¡A GATEAR!

¿Qué necesita el bebé para empezar a gatear?

En las condiciones adecuadas, la mayoría de los niños pueden gatear. Normalmente, basta con cubrir el mínimo: libertad de movimiento y, sobre todo, suelo, suelo y más suelo.

Cuidados del bebé: descubre cuánto sabes

“Es un vago”, dicen con cariño los padres de Mario, de diez meses; “no quiere gatear”, conjeturan los de Alba, de once. Son los comentarios más habituales entre los padres cuyos hijos han alcanzado la edad del gateo y no gatean. Aunque bienintencionadas, estas explicaciones están lejos de la verdadera causa: ni es vago, ni odia gatear.

Existe la creencia generalizada de que el gateo puede darse o no, y de que las condiciones necesarias para que se dé son una especie de misterio que no depende de nosotros. Es un error. Las condiciones sí dependen de nosotros. Los estudios demuestran que la mayoría de los niños pueden gatear en las condiciones adecuadas.

¿Qué necesita el bebé para hacerlo? Desde luego, no estar recostado en una hamaca, sino lo que todos los seres vivos necesitan para moverse: un medio donde hacerlo y un motivo. El motivo es intrínseco, es decir, un bebé sano desea moverse.

El medio, de momento, hemos de facilitarlo nosotros. ¿Qué favorece y qué entorpece el desarrollo de nuestro bebé? Y otra duda... ¿tendrá mi bebé secuelas si no gatea? Sí, ese lugar lleno de gérmenes a nuestros pies es imprescindible para que su desarrollo psicomotor siga la evolución natural. Muchos expertos hablan de “la etapa del suelo”. “Pero con todos los adelantos que hay”, nos decimos con reparo... Justamente: sobran adelantos y falta suelo. Muchos de esos adelantos, mal utilizados, entorpecen el desarrollo psicomotor del bebé.

 

Recomendaciones

Hasta los tres meses

Cuando no esté en nuestros brazos, el bebé debe pasar la mayor parte del tiempo tumbado boca arriba, en una superficie dura. Los primeros meses vale la cuna.

Hasta que gatea

Aquí empiezan los problemas. A partir de los tres meses empezará a necesitar más espacio para moverse y darse la vuelta; quizá durante un corto periodo de tiempo, uno o dos meses, sirva un parquecito. Después necesitará más espacio, ya que empieza a voltearse con agilidad de un lado a otro. También empezará a girar sobre su ombligo, y más tarde, si tiene sitio, a arrastrarse para alcanzar objetos (o hará la croqueta para alcanzar sus objetivos). Algunos niños no se arrastran y gatean directamente, o al revés: algunos prácticamente no gatean porque se arrastran y llegan a todas partes así. Es igual de válido siempre que utilice los dos hemisferios, es decir, que coordine derecha e izquierda. No vale cualquier suelo: no sirve uno frío por motivos obvios, pero tampoco una mantita que se arruga conforme él se mueve. Lo mejor son los suelos cálidos, como el parqué o la tarima flotante.

También podemos recubrir su habitación con una alfombra pesada y amplia o con piezas de puzzle de goma dura. Uno de los errores más comunes es incentivar al bebé para que gatee cuando pensamos que ha llegado el momento. Para entonces se ha perdido miles de oportunidades de entrenar los músculos necesarios. No gatea porque haya cumplido “x” meses, sino porque lleva meses entrenándose secretamente para ello, tumbado sobre su espalda y sobre su vientre, dando vueltas y haciendo croquetas.

Asesora: Teresa Godall, doctora en Pedagogía y profesora de Desarrollo Psicomotor en la Universidad de Barcelona. Trinidad Cosano, logopeda y psicóloga.

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