Ser Padres

¿Debo contarle mis problemas a mi hijo?

Como ocurre con otras muchas “preguntas del millón” sobre la maternidad y la crianza, no hay una respuesta única a esta cuestión en la que tienen muchísima influencia las circunstancias exclusivas de cada caso.

“Menuda preguntita”, diría algún veterano o veterana del lugar ante la cuestión que nos autoplanteamos en esta pieza. Lo hacemos porque a buen seguro sois muchos los padres y madres que os la estáis haciendo en vuestra cabeza y ya te avisamos de que la respuesta no es definitiva.
No lo es porque el equilibrio es, en todo en la vida, muy difícil de alcanzar. Es más, el equilibrio no es un concepto con el que sea sencillo generalizar porque cada ser humano y cada unidad familiar tiene unas circunstancias concretas que son decisivas a la hora de afrontar cuestiones tan delicadas como esta.
La edad, la estabilidad emocional, el grado de madurez, qué tipo de problemas sean los que deseas compartir, cómo es el vínculo con tu hijo, si está pasando por un momento anímico delicado… La lista de variables que influyen en la respuesta a la pregunta de si debes contarle tus problemas a tus hijos es muy amplia.
Por ello, lo que podemos decir al respecto sin miedo a equivocarnos es que tengas muy en cuenta las circunstancias que afectan exclusivamente a tu caso para valorar hasta qué punto compartir con tu hijo tus problemas porque no hay dos iguales.

Honestidad siempre

La comunicación fluida siempre es una herramienta que ofrece muchos más beneficios que defectos, por lo que salvo excepciones es bueno ser honestos con ellos y demostrarles que vosotros tenéis la máxima confianza que se puede tener en un ser humano, la que nos aporta la seguridad suficiente necesaria (no es poca, ni mucho menos) para contar problemas personales. Pocos ejemplos mejores para que ellos hagan lo propio a medida que crecen, cuando los que tengan los problemas personales sean ellos, algo que experimentarán tarde o temprano. De no hacerlo, ¿cómo podréis exigirles cuando llegue el momento que confíen en vosotros para abrirse emocionalmente?
Del mismo, y es aquí donde entra en juego el factor clave, el equilibrio, para muchos expertos tampoco es bueno sobrecargar emocionalmente a los menores de edad, de ahí que la cuestión sobre la que reflexionar no radica tanto en si contarles tus problemas o no, lo cual no tiene por qué ser negativo si tienen edad y madurez para escucharte y asimilar lo que les vas a decir, como en el hecho de decidir cómo contárselo y hasta dónde llegar.
Y esta decisión es la más difícil de tomar porque es muy probable que su grado de madurez sea más que suficiente para entender perfectamente vuestro problema pero al mismo tiempo una voz interna os diga de no hacerlo para protegerles y no transmitirles preocupaciones. Es inevitable que así sea y es una cuestión tan personal que solo vosotros mismos podéis llegar a tomar una decisión final, decisión que casi nunca tomaréis 100% convencidos. Esto es ley de vida desde el mismo momento en el que os convertís en padres porque tendréis que empezar a tomar decisiones en tercera persona, en nombre de vuestros hijos, y aunque no lo parezca esto tiene una dificultad enorme.

Consejos para contarle tus problemas

En caso de que decidas compartir tus problemas con tus hijos, los especialistas recomiendan unas pautas generales para que la conversación prospere.
La primera es tener en cuenta la edad del niño y su madurez para ajustar el lenguaje utilizado a él y que no tenga que ser el menor el que intente descifrar algo que no es capaz de entender por la complejidad del lenguaje utilizado para explicárselo. Las frases cortas, por ejemplo, son un gran aliado.
Además, es importante tener en cuenta la dificultad que supone para los menores entender según qué problemas, como por ejemplo los de índole económica. En estos casos, conviene simplificar el problema e incluso exponerlo de forma superficial, de forma que poco a poco lo vaya entendiendo y asimilando.
Por último, en el caso de los niños pequeños, la exposición debe cerrarse con un mensaje de esperanza, una puerta entreabierta que deje un poso de positividad en el mensaje y, por supuesto, mantener la calma, el respeto y el cariño a la hora de conversar con ellos sea cuál sea el problema personal que sufras.

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

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