Técnica Montessori

Cómo hacer el frasco de la calma Montessori para trabajar las emociones

Si tienes un niño al que le cuesta controlar sus emociones, una técnica muy efectiva dentro de la pedagogía Montessori es utilizar un frasco de la calma para que aprenda a trabajarlas. Te contamos en qué se basa, cómo puedes usarlo y cómo fabricarlo de manera muy sencilla.

frasco calma
Fuente: Fireflies and Mud Pies

El frasco de la calma es una técnica Montessori y una de las más conocidas de esta pedagogía. Tiene varias ventajas, ya que, además de ser muy fácil de desarrollar, también ofrece resultados a muy corto plazo

Aunque básicamente se trate de un frasco lleno de purpurina y agua, es muy eficaz porque, en poco tiempo, ayuda a los más pequeños a controlar la ansiedad y la hiperactividad, a reducir sus estados de enfado y a potenciar la concentración y la atención selectiva

Mientras el niño mueve el tarro, libera las posibles tensiones que tenga acumuladas. Cuando empiecen a reducirse, dejará de moverlo y comenzará a observar cómo se mueve lentamente la purpurina, lo que ayudará a ir eliminando su ansiedad

Lo bueno de esta técnica es que puede utilizarse en cualquier momento, por lo que el niño puede llevarlo consigo, o también dejarlo en algún lugar de su habitación para recurrir a él siempre que lo necesite. 

Si quieres que tus hijos aprendan a trabajar sus emociones, esta puede ser una buena forma de hacerlo. De hecho, elaborarlo servirá para tener un tiempo de calidad con ellos y si además le ponen su toque personal... ¡Les encantará utilizarlo!

¿Cómo se puede usar?

Un frasco de la calma es principalmente un estímulo visual. Gracias a él, el niño puede poner su atención por unos instantes en los movimientos que produce la purpurina dentro del tarro cuando lo agita. 

Una manera de utilizarlo es llevarlo a la cama y acompañar al peque. En ese momento, mientras lo mueve y lo observa, le podemos hacer preguntas sobre cómo le ha ido el día, sobre lo que le preocupa, sobre sus gustos... Es decir, será como una especie de juego que favorecerá su desahogo emocional

 

¿Cómo hacer un frasco de la calma?

Para fabricarlo, necesitarás: un bote de cristal o botella de plástico, agua, purpurina, pegamento al agua, colorante alimentario, una cuchara sopera y una de postre. Una vez los tengas, solo tienes que seguir estos 5 fáciles pasos

  1. Lo primero que necesitas es hacerte con un bote de cristal o una botella de plástico (mejor esta opción si el niño es muy pequeño y no queremos que se haga daño en el caso de que se rompa). Una vez lo tengas, rellénalo con agua templada del grifo hasta ocupar 1/3 de su capacidad.
  2. A continuación, agrega dos cucharadas soperas de pegamento al agua. Cuanto más añadas, mayor será el tiempo que tardará en bajar la purpurina al fondo y tendrá un efecto más relajante.
  3. Ahora le toca al peque elegir... ¿Cuál es la purpurina qué más le gusta? Cuando la haya escogido, deberéis incorporar al bote unas 3 o 4 cucharaditas de la misma. Con ayuda de algún utensilio dadle vueltas a la mezcla.
  4. Después, añade dos o tres gotas de colorante para que el agua tenga color. ¡Deja que el niño lo elija también! Ofrécele opciones de colores tenues para que el efecto calmante sea más grande.
  5. Por último, rellena el bote con un poco más de agua o purpurina en el caso de que sea necesario. Para acabar, coloca la tapa y ciérrala muy bien para evitar que se salga el líquido al darle vueltas. Y... ¡Listo! Ya está preparado el frasco de la calma totalmente personalizado

 

foto claudia

Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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