Timidez

¿Tu hijo adolescente es tímido? Esto es lo que debes y no debes hacer

La timidez en la adolescencia puede ser frecuente, pero es importante ayudar a los chicos y chicas mediante refuerzo positivo, autoestima y confianza.

adolescente tímido
Foto Istock

Si fuiste un adolescente tímido posiblemente ahora, de adulto, estés de acuerdo con que la timidez no aporta ningún beneficio al que la sufre. Pero la timidez no siempre es una característica permanente como tener los ojos claros o la piel oscura. Como la mayoría de las emociones y estados de ánimo, es más bien un estado que a veces se presenta en la vida de repente y nos acompaña (solo) durante unos años. Y aunque es cierto que en muchas ocasiones se confunde timidez con introversión o se considera que es una característica que va unida a esta última, no es siempre así, ya que también muchos de los considerados extrovertidos pueden sufrirla en algún momento. De hecho, una misma persona puede mostrar extraversión, introversión y timidez en distintas etapas de su vida.

Así, puede ser que, aunque de pequeños hayan sido niños alegres y juguetones, veamos este rasgo en nuestros hijos a partir de los once o doce años, acompañando al torbellino de hormonas y sensaciones encontradas de la adolescencia. Es entonces, cuando florecen unas relaciones sociales más complejas, cuando puede manifestarse un periodo de timidez, ya que precisamente el adolescente tímido suele compararse, de una manera poco realista, con otras personas de su entorno que suelen ser socialmente muy bien aceptadas o populares. En estos casos la imagen que crean de ellos mismos es mucho peor que la que tienen de los demás, se infravaloran y sufren por ello.

Desde fuera, los demás pueden pensar (erróneamente) que esa persona tímida es antipática, maleducada, pasota o ‘rara’, aunque la realidad es que se sienten vulnerables e inseguros en distintas situaciones sociales porque temen reacciones negativas como crítica, humillación, burla o rechazo de su propio entorno que generan mucha angustia en su interior.

¿Cómo tratarles? Qué hacer y qué no ante un adolescente tímido

A veces no es tan fácil de reconocer porque esa inseguridad que sienten no se manifiesta tanto dentro del seguro entorno familiar, pero eso no significa que no la sufran. ¿Podemos ayudarles de algún modo? Lo primero es identificar el problema. Si puedes detectar varios de estos signos en tu adolescente, muy probablemente esté atravesando un periodo de timidez:

● Le cuesta saludar a los adultos y cuando lo hace puede ruborizarse, intenta no fijar la mirada en los ojos de la persona que lo está saludando y el volumen de voz que utiliza al decir “hola” es muy bajo.

● En situaciones sociales con sus iguales se muestra esquivo, poco participativo y desconecta en las conversaciones.

● Evita reuniones multitudinarias, prefiere quedarse en casa o hacer un plan totalmente distinto.

● Si no puede evitar una reunión y tiene que asistir la abandonará pronto para volver a su zona de confort; nunca será de los últimos en irse.

● Ya no tiene relación con algunos amigos que ha tenido en los últimos años. Si le preguntas por esos amigos es muy posible que te cuente que tienen una vida social amplia y muchos amigos.

Los padres que son o han sido tímidos pueden detectar estos signos en sus hijos desde muy pronto, pero no caigamos en el error de ‘etiquetarlos’ ni en público ni en privado, porque eso solo les condicionará y les hará sentirse inquietos en su vida social. Tampoco es necesario recordárselo continuamente (si es tímido o tímida, ten por seguro que ya lo sabe) o darle ‘consejos’ para superarlo (‘anda, ve a hablar con esos niños’, o ‘cuéntale a estos amigos cómo te ha ido el curso’ o ‘habla más alto, que no muerden’), porque eso no solo no le ayudará, sino que le hará retraerse aún más.

Por el contrario, debemos tratar de acompañarle en su proceso para que tome conciencia y sea él o ella quien quiera buscar soluciones. Empieza por preguntarle por alguien de su entorno a quien admire y pídele que te explique cómo se comporta esa persona, cómo se expresa verbalmente, cuál es su comunicación no verbal (mirada, expresión, gestos, postura, tono y volumen de voz…), qué cree que favorece que esté integrado en el entorno social. Dile que lo imite para que lo ponga en práctica y pueda utilizarlo contra su timidez. En la intimidad del hogar podéis también practicar situaciones juntos intercambiando roles o planteando distintos entornos, y practicar herramientas para que se sienta más seguro: saludar mirando a los ojos, llevar una postura erguida, utilizar un volumen de voz adecuado, hacer un par de preguntas nada más saludar a los demás tales como ¿qué tal? ¿todo bien? Enséñale que un ‘truco’ para desviar la atención puede ser, cuando le hacen una pregunta, devolverla al interlocutor o a otra persona del grupo así estará dirigiendo las miradas y la atención hacia otro lugar: “pues no sé la verdad”, “y, ¿tú qué opinas?”.

En los primeros momentos en que os encontréis charlando con más personas puedes ayudarle, pero nunca en exceso para no señalarle, ni ‘hablar por él’. Si puedes, facilítale la conversación y dirígela a un lugar donde se sienta cómodo aportando información o su opinión. Poco a poco aprenderá con la práctica a manejarse mejor en situaciones sociales y esta etapa de timidez irá pasando o atenuándose.

Y si notas que aun así continúa el sufrimiento, no dudes en acudir con él a un profesional -psicólogo o coach- que pueda plantear una ruta de ejercicios para que pueda aprender pensamientos y creencias que le permitirán sentirse integrado y cómodo en su entorno social.

No hay recetas mágicas, pero enseñar a nuestros hijos desde la infancia a que tengan un buen autoconocimiento y una autoestima inquebrantable les ayudará a mantener a raya la timidez -o al menos sus consecuencias más graves- durante la adolescencia. Recordemos con ellos cuando teníamos esa edad y caminemos juntos en su proceso de maduración.

Artículo elaborado por Patricia de Diego, Coach y Parenting Educator y autora de la colección de libros Mi viaje hacia la adolescencia. Web Mentes fuertes

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