentinas en la mujer gestante son los baños turcos y las saunas, ya que la combinación de humedad muy elevada y calor excesivo puede tener un efecto negativo en su organismo.
Tampoco son recomendables los tratamientos de reflexología podal, ya que se basan en la estimulación de puntos reflejos situados en la planta del pie que podrían estimular los órganos abdominales, y esto a su vez provocar contracciones uterina. Y en el caso de contratar tratamientos cosméticos, lo ideal es que estos se lleven a cabo exclusivamente con productos naturales.
Como ves, la lista de limitaciones es extensa. Conviene ser prudente por mucho que te guste una actividad como esta porque la salud está en juego y tan solo son restricciones temporales. Muy pronto podrás disfrutar de nuevo en plenitud del spa.
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