Ser Padres

No sufras cuando tu hijo se enfada: es bueno que lo haga

Enfadarse es una emoción que los niños también deben experimentar: forma parte de su aprendizaje de vida y les enseña mucho más de lo que pensamos.

Los niños se enfadan, eso es obvio, al igual que también lo hacemos los adultos. Que los niños se enfaden es normal y tiene beneficios. Eso sí, no estamos diciendo que los niños deban enfadarse por todo, ni tener reacciones airadas ante cualquier situación o que no sean capaces de controlar la rabia. Hablamos de los enfados como respuesta a la realidad: no todo es como uno quiere o le gustaría y ahí aparece la frustración y el aprendizaje de tratar de tolerarla.

¿Qué aprenden los niños cuando se enfadan?

Debemos entender que, desde que nacen, los niños aprenden a tener un papel primordial, a ser los protagonistas y ocupar el lugar más importante en nuestras vidas, en casa, en la familia y, tal y como explicaba la psicóloga Violeta Alcocer en nuestro artículo “Los niños se enfadan”: “con este equipaje de autoestima y liderazgo, aterrizan en el colegio, en el parque o en casa de los primos, con la clara intención de no ceder ni un ápice de ese lugar que creen que por derecho les pertenece: el primer puesto para todo”. Cuando salen al mundo y empiezan a relacionarse con los demás se dan cuenta de que eso no siempre es posible: a veces toca perder, esperar, ceder, compartir, etc. y esto no siempre es fácil de gestionar, pero, sin duda, es parte muy importante del aprendizaje de la vida.
Los niños aprenden muchas cosas cuando se enfadan, por eso decimos que es necesario y beneficioso que lo hagan. Algunas de las más importantes son las siguientes:
- A poner límites: cuando el niño se enfada porque, por ejemplo, otro niño le ha pegado, o le ha insultado o porque le ha quitado algo con lo que él estaba jugando, está aprendiendo a poner límites. A identificar aquellas situaciones que no le parecen justas.
- Aprenden a relacionarse: puede que al principio no les guste tener que compartir algo, o darse cuenta de que jugando unas veces les toca ganar y otras perder, pero están aprendiendo a que relacionarse con otros niños y jugar también supone eso y es parte del juego.
- Aprenden a identificar las emociones en los otros: para los niños pequeños es muy difícil entender qué sienten y por qué en algunos momentos. Cuando el niño se enfada y empieza a identificarlo, también es capaz de reconocer ese enfado en otros. Aprenden inteligencia emocional.
- Comienzan a lidiar con la frustración: la frustración es un sentimiento o emoción al que cuesta mucho hacer frente, incluso para los adultos es muy difícil, por eso, que los niños empiecen a familiarizarse con esa sensación no es malo, es un proceso adaptativo y un aprendizaje importante.
- Aprenden a defender lo que piensan y a luchar por lo que quieren: cuando el niño se da cuenta de que no puede tenerlo todo o de que las cosas no son siempre como quiere es normal que se produzca el enfado, pero aprende también a defender aquello que piensa, que considera justo o que desea explicar.
- Les enseña a comunicarse: cuando el niño se enfada y los adultos tratamos de hacer que nos explique qué le sucede o por qué se siente mal, el niño hace un importante ejercicio de comunicación, de tratar de expresar y de hablar de sus sentimientos. Es importante agacharnos y ponernos a la altura de los niños para hablar con ellos, para que se sientan escuchados y que se tiene en cuenta su opinión.
Una vez que sabemos que enfadarse también es beneficioso y enseña muchas cosas a los niños, hay que tener en cuenta algunas consideraciones básicas:
- Los niños no tienen una gestión emocional como la de los adultos (algunos adultos incluso tienen muchos problemas en este sentido) por lo que no debemos esperar de ellos respuestas racionales, meditadas y equilibradas: los niños son impulsivos y es lógico, ya que tienen una inmadurez que lo justifica.
- Habrá situaciones de estrés, de rabietas y de estar más irascibles en las que será difícil lidiar con ese enfado. Hay que tratar de tener paciencia, empatía y tener recursos: la técnica del semáforo para controlar la ira es de gran ayuda, también la técnica del globo y los consejos para lidiar con las rabietas siempre son útiles.
- Que el hecho de enfadarse sea normal y parte de su aprendizaje, no implica que como padres no haya que poner límites a los niños.
-Es importante tener en cuenta que debemos validar las emociones de los niños, aunque no aceptemos la reacción. Ridiculizar o minimizar el motivo de su enfado no es buena idea, al igual que no lo son estas frases que no se deben decir a un niño cuando está enfadado.

Soy periodista y mi pasión es comunicar, conectar con la gente y convertir en palabras las ideas. Soy amante de la lectura, la poesía, me encanta viajar, descubrir y aprender. Intentaré compartir con vosotros todo lo que me resulte interesante y emocionante.

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